AntigonaUna vez más, la hija de Edipo y Yocasta emprende el viaje. No hacia Colono, como lazarillo de su padre; en esta ocasión la marcha comienza en Tebas y culmina en la Atenasde esta orilla del Caribe. La heroína recorre las calles matanceras con sus largas trenzas. Huye de Creonte, de sus guardias, de la “limpieza” que tanto su hermana anhela. Besa a Hemón en cada esquina, le arranca palabras sin sonidos.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a un prestreno de la nueva entrega del grupo matancero El Portazo. Digo prestreno porque durante dos noches esta agrupación se vio obligada a posponer el tan esperado momento debido a las lluvias. La cita fue en el Patio Colonial, sede de la Asociación Hermano Saíz de la ciudad matancera, lugar donde esta agrupación realiza sus presentaciones desde los inicios, mostrando un significativo aprovechamiento de espacios poco convencionales, tales como una terraza.

Antes de comentar mis impresiones sobre la puesta, me parece justo destacar la importancia, a mí entender, de la labor que Pedro Franco, su joven director y actor de formación, ha realizado desde el embrión de este proyecto. Recordemos su primer trabajo, Por gusto —texto de Abel González Melo—, con el cual Franco se inició como director de cuatro jóvenes actores sin apenas experiencia en el medio (sorprendente gesto de valentía de su parte). Ahora persiste en su trabajo con un elenco joven en su mayoría, donde los protagonistas son un actor y dos actrices ya enfrentados a personajes de esta categoría con anterioridad, aunque ello no dota a la puesta de un supuesto valor agregado. Si hay algo en lo que Franco y yo hemos estado de acuerdo, es en cuán necesario resulta dar oportunidad de demostrar su talento a las nuevas generaciones.

La agrupación ha elegido un texto (Antígona de Yerandy Fleites, nacido en Santa Clara en 1989, ganador de premios como Calendario y José Jacinto Milanés) donde se aboga por la constante contextualización, sin cabida para viejas lecturas. Allí se recrea lo que llamamos realidad (no necesariamente nacional), al revelar, en apenas una hora, conflictos que recorren el ámbito familiar, el público y el privado, donde el vestuario y el maquillaje legitiman la necesidad de abrir los ojos, y prestar atención al aquí y el ahora.

Confluyen en esta puesta distintos estilos de actuación. En los papeles femeninos de Ismene y Antígona, Sarahí de Armas y Lisandra Solís abogan por el sentimentalismo y la rebeldía respectivamente. Mientras, William Quintana proyecta una imagen de jefe de la mafia-asesino a sueldo-gobernante sin escrúpulos, devenido a veces un ser totalmente despreciable. En el rol de Hemón, el joven Alejandro Cisneros continúa su inclinación por la sobriedad en gestos y expresiones, totalmente válido, pero en ocasiones ese recurso resta fuerza a sus “parlamentos-gesticulaciones”; no obstante, ofrece una interpretación totalmente limpia y orgánica. Sobre el  resto de las actuaciones no me detengo en demasía. Por momentos, al público le asiste la impresión de asomarse a huecos vacíos llenados con prisa y por lo mismo carentes de toda veracidad.  Los movimientos espaciales, repetidos, no aportan señales ni significados verdaderamente coherentes.

El diseño escénico de Adrián Socorro es fresco y ocurrente y, de cierta manera, íntimo, debido a la utilización de rostros conocidos como fuente de inspiración. La banda sonora, en cambio, a cargo de los hermanos González Tristá, resulta en ocasiones demasiado moderna, lo que la limita en opciones y desafíos. Quizás esta puesta deba ser repensada desde una variedad de estilos musicales que introduzca ambientes y otredades necesarios al apoyo y defensa dramática de la obra.

Si bien he mencionado alguna deficiencia aparente, es vital poner en claro que esta puesta de El Portazo sí recoge elementos de una verdadera representación teatral, reveladora de sus ideas y aspiraciones de manera natural, moderna, compleja pero también sencilla, exponiendo el camino recorrido que comenzó en su primera presentación y fluye hasta el presente, para (de)mostrar cómo se construye o forja un colectivo teatral desde sus cimientos, en una ciudad donde el panorama teatral está conformado por agrupaciones de experiencia y prestigio. Todo ello augura que en el futuro, Franco y sus actores se convertirán en un importante referente dentro del quehacer teatral contemporáneo.

 

Por: Beatriz Montaña Ruiz