Teatro PapaloteComo si el hada de su adolescencia hubiese despertado 50 y tantos años después, los títeres de Papalote han abandonado sus cálidos huacales para tomar nueva vida a la vista del público. No es el mismo escenario, pero ¿qué son los títeres sino muñecos animados para jugar al teatro? Los “juguetes inteligentes” del titiritero se parecen a los otros en su imagen atractiva, hecha para seducir miradas, y en las diversas posibilidades que su uso brinda; pero, a diferencia de ellos, no se fabrican en serie ni son intermediarios del ocio, sino trabajadores serios, con identidad y psicología definidas desde su nacimiento y enriquecidas luego al contacto con la personalidad del artista. Tienen otro raro don: mientras una sola persona “juega” con ellos, todo el púbico participa y se divierte, porque los títeres no separan, ni excluyen, ni crean barreras de edad, sino que reúnen a los niños y sus adultos en torno a un disfrute y un aprendizaje común: la función.

Muchos muñecos duermen dulcemente en nuestros almacenes. Casi todos los más viejos desaparecieron a manos de personas que no aman los títeres ni el arte. Pero otros quedan para dar testimonio de las técnicas de animación y confección a lo largo de los 51 años de este teatro. Los más antiguos de los que aquí se exhiben fueron diseñados por Zenén Calero Medina en una época dorada de creación en Papalote. Los espectaculares marottes del diablo “congo, lucumí y castellano” de Los ibeyis y el diablo (1992) nos hablan de un intenso trabajo de investigación acerca de culturas afrocubanas, que se expresa en los materiales, accesorios y colores seleccionados. También se nos revela en los muñecos concebidos por el mismo creador para El Poeta y Platero (1993), ahora de frente a la cultura española que se respira en la literatura de Juan Ramón Jiménez, inspiradora de este, el más lírico de los clásicos de este grupo.
 
 
Aunque quizás ese título también pudiera reclamarlo Feo (1999), versión de El patico feo, donde René Fernández reasumió su nunca abandonada vocación de diseñador. Para esta obra concibió una visualidad sencilla, casi humilde, en consonancia con la propuesta de un texto que cuestiona la relatividad de la belleza y los crímenes que pueden cometerse en nombre de esta. La aparente simpleza de esta imagen –en contraste con la suntuosidad de las anteriores– engarzó tan bien con la emoción de la historia que siempre el público se puso de pie para aplaudirla mientras el patico cuellilargo salía a saludar con una graciosa reverencia.
 
Tras algunos años de particular entrega de Bárbaro Joel Ortiz (quien dejó obras como La cabeza intranquila y Danilo y Dorotea) de nuestro diseño escénico se ha ocupado en los últimos tiempos el binomio de René Fernández y Pedro Rubí, joven en quien quizás el maestro cree ver las inquietudes de sus propios comienzos. De esta colaboración se muestran aquí Los habladores actores cuentan una pequeña historia (2008) y Se durmió en los laureles (2010). Caso curioso: ambas constituyen versiones de antiguas piezas de nuestro repertorio, lo que las convierte en excepcionalidades dentro de la cronología de un grupo que no estila retomar textos en el ansia de asumir los desafíos de otros nuevos. Desafío que puede llevar nombres como Nubes azules (2011), donde la imagen corre a cargo del joven Rubí.
 
Como la de René en la dirección de arte, una experta presencia se adivina en cada elemento de esta exposición: el atrezo virtuoso de Jacqueline Ramírez, quien domina como pocos los más íntimos secretos de la anatomía titiritera y de la costura más fina. Ella no sólo crea, sino que mantiene vivo este patrimonio, retocando y rehaciendo cada daño del trabajo, los insectos y el tiempo.
 
En fin: no hay más hada que 51 años de entrega escénica. Su expresión resumida en estas Ánimas en retablo despierta los recuerdos y el raro poder de la sinestesia: el don de las asociaciones, así que al ver los ibeyis, pareciera escuchar a las gemelas Mayda y Migdalia Seguí cantando “son dos jimaguas a la belli ulé”; a Arneldy Cejas despertando la emoción como el espantapájaros que anuncia al patico: “¡Hoy es tu gran día! ¡Debes creer en ti!”; el timbre penetrante de Pedrito Rubí en Los habladores… y el cuerpo baila con la memoria de los temas cubanísimos de Denis Esteban interpretados por Herlys y Yaikiel en Se durmió en los laureles.


Y la historia de esta expo también se duerme, mirando a un Platero que acaricia Rubén Darío Salazar mientras le canta: “Mis ojos abiertos de tanto soñar, a ver si me duermo, llevadme a la mar”.
 
Se exhiben títeres, elementos escenográficos, útiles escénicos y carteles utilizados en las puestas en escenas de:
 
“Los Ibeyis y el Diablo” de Rene´ Fernández Santana. Diseños Zenén Calero Medina. Cartel de Juan A. Carbornell
“El Poeta y Platero” de René Fernández Santana. Diseños y Cartel de Zenén Calero Medina.
“Feo” de Rene Fernández Santana. Diseños René Fernández Santana. Cartel Johann E. Trujillo
“Los habladores actores cuentan una pequeña historia” de René Fernández Santana. Diseños Pedro Rubí. Cartel Johann E. Trujillo
“Se durmió en los laureles” de René Fernandez Santana. Diseños Pedro Rubí. . Cartel Johann E. Trujillo
“Nubes azules” de René Fernández Santana. Diseños Pedro Rubí. Cartel Johann E. Trujillo
 
Equipo creador:
Curadora y selección: René Fernández Santana
Notas al programa: Amarilys Ribot
Cartel de la Expo: Johann E. Trujillo
Montaje: Jacqueline Ramirez, Johann E. Trujillo, Pedro Rubí, Kalec Acosta y René Fernández.
Diseño Programa: Thayde Martínez Abeledo
Producción y Promoción: Kalec Acosta
Director General y Artístico Teatro Papalote: René Fernández Santana

Por: Amarilys Ribot