Ambrosio Fornet, descubridor y defensor del cuento cubanoDebo a la conjunción de un libro y esa etapa maravillosa que son los primeros años universitarios, el descubrimiento del cuento cubano. El libro es, por supuesto, En blanco y Negro, publicado en 1967 por Ambrosio Fornet. La etapa universitaria transcurrió, a principio de los noventa, en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. Entonces yo no tenía ni la más remota noción de lo que era el cuento en la Isla. Había leído algún que otro título significativo, pero de modo salteado, a como me fueran cayendo en la mano. Solo después de revisar En blanco y negro, pude tener frente a mí los autores más significativos, en  una visión de conjunto, incluso estableciendo concilio en lo relativo a su cuestión identitaria, acaso uno de los valores esenciales del libro. Guillermo Rodríguez Rivera hace énfasis en ese sentido:

“Ambrosio es un auténtico sociólogo de la narrativa, que es acaso la modalidad literaria que más orgánicamente se imbrica en la presentación de las peculiaridades definitorias de una sociedad cualquiera. Leyendo las páginas de En blanco y negro, uno siente el vínculo orgánico que hay entre lo que cuentan nuestros narradores y el proceso de cambio que lentamente van propiciando, organizando, ayudando a constituir y a la vez protagonizando los intelectuales cubanos.”1

Francisco López Sacha, otro sistemático estudioso del género, concluye, además, que Ambrosio “descubrió y defendió como nadie el cuento cubano moderno”2. Es obvio que fue En blanco y negro el texto inicial, y también esencial, con el que sentó cátedra en el tema. Fornet tuvo acierto al situar los orígenes del cuento moderno cubano en la década del 40 (siglo XX), cuando en la isla se incubaban a la vez el realismo mágico (Novás Calvo y Lydia Cabrera), la fabulación poética (Lezama Lima y Diego), lo real maravilloso (Carpentier), el absurdo literario (Piñera) y la estilización del mundo rural (Onelio J. Cardoso y Samuel Feijóo).

Conocí En blanco y negro por un compañero de cuarto, un amigo de la Universidad. Al conversar sobre libros, revistas, escritores, los asuntos que comenzaban a deslumbrarnos, a obsesionarnos, era frecuente que él apoyara alguno de sus criterios con una cita de Pocho. A cada rato me salía con que Pocho dijo esto o Pocho dijo aquello. Él tenía algunos amigos que ya habían publicado y yo pensaba que el tal Pocho era uno de ellos, pues parecía algo evidente, dada la familiaridad con que lo llamaba, Pocho. No me atrevía a preguntarle para no darle a entender mi desconocimiento sobre su amigo Pocho, que acaso fuera un escritor santiaguero importante. Pero un día ya no pude aguantar más y le dije: Ven acá, chico, ¿quién coño es el Pocho ese? Unos días después, mi colega de cuarto y de lecturas me prestó En Blanco y negro. Me lo leí de un tirón y luego lo volví a revisar con calma. Recuerdo que, entre tantos autores de los que oía hablar por primera vez, me llamó la atención Lino Novás Calvo. Después comencé a estudiar, con verdadero fervor, su obra. Le agradezco a Fornet que haya propiciado ese encuentro. Como también le agradezco que me haya facilitado otro hallazgo trascendente como lector: el del Guillermo Rosales, de Boarding home o La casa de los naúfragos.

Pues sucede que también supe de Guillermo Rosales y de esa novela a partir de las pesquisas del camarada Ambrosio, de los dossiers que sobre la literatura cubana de la diáspora comenzó a preparar desde 1993 en La Gaceta de Cuba, y en los que por primera vez se producía un acercamiento de tal magnitud. Esto lo recordó Norberto Codina, director de La Gaceta de Cuba, en su intervención en el coloquio Pasar revista, desarrollado en Matanzas como parte de las actividades por la Feria del Libro 2012. Recordó incluso que Ediciones Capiró preparó un volumen, Memorias recobradas, en el que recogía parte de estos textos dados a conocer en La Gaceta. Hago mención a este hecho, porque estimo que produjo un impacto contundente a favor del conocimiento de la cultura cubana toda, y en el caso específico de la narrativa, creo que pudiera considerarse la repercusión más o menos parecida a la que tuvo en su momento En blanco y negro.

La cercanía que Fornet ha sentido respecto a la narrativa, y específicamente el cuento, tal vez parta de cierta vena de narrador, de cuentista que lleva por dentro. Lo demuestra aquel libro de historias, A un paso del diluvio, dado a conocer en 1958. No son muchos los que conocen este texto. Y hasta hace un tiempo atrás parecía que iba a ser así para siempre, pues el autor confesó, públicamente, que prefería olvidarlo. Sin embargo, “por un pecado de senectud”, como él dice jocosamente, Ediciones Bayamo, en su tierra natal, publicó este año una colección de cuentos en las que supongo se incluyan estos de 1958 y otros, junto a un fragmento de una novela que comenzó.

Y hay otra huella, ya más práctica, de la veta de narrador de Fornet que puede encontrarse en la propia obra de algunos escritores cubano, pues debido a su agudo sentido crítico llegó a convertirse en una suerte de juez supremo para la obra de muchos narradores. Guillermo Rodríguez Rivera recuerda, por ejemplo, “lo que significó Fornet para las primeras novelas de Jesús Díaz (Las iniciales de la tierra y Las palabras perdidas), acaso las mejores que escribió”.

Tal vez no halla mejor modo para concluir estas palabras que acudir nuevamente a Sacha, quien afirmó que Fornet puede ser considerado el más importante pensador de la narrativa cubana, y esto desde los ángulos que le quiera mirar.
 
Bibliografía:

1- Guillermo Rodríguez Rivera: "Ambrosio Fornet y el homenaje de la Feria del Libro" en
http://www.cubarte.cult.cu/periodico/opinion/ambrosio-fornet-y-el-homenaje-de-la-feria-del-libro/21311.html

2— Cita tomada de la reseña “Ambrosio Fornet : La fuerza de su magisterio”, en
http://www.cubarte.cult.cu/periodico/print/noticia/161501.html

 


Por: Norge Céspedes