Atenas de CubaLa conciencia  de  reconocerse  históricamente en su
propio entorno físico y social crea el carácter  activo
de la identidad cultural por la acción de  conservación y la renovación que genera......      

Marta Arjona

I.       La memoria de las piedras.

Ha pasado el ciclón. Es septiembre del 2008 y la noche se aproxima. Las personas olvidan por un momento los daños causados y en esta ciudad de provincia han comenzado a desperezarse tras los días de viento, lluvia e incertidumbres. En las proximidades del centenario puente de Versalles, la calle se halla más concurrida que lo habitual: Muchos se han detenido cerca del maltrecho gigante para observar su "derribamiento": vecinos, automóviles y hasta los árboles centenarios acostumbrados a su entrañable presencia. Llevaba decenios siendo ignorado, pero se le respetaba en silencio, mientras envejecía erguido y con humildad. En los últimos lustros, el vetusto edificio había servido de cobijo a incontables familias, desde que perdiera las funciones para las que había sido predestinado. Ya es tarde, sin embargo, para inventarle un nuevo destino. Una gran grúa está por iniciar su labor. La caída es inminente.

Algunos aseguran que en su lugar se edificará un nuevo establecimiento comercial, otros mencionan una discoteca, un parque con figuras escultóricas y los más utópicos un centro multidisciplinario de arte que convoque a los muchos poetas, pintores, trovadores, rockeros, artesanos y genios aún sin descubrir que tiene esta ciudad. El "gigante" sufre, resignado,  cada una de las quebraduras de sus huesos, es decir, de sus muros que se resisten a caer. Por ciertos rostros asoma una lágrima y algunos comienzan a retirarse, pretendiendo evadir el triste espectáculo.

El inmueble era conocido como el Edificio de los Cien Mil, sobrenombre con el que fuera rebautizado, tras una presumible rifa, que con esa cifra se ganó en los portales del lugar. Arquitectos, urbanistas e historiadores coinciden al señalar que originalmente se trató, no de una, sino de dos edificaciones surgidas en momentos distintos de los siglos XIX y XX. Lo curioso es que  a pesar de constituir uno de los rostros de la ciudad, una vez que se accede desde La Habana por el puente Lacret Morlot o de La Concordia(1), a la parte más antigua de la urbe, del artificio decimonónico apenas se conocen datos históricos.  

Innumerables y bien dotados hoteles, la mayoría hoy desaparecidos, respaldaban el sobrenombre de "Atenas de Cuba" con el que comenzó a asociarse a Matanzas desde 1860. Bajo este mote se remarcaba no sólo la privilegiada categoría de emporio económico esclavista ganada por la región, sino y sobre todo el florecimiento cultural que, gracias  a ese empuje económico transformó la localidad en un lugar preeminente dentro de la sociedad civil e intelectual de la isla. Toda suerte de creadores, fundamentalmente poetas, pedagogos, músicos, grabadores, fotógrafos e ingieneros confluyen en la villa, cuya demografía se empina, a la par que sus construcciones domésticas  e institucionales. Algunas de estas desempeñaron un rol fundacional en relación con las potencialidades intelectuales de la población, de ahí el interés colectivo por preservar el patrimonio inmueble de la urbe que durante un período considerable del siglo XIX, llegó a ocupar el segundo lugar en importancia, después de La Habana,

 Por la labor arqueológica realizada en el edificio ha podido fijarse la fecha de 1866 -impresa en una placa allí descubierta- para el vecino más próximo del mencionado puente de La Concordia, nombre que en determinado período se hizo extensivo al inmueble. Según la investigadora Miriam Menéndez "El edificio [...], que también se conoció como edificio de los Cien Mil Pesos [es] una construcción atípica en el contexto urbano y como construcción doméstica también lo es. Su arquitectura, distribución espacial y su  escalera imperial hacen pensar en un hermoso hotel". (2)

Hoy, a un año de aquella primera acción demoledora y a sólo meses de su derrumbe total, la ciudad continúa en espera de la obra sustituta y mostrando en su lugar un solar sombrío que desvirtúa, ante lugareños y visitantes el rostro amable y atractivo de la ciudad que no por mera casualidad fuera aclamada, hace más de cien años, la Atenas cubana. No creemos que el proyecto por verificarse supere en solidez y magnificencia la estructura de un edificio, cuya fachada pudo ser salvada del deterioro, pero, al menos, dotará a ese importante espacio citadino de una nueva fisonomía, más acorde con su entorno

A estas alturas de la historia cualquier intento será agradecido por los muchos transeúntes que sueñan días mejores para la fisonomía yumurina, inexplicablemente marcada por un fatalismo geográfico que, en nuestra opinión, resulta un cómodo rótulo para todos los que somos responsables de su protección y ornato. Y no me refiero aquí a determinados individuos o mentalidades, pues el asunto es más antiguo de lo que pudiera creerse. Me refiero a toda la sociedad civil, responsable de custodiar ese preciado entorno natural y artificial al que debemos gratitud infinita. Encomiables son los ejemplos de otras poblaciones de la isla, de las que el viajero siempre retorna con el buen sabor de haber disfrutado de conjuntos urbanos,  signados por la armonía, la limpieza y la conservación celosa del patrimonio cultural inmueble. Matanzas no es, ni debe ser una excepción en este empeño por hacer de cada población un lugar que  podamos mostrar con orgullo al mundo y al que el individuo se inserte de forma coherente.

II.    Una luz en el camino.

Recientemente en esta localidad se han recuperado y restaurado significativos espacios históricos como la ermita de Monserrate. Levantada en 1875 por la comunidad catalana asentada en la urbe, el antiguo templo constituye, por su legado y tradiciones uno de los sitios identitarios más queridos y referidos por los matanceros. Mirador insuperable de dos de los paisajes naturales más emblemáticos de la localidad: el valle y la bahía, la ermita y sus alrededores constituyen un elocuente ejemplo de lo que puede hacerse con nuestros sitios y monumentos históricos. Elogio semejante merece el equipo que, durante años, laboró en la Botica Francesa de Ernesto Triolet (3),  a partir de cuya labor, estudiada y exquisita el museo -único de su género en el mundo- recibió el Premio Nacional de Restauración, 2008 y es  Monumento Nacional.

 A pesar de los logros queda mucho camino por andar. Si nos ubicamos imaginariamente en las dos plazas principales de la ciudad: La Vigía y La Libertad, notaremos que en la primera, la más antigua de ambas, los edificios se hallan bastante bien conservados, con la excepción del monumental teatro Sauto, uno de los más bellos ejemplares decimonónicos de América, cuya actual intervención restauradora es un inescrutable aliento a la esperanza.

Sin embargo, en la Plaza de Armas o de La Libertad la situación es diferente y el deterioro es palpable en espacios emblemáticos como: la Biblioteca Gener y del Monte, sede otrora, del Casino Español y que durante décadas ha convocado a miles de estudiantes y a un número menor de investigadores conocedores de sus incontables tesoros bibliográficos, el hotel Velasco y el cine de igual nombre, la Casa Provincial de Cultura José White y el hotel Louvre, por sólo mencionar los casos más importantes.

 Vale detenerse, a manera de muestra, en el hotel Louvre. Fundado en la segunda mitad del siglo XIX, este fue, durante largo tiempo un exponente de la mejor hotelería del país. Como hotel de ciudad se sitúa entre los más representativos de los muchos que ostentó Matanzas, conjuntamente con su predecesor el León de Oro, que no pocos viajeros del la época colonial catalogaron entre los más cómodos de la isla. Hasta hace pocos años el Louvre, de fachada neoclásica y atractivas lucetas conservaba gran parte de su mobiliario y objetos decorativos. Inventarios recientes, han puesto de manifiesto, no sólo el deterioro inminente de la construcción, sino además de sus bienes muebles. En la década de 1980 fue visitado por el arquitecto y urbanista argentino Rodolfo Livingston. Amigo de Cuba y conocedor de nuestras costumbres y contagiosa alegría, expresó entonces:

[...] el caso del Gran Hotel Louvre pertenece más bien a la literatura fantástica.

Fachada imponente, frente a la plaza principal. Enormes puertas, hall de techos sombríos cuyos límites apenas se adivinaban en lo alto. En mi cuarto todo era sencillamente inmenso. Cama de madera oscura con enorme cabecera, mesa de noche para gigantes, ropero con puertas chirriantes que al abrirse mostraba una profundidad indefinida y polvorienta [...] En lo alto, un ventilador de techo paralizado hace años servía de albergue  a una araña [...] que jamás había sido molestada. La luz era mortecina y no había lámpara para leer. [...]

Me acerqué a la puerta ventana que supuestamente debía dar a la plaza, pero fue imposible abrirla. Persiana, paños y subpaños estaban trabados para siempre y no permitían la salida de los antiguos vahos encerrados en la habitación. (4)

De recuperar sus funciones originales, tanto este como otros exponentes de de la hotelería citadina contribuirían a devolverle a Matanzas su notoriedad como ciudad. Ya no sería únicamente un emplazamiento urbano para el disfrute de sus habitantes, el turista interesado en su historia y tradiciones podría establecerse en él sin la necesidad de continuar, obligatoriamente,  rumbo a Varadero. Y es que debemos evitar a ultranza el rol de "puente" que se ha endilgado a Matanzas, fungiendo apenas como el paso entre la capital y "la playa más linda de Cuba". Pero, además del Louvre y de sus actuales funciones  gastronómicas, la urbe debe pronunciarse por la salvaguarda de otros importantes inmuebles de carácter patrimonial.

III. El caso del antiguo Liceo. Otros inmuebles patrimoniales

Si se realizara una encuesta a la población local podría llegarse  a la conclusión de que cerca del noventa porciento de los matanceros no se explican las razones por las que, tras un decenio, no ha podido concluirse la reconstrucción de la conocida Sala White. En ese mismo período se han concluido en otras localidades de la isla diversas construcciones y recientemente en Matanzas, han bastado unos meses para que el antiguo y también histórico Ten Cents, haya sido restaurado (ahora bajo la denominación de Variedades) a partir de un proyecto contemporáneo que ha merecido el consenso y el aplauso general. ¿Qué resortes emplear entonces para lograr semejante éxito en un edificio que es histórico por más de tres razones?

La actual obra se inauguró el 5 de abril de 1863, hace más de una centuria. En esa sede no sólo se celebraron los afamados Juegos Florales que tan en alto colocaron la ciencia y las artes regionales, sino que además compartieron su ingenio figuras nacionales y universales como la pianista venezolana Teresa Carreño, escritores cubanos de la estatura de Agustín Acosta, Medardo Vitier y Dulce María Loynaz (5) y los científicos Francisco Ximeno y Carlos de la Torre y Huerta, por solo citar algunas connotadas personalidades de los siglos XIX y XX. El Liceo fue uno de los espacios donde se promovieron las ideas independentistas. Al concluir la Guerra del 95, sus salones se prestaron orgullosos para home­najear al Ejercito Libertador (6) y para tributar, con una recepción memorable, a Máximo Gómez y Juan Gualberto Gómez, paradigmas de aquella gran gesta.

Quizás sean pocos los matanceros que conozcan que los salones del antiguo Liceo fueron recorridos por el paso firme y venerable de hombres de la dimensión de Máximo Gómez o de Juan Gualberto Gómez y que sus voces fueron escuchadas por centenares de yumurinos convencidos de que aquel encuentro singular, era un encuentro con la patria. Ello es, apenas, un hito dentro de los incontables de nuestro peregrinar por la historia. En la memoria de los actos realizados aquel 1899, el secretario de la institución refiere:

El día 20 de febrero efectuó [...] efectuó esta sociedad una fiesta de indiscutible grato recuerdo, la recepción al General Máximo Gómez, quien por primera vez visitaba el Liceo. No es posible imaginar recibimiento más cariñoso que el que tan merecidamente se le tributó a esa gran figura militar, al que ha consagrado sus mejores años, su bienestar, sus energías [...]  a la felicidad de la Patria, de su compañera y de sus hijos. No se recuerda entusiasmo más delirante que el que se apoderó de los allí reunidos, cuando [...] se trasmitió la noticia de su llegada. Mujeres, hombres, niños, todos, rompieron en un solo aplauso, interminable, queriendo cada cual, de ese modo expresarle su cariño [...] Juan Gualberto Gómez pronuncio un elocuentísimo  discurso.(7)

Entre los exponentes del patrimonio cultural inmueble de Matanzas no debe dejar de mencionarse la vieja Estación de Sabanilla, inaugurada en la Calzada de Tirry, en 1845 y cuyas sólidas columnas neoclásicas han ganado -hasta hoy- la batalla a la indiferencia y al tiempo. Cuba fue uno de los diez primeros países del orbe en contar con el adelanto que significó, en varias direcciones, el ferrocarril. En este contexto, los capitalistas habaneros y yumurinos con propiedades en la actual provincia promueven tempranamente su introducción, y colocan el avanzado medio de transporte en función del comercio azucarero. La Estación de Sabanilla, se erige entonces como paradero del tramo del camino de hierro que llegaba hasta ese partido, de ahí su denominación. En relación con la importancia de esta edificación, que supera en antigüedad al Liceo y a otras construcciones históricas de la ciudad, habría que recordar que su "frente está formado por un extenso soportal con columnas dóricas pareadas. Este edificio interesa especialmente por haber sido proyectado por D. Manuel José de Carrerá" (8), uno de los presumibles constructores del palacio de Aldama en La Habana, conjuntamente con el conocido Jules Sagebien, tal como ha podido corroborar, en este caso, la Doctora Alicia García Santana a través de sus investigaciones sobre nuestra ciudad y en torno al papel que desarrollara Sagebien en el ámbito urbanístico de esta y otras urbes de la isla.

A la par que la definitiva restauración del antiguo Liceo y de la fachada de la emblemática estación, quedan por emprender muchas otras obras, mayores o menores. Desde colocar cestos para la basura en los sitios de mayor tráfico comercial y humano, hasta la reconstrucción definitiva del Gran Hotel Louvre. En este "catalogo" de edificaciones por intervenir se incluyen la antigua Estación de Ómnibus, de atípico estilo, la Quinta Luna, una de las primeras "plazas" donde  se escuchó el danzón, el puente General Silverio Sánchez Figueras (San Luis), nuestro modesto Parque Watkin, cuyo embellecimiento puede contagiar mayor felicidad a los niños y el teatro Principal, que, por su importancia para los anales artísticos de Matanzas, merece un capítulo independiente.

Como me ha confesado un amigo enamorado de la ciudad, "se trata de un espacio urbano de un magnetismo y una armonía indiscutibles, pero a veces pareciera que ese encanto estuviera abandonado a los designios de su hermosa bahía". El patrimonio de los pueblos lo conforman, la naturaleza, las tradiciones y costumbres, la memoria de los hombres y -subrayamos- los muros y piedras que durante siglos el individuo ha construido ya sea para su bienestar doméstico o para resguardar en magnificas edificaciones, de carácter público y social el quehacer de esas mentalidades que han contribuido, en medida considerable,  a la construcción de nuestra historia. De ahí lo trascendente de preservar, de conservar, al lado de lo inmaterial, el acervo tangible que hemos heredado de nuestros antepasados. Las obras por emprender, algunas ya iniciadas, llevan tiempo y consagración. 

Desde el siglo XIX Matanzas ha sido un punto de referencia vital para creadores de toda la isla. Lo fue para José María Heredia, para Gabriel de la Concepción Valdés "Plácido" y lo será posteriormente para Medardo y Cintio Vitier. La lista es interminable. En los años ochenta del pasado siglo XX jóvenes poetas de Santa Clara y otras regiones se asentaron aquí y fue en esta ciudad donde crearon lo mejor de sus respectivas poéticas. Escritores, músicos, arquitectos y artistas extranjeros de disímil trascendencia permanecieron por años en esta población, de magnetismo indiscutible. Muchos son los que han permanecido en ella, no obstante los escollos. Nombres como los de Carilda Oliver Labra o  Digdora Alonso, por sólo mencionar a dos emblemáticas escritoras o de pintores como Francisco Cobo han permitido que al lado de la realidad perviva el mito. A todos nos corresponde entonces impedir que languidezca y fortalecerlo con todas las buenas razones que nos asisten para ello. Entonces podremos parafrasear a Lope de Vega y con orgullo manifiesto corear: -¿Quién salvó a la Atenas de Cuba?. -Los matanceros, señor.

 
Citas y notas.

1.       Este puente, el más antiguo de los conservados en la también llamada "ciudad de los ríos" fue inaugurado el 3 de noviembre de 1878 y con su denominación se pretendió tributar al pacto o "paz" del Zanjón, firmado el propio año.

2.       Miriam Menéndez Alfonso. "Los hoteles en la ciudad de Matanzas en los siglos XIX y XX". En: Anuario de Investigaciones Culturales. No. 4. A. 2004. p. 37

3.       La Botica Triolet fue inaugurada el primero de enero de 1882, en la calle Gelabert (actual Milanés) No. 49 y 51 frente a la Plaza de Armas. Ella es fundada por los doctores  en Farmacia Ernesto Triolet Lelievre y Juan Fermín de Figueroa Velíz, apodado el "rey de las boticas" por las propiedades de este género que tenía en distintas localidades de la Isla. Desde el principio este establecimiento atrajo el interés de los matanceros por el lujo y calidad de los productos que en él se comercializaban. Su reputación y su apego a la tradición farmacéutica francesa se mantienen inalterables hasta 1964, año en que deja de funcionar para transformarse en museo

4.       Rodolfo Livingston. Cuba Rebelde. El sueño continúa. Impreso en Artes Graficas Grupo, S.A Madrid. 2000. pp. 51-52.

5.       El 29 de mayo de 1959 Dulce María protagonizó un recital de poesía en la sede del Liceo. Presentada por Agustín Acosta, entonces Poeta Nacional leyó cerca una veintena de títulos de sus libros Poemas sin nombre y Obra lírica. Datos tomados del programa que se conserva en los fondos que de esta institución se conservan en el Museo Provincial Palacio de Junco.

6.       Entre los días 20 y 22 de enero de 1899 la ciudad  organizó una serie de festejos para homenajear a las tropas del Ejercito Libertador. Además de desfiles  de los mambises por la Calzada de Tirry y otras importantes arterias de la ciudad se efectuaron misas, funciones en el teatro Esteban, hoy Sauto y el día 21 el Liceo agasajó  a los oficiales con una velada y un baile.

7.       Liceo de Matanzas. Memoria de los trabajos realizados por la Junta directiva, durante el año de 1899. Imprenta y Librería El Escritorio. Matanzas, 1900. pp.7 y 8

8.       Joaquín E. Weiss. La Arquitectura cubana del siglo XIX. Publicaciones de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología. La Habana. 1960. pp. XXXII y XXIIII


Por: Mireya Cabrera Galán