Poesía ChilenaEnfrentar la poesía chilena hoy, es aceptar encontrarse con un corpus móvil, proliferante, hecho de los más diversos cruces(y cruzas), un corpus que se apoya tanto en lo textual, en la reescritura del modelo que enfrenta, como en la parodia, el pastiche, el perfomance o la tradición.

El presente trabajo, más que una antología o un panorama de la poesía chilena, se propone como un fervor, como una serie de lecturas de esta poesía, realizadas por una lectora atenta, que quiere compartir, con el lector cubano estas lecturas. Antes de pisar tierra chilena, conocí a este país por su poesía y por sus cantautores, luego, he seguido tratando de comprender , de entender al país de los volcanes y las cordilleras, (que no sólo es paisaje y que hace rato es país), a través de sus artes, de su literatura, de sus artistas y las imágenes que estos han creado a partir de él, para él. He querido mostrar aquí los estratos diversos que conforman una cultura, que van desde las manifestaciones orales y populares hasta la escritura y un saber letrado como formas de expresión.

Parto recogiendo la poesía de Rosa Araneda, la poeta más destacada de lo que se conoce como La Lira popular chilena, fenómeno de la literatura de cordel, que se da en el siglo XIX chileno, cuando las expresiones populares del campo empiezan a extenderse a la ciudad y” las versá “populares, los cantos “a lo pueta”, pasan también a imprimirse y a cantarse en un ambiente citadino, incluyo también la voz del poeta modernista chileno, Carlos Pezoa Veliz, insuficientemente estudiado aún. ¿Cómo no recoger dentro de la poesía chilena a la notable figura de Violeta Parra, una de las exponentes mayores de su cultura? ¿Cómo no reconocerla, aquí, como la poeta enorme que fue, que se expresó en canciones, en décimas autobiográficas, en décimas y centésimas, en arpilleras, en óleos, remitiendo su creación a la verdadera poiesis? De rigor, como los cuatro jinetes del Apocalipsis, aparecen Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Nicanor Parra. Conocido por el lector cubano por sus Gemidos, incluyo también la voz de Pablo de Rokha y de esposa Winette de Rokha y su hijo, también poeta, Carlos de Rokha. Recojo también la poesía de Roberto Parra (otro de los hermanos de la frondosa familia Parra) que se hizo conocido sobre todo por sus cuecas urbanas, llamadas también “cuecas choras” o “cuecas bravas”, por el ambiente de los barrios bravos, marginales, donde surge. Un espacio indispensable se le hace a la Nueva canción chilena, entendiéndola como una de las formas más vigorosas de poesía en el momento en que ocurre. Dentro de ella incluyo a cantautores como Víctor Jara y Patricio Manns, aunque la muestra podría haber sido más amplia y se constriñe por el número de páginas.

Incluyo también una muestra de los autores que formaron el grupo surrealista chileno Mandrágora, el de más larga duración en Latinoamérica. Ahí están las voces de Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa. También a los figuras indispensables de Rosamel del Valle y Eduardo Anguita. Incluyo también una muestra de poesía mapuche, cultivada por algunos de sus autores en el bilingüismo, es decir, desde sus lenguas nativas, el mapudumgun, hasta su traducción castellana. ¿Cómo excluir de estas lecturas al movimiento de mujeres y la poesía escrita por ellas a partir de los años 80? Ineludibles dentro de ellas son las voces de Elvira Hernández, Verónica Zondek, Carmen Berenguer y Soledad Fariña, entre otras, acá incluidas. Un espacio particular merecen también Tellier, con su poesía de los lares, Enrique Lihn, con su trabajo intelectual extremado, llevando el verso, el lenguaje hasta las simas de su imposibilidad, en una tensión mayor que sostiene hasta su Diario de muerte. Las voces de Gonzalo Rojas, de Efraín Barquero y Oscar Hahn también forman parte de estas lecturas de rigor, así mismo las de Juan Luis Martínez, cuyas interesentes exploraciones sobre el lenguaje y la supresión de la autoría (o su intento) lo hacen un referente obligado, también a Rodrigo Lira, a Alfonso Alcalde, “supersuicidas” y superpoetas. Destacan dentro de las figuras de los 80 también las voces de Raúl Zurtia, con una poesía que desafía a la página, que busca una escritura total, en el cielo, en la tierra, en el cuerpo, y la de Tomás Harris, autor de una épica (o antiépica) personal, mítica, que le permite construir un Cipango en la Concepción de Tebas de Santiago de Chile.

También aparecen otras voces que ya tienen un lugar destacado dentro de la- llamémosle por comodidad, por convención- poesía chilena actual. Son autores nacidos después de los años 60, cercanos del Golpe del 73 o que crecieron en él (y después de él), autores donde está presente la violencia y también la apertura de otros imaginarios, poetas que recogen y le dan nuevo impulso a la poesía surrealista chilena del grupo Mandrágora, a la influencia de Lihn, a la poesía lárica de Tellier, la antipoesía de Nicanor Parra, la escritura total y cosmogónica de Raúl Zurita, o los hallazgos de Neruda, Mistral, Huidobro, entre otros autores, además de las vanguardias latinoamericanas. En esta muestra he recogido poemas de Javier Bello, donde se agrupan, en su voz, resonancias del surrealismo, de las vanguardias, del barroco, de Víctor Hugo Díaz y Armando Roa Vial, más cercanos a la poesía de lengua anglosajona, de Antonia Torres, donde el discurso lírico deja sentir la concisión de la poesía italiana con los paisajes del sur de Chile, de Jaime Huenún, un poeta mapuche, que crea una poesía mestiza, donde aflora la naturaleza y las leyendas ancestrales de su pueblo y también la violencia ejercida sobre él ,o un autor como Rafael Rubio, que recrea el siglo de oro Español, con túetanos vallejeanos, que hace suyos. Incluí además las voces de Malú Urriola y Nadia Prado, donde también están presentes el lenguaje coloquial, el rock, las noches de adrenalina, los imaginarios y el lenguaje excluido de la ciudad letrada, o la poesía de Héctor Hernández, donde se reescribe las Alturas de Machu Picchu, de Neruda, desde un hablante que se declara Divina y bastarda, traidor de su padre (de sus imaginarios), una poesía que se ha señalado dentro del ámbito de lo queer y el neobarroco, quizás más precisamente, del neobarroso, cercana, por estos ámbitos, a los experimentos de Néstor Perlongher. No surgen estos autores por generación espontánea, no pertenecen, de hecho, a una generación, vienen precedidos por los esfuerzos de autores como Juan Luis Martínez, que abre nuevas posibilidades para la poseía chilena con su Nueva Novela, vienen precedidos por los trabajos del Grupo CADA, creado en 1979, un colectivo de artistas multidisciplinarios (Raúl Zurita, Diamela Eltit, entre otros) que van a entender las artes como acción e intervención, o el movimiento importante de la poesía femenina chilena, que se produce en los años 80, con voces ya mencionadas como las de Verónica Zondek, Elvira Hernández, Soledad Fariña, Eugenia Brito, Carmen Berenguer; dialogan, además, con sus contemporáneos de otros latitudes: (la poesía peruana, chilena, argentina, mexicana), imprimiéndole a sus textos un aura que los excluye de nacionalismos y localismos restrictivos. Otros autores también conforman la muestra, como Germán Carrasco, Kurt Folch, Verónica Ximénez, Paula Ilabaca, Damsi Figueroa, Bárbara Délano.

Debo aclarar que la presente muestra no recoge, en su soporte material, todas las gamas en que se ha desplazado la poesía chilena : esto es, el carácter objetual y visual muchas veces de la misma: Los artefactos de Nicanor Parra, por ejemplo, el trabajo entre poesía y plástica, las performances que muchas veces han acompañado a algunos de estos textos, la relación entre poesía y música con que han trabjado algunos autores.

No obstante espero (aspiro) a que estas páginas deparen más de una sorpresa al lector.

Quiero agradecer a Chile y a sus poetas el conocimiento que me han brindado, al Instituto Cubano del Libro y a la Editorial Arte y Literatura por la posibilidad de materializar este libro y agradecer también a mi compañera, Lourdes Castro, por ayudarme a ordenar el profuso material.

Septiembre 30, Santiago de Chile, 2008.


Damaris Calderón CamposPor: Damaris Calderón Campos: (1967)
Poeta y crítica. Ha publicado entre otros los libros de poesía : Con el terror del equilibrista (1987), Duras aguas del trópico (1992), Guijarros (1994), Duro de Roer (1999). Sílabas Ecce Homo mereció en Chile el premio de la Revista de Libros de El Mercurio, en 1999, y ya fue editado en dicho país al igual que en Cuba por letras cubanas en el 2001.