IdentidadApuntes y rasgos...La “conciencia” de la identidad, aunque sea el resultado no de meditaciones y reflexiones teóricas, sino más bien, en la mayoría de los casos, una aceptación de la pertenencia individual al grupo y de la distinción de los otros grupos existentes. Es de esta forma, como conciencia de la;mismidad; el resultado más genuino y colectivo de la existencia
De La torre
 

En la historia del Arte y especialmente en la cultura caribeña, resulta esencial la relación entre los elementos sujeto-espacio-tiempo como unidades que secundan en la búsqueda de una identidad. El cumplimiento exhaustivo de este procedimiento constituye un instrumento sumamente importante en la interpretación de los procesos culturales que tienen lugar en la esfera artística. A través del espacio y el tiempo es posible verificar las visualidades con que el creador ha tratado de representar el arte, apoyado necesariamente, por ese devenir histórico cultural y circunstancial que lo acompaña en su  exploración espiritual[1].
 
 
Entre las disímiles propuestas que emanan de su voluntad como genio, se encuentran aquellas que se destacan por la búsqueda de una identidad y, mediante esta condición, surge la idea de establecer las bases ideostéticas del arte como argumento sociológico. Esto ha sucedido, de alguna manera, a causa de las inquietudes de sus representantes, lo cual ha posibilitado establecer comunicación directa con el espectador mediante el proceso dinámico que constituye la identidad con su precepto elemental de continuidad y ruptura. 
 
CamejoEl arte contemporáneo ha defendido con ímpetu el manejo de esta ideología y con ello la idea de una ``nueva estrategia´´[2] que al menos, ha intentado mediar entre el arte y el “sujeto” y, de alguna manera, mpedido que este último anule la esencia postmoderna que el arte actual resguarda como mayor tesoro.
 
 La plástica cubana se ha permeado de todos estos elementos y criterios, estableciendo una simbiosis cultural donde ha primado, en muchas ocasiones, la idea del rescate de la identidad cubana como tema esencial de la producción artística. Muchos de sus creadores salvaguardan diversas percepciones acerca de este asunto y, se ha acordado como principio fundamental, orientar una poética identitaria que acumule toda una fuente de informaciones donde se sostenga la idea del discurso problémico de la sociedad cubana actual. En este sentido, el arte, ha proliferado sus ansias creativas y ha intervenido en el desarrollo de su universo artístico con el fin de legitimar la esencia cultural que caracteriza al cubano.
 
De la misma manera el artista contemporáneo ha actualizado su poética en pos de establecer una reflexión acerca del medio común donde se desenvuelve. Los conflictos que operan en torno a su pensamiento hacen del éste el principal y máximo “defensor” del mensaje de la obra de arte;Su afán paternalista se ha encargado de garantizar la custodia y desarrollo de ese producto artístico  sin que su resultado final se descontextualice y devenga finalmente en plato exquisito de ideas en función del espectador.
 
Sobre este criterio, pero estableciendo nuevas consideraciones relacionadas con el devenir plástico cubano y los rasgos identitarios que encierran la labor de muchos de sus creadores, es valido comentar la obra de Luis Enrique Camejo, quién ha captado la naturaleza de este fenómeno con sus condicionantes y particularidades artísticas. Su poética ha asumido críticamente los nuevos modelos sociales que nacen y persisten dentro del ámbito circundante que le rodea y, más que ello, insiste en el diálogo y manejo del proceso identitario que su entorno refiere.
 
La imagen de la ciudad es un tema recurrente en su obra. El artista la utiliza no solamente para acentuar una posición estética, sino también, para manejarla como cómplice de sus personajes y, más que eso, para acentuarla como representación documental de un espacio urbano tangible. La ciudad se convierte en ocasiones en el componente más importante de la representación de su obra, los elementos que en ella convergen no son más que epítetos que el propio artista utiliza para reforzar su propósito como comunicador cultural.
 
Resulta interesante cómo su interés por los sujetos y elementos citadinos conforman el aparato fundamental de su ejercicio plástico, sin dejar de mencionar su paleta, la cualcompleta y encierra la fuerza de su mensaje.La referencia por excelencia de su creación son diferentes parajes de la Ciudad de La Habana, lugar donde el artista se ha identificado y contextualizado su obra. Los personajes y objetos que el autor despliega por su ciudad se convierten en íconos identitarios (…) que él persigue y plasma sin discreción a los antojos nocturnos de sus calles y avenidas. Los autos, las bicicletas y transeúntes enriquecen constantemente la dinámica de la ciudad; actúan como objetos que comparten un espacio en común. Su obsesión por atrapar las luces y hacerlas parte del protagonismo de su quehacer pictórico lo conduce a develar las inquietudes de sus personajes anónimos, que a su vez, son actores del día a día, somos nosotros, caminando, intercambiando y simulando nuestra historia cotidiana.
 
Camejo aborda en su obra, la identidad cubana disfrazada de elementos representativos de esta ciudad tan aludida y representada. Más que regodearse de las historias colectivas que suceden en su entorno, le interesa captar la dinámica de la urbe, lo instantáneo de la vida y el movimiento[3] como rasgos distintivos de pertenencia. El pintor en su afán de búsquedas infinitas, ya sea conceptual o estilística se vale de diversos mecanismos que nos hacen pensar definitivamente que una gran parte de su trabajo proviene del postimpresionismo y, su interés en el aspecto físico de la pintura y la cuestión de la formalización del arte es sumamente importante en el resultado final de su trabajo.[4]
 
En “La muerte del sujeto” (1996), el referente principal recae en manos de la enunciación temática, donde el trasfondo de su mensaje juega con la idea del sujeto artístico y el sujeto como individuo[5], pero mucho más allá de esos referentes, se constata, persiste y palpita fuertemente, rasgos bien marcados de una identidad. Es fácil reconocer en el fondo de la obra, la arquitectura de la Escuela de Bellas Artes de La Habana (ISA) que adquiere este sentido del epíteto urbano, gracias a la identificación que existe por parte del artista y la institución. Desde el punto de vista plástico, la obra mencionada, retoma el presupuesto elemental del puntillismo Seuratciano[6], donde Camejo articula con astucia su propósito conceptual y estilístico. Representa ésta, además, una cita a una obra concreta del propio Seurat, de la cual, Camejo se apropia y contextualiza como argumento físico de un proceso social. 
 
Muchas de las piezas que el artista ha realizado del 2002 al 2006 aproximadamente figuran como exponentes principales del análisis problémico de este trabajo. Tal es el caso de aquellas que conforman las series “Salida’’ y “Déjavú” de (2003) y (2004) correspondientemente, donde el ejercicio artístico se hace relevante a partir del engranaje que al autor logra a través de su fuerza pictórica.  La velocidad y la luz penetran al espectador indicándoles espacios y objetos que les identifica y provoca nostalgia e inquietud. La imagen de avenidas, interiores comerciales, transeúntes, autos y bicicletas, se repiten una y otra vez. Se multiplican y, me atrevo a decir, extasían al espectador tratando de que su subconsciente atrape un principio elemental en la salvaguarda de la memoria cultural; su razón de ser: espacios y objetos que cada día están a la merced como eje urbano o como producto identitario.
Camejo
 
“Fast Food” (2005-2006) es una pieza instalativa que deviene críticamente, como engendro causal de la crisis del sujeto, del artista y del objeto (…).Sucede en su acción plástica la coexistencia de lo subjetivo y lo objetivo. La propuesta que en ella se encierra, soslaya cualquier criterio que mitigue al arma creativa del artista, puesto que éste, se esfuerza en transgredir plásticamente el objeto y su función elemental, transformándolo en un nuevo objeto de talante comunicativo. El autor insiste en la superposición y relación de esos objetos y elementos identitarios del cubano, que son esenciales y, forman parte de su historia cotidiana.
 
Otras de las obras encaminadas en esta idea recaen en la serie “Malecón” (2005) lugar por antonomasia de la identidad del habanero y, más allá de esa percepción incuestionable, lugar de encuentros del cubano (…), donde éste, pacta simbólicamente con el límite espacial y espiritual que le corresponde.
 
La pieza “Malecón’’ acopia categóricamente la esencia artística de Luis Enrique Camejo, en tanto sugiere el asunto de la identidad como trasfondo temático fundamental. Esta obra, en particular, se lanza desafiante y agreste como las olas que arremeten contra sus muros. La progresión exacerbada de empastes, acomete con fuerza y le dan la cara al espectador; las líneas se confunden y convidan al desorden. Su poética es esa, la del clamor por lo que se pierde y nace.

 


Por: Yoan Álvarez Pérez