En la tarde de hoy, 6 de junio de 2016, ha fallecido el maestro del humorismo literario cubano, el insuperable cronista durante más de veinte años de la realidad compleja de Cuba, inspirador de varias generaciones de escritores, Héctor Zumbado. Con profunda consternación recibimos la noticia.Nacido en 1932, pasó gran parte de su vida dedicado a la publicidad y al periodismo, laborando en disímiles tareas en las cuales desarrolló su increíble talento para la sátira, la crónica, la literatura humorística. Sus compañeros de trabajo, sus amigos de correrías, sus colegas lo recuerdan como el ser maravilloso y solidario que siempre fue. Luego de transitar por agencias donde era el encargado de redactar textos publicitarios, pasa al periodismo. Colaboró en Prensa Latina, en la revista Cuba, en Cubaexport, y creó secciones de crítica en Juventud Rebelde, como las memorables columnas “Limonada” y “Riflexiones”, cuya popularidad no ha sido nunca superada.
 
Adios al maestro Zumbado
 
En la década prodigiosa para el Humor, los ochentas, tuvo a su cargo la creación y dirección de la sección “La Bobería”, en la revista Bohemia, con el emblema del personaje El Bobo, de Abela. Gracias a la generosidad de Zumbado, en dicha publicación se dieron a conocer nombres hasta entonces poco conocidos en el corpus literario cubano, y que hoy gozan de justo reconocimiento dentro del humorismo literario (Jorge Fernández Era, Eduardo del Llano, entre otros). Cerca de diez volúmenes recogen las crónicas salidas del ingenio insuperable de quien obtuviera en el año 2000 el Premio Nacional del Humor, otorgado por el Centro Promotor del Humor, entonces bajo la égida del gran amigo de Zumbado, Osvaldo Doimeadiós.
 
Cabe mencionar la lista (aun sabiendo que un frio listado no puede ofrecer la intensidad, la llamarada de lo que significa este originalísimo artista) de sus libros: “Amor a primer añejo” (1980); “Riflexiones” (1980); “Limonada” (1981); “!Esto le zumba!” (1981); “El american way” (1981); “Prosas en ajiaco” (1984); “Nuevas riflexiones” (1985); “Kitsch, kitsch, ¡bang bang!” (1988) y “Una de cal..” (1991).
 
Varios investigadores, amigos, admiradores de la obra zumbadiana han recopilado textos de y sobre Zumbado, entre los que sobresalen Ana Maria Muñoz Bachs, que publicó en el año 2012 la excelente antología “!Aquí está Zumbado!” y Antonio Berazaín, quien en ese mismo año dio a conocer “Un zoom a Zumbado”. Actualmente, jóvenes periodistas, filólogos, sociólogos estudian la obra de este extraordinario escritor, y sabemos que en el venidero evento teórico del Aquelarre será analizado el uso del lenguaje en la obra de Zumbado. Asimismo, en el año 2014 se llevó a cabo un ciclo de análisis del humor en Cuba, convocado por la Fundación Alejo Carpentier, bajo la dirección de Graziella Pogoloti, llamado precisamente “Los ochenta que zumbaron”. Todo ello da fe de la impronta que deja Héctor Zumbado entre nosotros.
 
Considerado un maestro imprescindible del humorismo literario, Zumbado queda para siempre como el iniciador de un nuevo período dentro del costumbrismo cubano. Sus textos, admirables, combinan con especial sutileza el lenguaje más refinado con lo más popular del habla coloquial. Heredero de una gran tradición (recordemos a Emilio Roig, a Jorge Mañach, a Eladio Secades, a Enrique Núñez Rodríguez), Zumbado marca una nueva etapa: la sátira dentro del proceso de cambios sociales que vivió Cuba a partir de 1959, con particular énfasis a partir de los años setenta. Los logros y los desaciertos, las hazañas y los errores, todo está a flor de piel en su obra. Fue osado, culto y encantador a la vez. Su legado, afianzado en varias generaciones de narradores que defendemos el humor como expresión artística de inteligencia, resulta inmensurable.
 
Adiós, maestro. Aquí está Usted, en el panteón de los inmortales.

Por: Laidi Fernández de Juan


Tomado de Segunda Cita