Art Deco en matanzasSan Carlos y San Severino de Matanzas, fundada el 12 de octubre de 1693, no hace gala de su categoría de Ciudad hasta entrado el siglo XIX, etapa donde experimenta un florecimiento cultural y constructivo que la convierten en una de las ciudades más admiradas del país en aquellos años. Privilegio que se desvaneció en el último lustro de esta centuria con la pérdida de su principal renglón económico.

Entrado el siglo XX, el neoclasicismo que la caracterizó no encontró rivales lo suficientemente poderosos como para modificar la morfología de la ciudad. Aun así, en la década del 20 fueron introducidos de manera prolífera el eclecticismo y el Art Déco. Este último esparció por toda Cuba los aires de modernidad que representaba, difundiéndose tal y como sucedía en todo el hemisferio occidental en sus diversas modalidades.

En Matanzas se manifestó esencialmente en la metalistería, el mobiliario y en la arquitectura, especialmente en la doméstica y la funeraria.

“La exposición del 25 marcó el punto de arranque para la efervescencia del Art Déco; es decir, que es a partir de dicha exposición cuando la convergencia de casas, tiendas, movimientos, diseñadores, arquitectos y países, mostraron lo que para ellos era lo más avanzado en artes decorativas, que en su conjunto tendieron hacia ciertos elementos, que sin ser comunes entre sí, tenían ciertas coincidencias o similitudes en su origen o aplicación y dieron por resultado lo que más tarde se llamaría como Art Déco”.(Ledesma Rodrigo, 2001)

El siglo XX abrió las puertas al modernismo. Los años veinte y treinta quedaron insertos en la historia de esta centuria como los años del Art Déco. Término que da nombre al estilo relacionado con diferentes manifestaciones estéticas que se dieron cita en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales, celebrada en París en 1925, que habrían de transmutar en reflejo de toda una época, influyendo en diferentes expresiones del arte, tales como: la arquitectura, el diseño interior, el gráfico y el industrial; la moda, la pintura, el grabado, la escultura y el cine, inundando todos los ámbitos de la vida cotidiana y alternando con los movimientos de vanguardia, tales como el Art Nouveau, el Cubismo y el Futurismo Italiano, entre otras tendencias.

El Art Déco buscaba la decoración por encima de la funcionalidad. Alastair Duncan, en la Enciclopedia de Art Déco lo explica así: “No es fácil definir las principales características del Art Déco, muchas de ellas vinieron de los estilos pictóricos de vanguardia del siglo XX, como el Cubismo, el Constructivismo Ruso y el Futurismo Italiano -abstracción, distorsión y simplificación- todos evidentes en las artes vernáculas decorativas Art Déco. A partir de 1925 el creciente impacto de la máquina puede ser discernido en repetidas y superpuestas imágenes, o más tarde, en los treinta, por formas modernizadas derivadas de principios aerodinámicos”.(Najarro, 1997)

Esta corriente artística se diseminó a todo lo largo del mundo occidental, incluida Cuba. Razón por la cual el objeto de estudio de la presente investigación es la identificación y caracterización de exponentes del Art Déco en sus diversas manifestaciones del arte en la ciudad de Matanzas, en ausencia de estudios integradores relacionados con la temática en la provincia.


Antecedentes del Art Déco en Cuba

“La llegada del movimiento a Cuba se produce paralelamente a un proceso de búsqueda de la verdadera nacionalidad cubana”. (García Borges, 2010)

Cuba no quedó al margen del triste panorama internacional de postguerra ni a la crisis económica global que exigía transformaciones y cambios en todas las esferas de la sociedad.

El nuevo estilo se impuso en Cuba a fines de 1920. En Matanzas llegó por influjo de la capital, por quienes viajaban a Europa y a Estados Unidos, así como por el comercio.

Entre las diversas manifestaciones artísticas fue el diseño gráfico el primero en reflejar este movimiento. Las revistas sociales de la época se hacen eco del nuevo estilo, entre ellas, las publicaciones periódicas “El Arquitecto”, “El Fígaro”, “La Social” y “Carteles”, quienes se destacan por difundir y arraigar el gusto estético por el Art Déco en el país.

No obstante no transcurriría mucho tiempo para hacerse sentir en el ámbito social a través de la arquitectura, el cine, el diseño de interiores, la iluminación, la escultura, la pintura, y la moda.

En noviembre de 1930 la mueblería “La Moda” ofrecía el servicio de sus “diseñadores” prestos a brindar modelos exclusivos (algunos en estilo Déco). La fábrica de muebles “Orbay y Serrato” y de “Lámparas Quesada”, entre otras, satisfacían las necesidades de diferentes sectores de la población. El prestigio de “Lámparas Quesada” había rebasado nuestras fronteras; así, el arquitecto-diseñador Morris Lapidus encargó la realización de luminarias con destino a hoteles que diseñó en Miami.

La industria produce gran cantidad de productos, copiados o inspirados en los originales, propiciando que un sector más amplio de la sociedad pudiera consumir el nuevo arte.

Entre los principales exponentes en la Capital se destacan el edificio Bacardí y los teatros América, Fausto y Arenal.

 

Antecedentes del Art Déco en la ciudad de Matanzas

San Carlos y San Severino de Matanzas, fundada por interés explícito de la corona en 1693, vive durante el siglo XIX su etapa dorada debido al vertiginoso progreso de la economía de plantación en la llanura Habana-Matanzas. Experimentando, por consiguiente, un dinámico florecimiento cultural y constructivo que habría de propiciarle el calificativo de “La Atenas de Cuba”. A fines de la décimo novena centuria la ciudad no cuenta ya con el esplendor económico que la caracterizó. No obstante en lo socio-cultural continuó desarrollándose.

Entrado el siglo XX, Matanzas abrió las puertas al eclecticismo y al Art Déco, invadiendo este último todos los ámbitos de la vida cotidiana representada a través de diversos exponentes, tanto del universo de las artes decorativas como de la arquitectura y la gráfica, tal y como se dio en todo el mundo occidental.

A través de las artes decorativas irrumpió en el ámbito artístico matancero por medio de valiosos exponentes que forman parte del patrimonio cultural. Se manifestó en la metalistería, tanto en objetos utilitarios como decorativos, que corroboran la magnitud y alcance del estilo.

El mobiliario es otra de las manifestaciones artísticas que se hacen notar en la decoración de interiores. Muestra de ello son los exponentes de este estilo que han llegado a nuestros días.

“No es hasta mediados de la década de 1930 que comienzan a introducirse en la arquitectura los primeros signos del nuevo movimiento, el Art Déco”. (García Borges, 2010).

En el ámbito de la arquitectura, aun cuando no se desarrollaron en Matanzas obras de gran relevancia para la nación y el mundo, lo construido constituye un interesante muestrario de la apropiación popular de un estilo que en sí nació para hacer la diferencia entre lo antiguo y lo nuevo, lo popular y lo selecto.

No solo se manifestó en el área residencial, sino también en la arquitectura funeraria del Cementerio de San Carlos, donde tiene lugar un proceso de expansión urbanística que se corrobora con la aparición de nuevos exponentes de esta tipología, enriqueciendo el patrimonio construido e histórico del sitio.

A partir del momento en que el hombre empieza a utilizar los metales se inicia un período cultural que nos ha llevado hasta el actual e incesante avance de la tecnología y la ciencia. Desde las antiguas civilizaciones orientales se distinguían en preciosos (oro, plata, platino) y los no preciosos (hierro, cobre, estaño y plomo). Por sus propiedades se agrupan en ligeros, pesados, alcalinos y alcalinotérreos.

El oro y la plata fueron los primeros metales usados por el hombre, a los que siguieron el cobre, el estaño, y hacia el 4000 A.C, el bronce (aleación de cobre más estaño). Se ha demostrado que el empleo del hierro se inicia por el 12000 A.C, mediando entre ellos dos períodos históricos fundamentales: La Edad de Bronce y La Edad de Piedra. A lo largo de historia se han utilizado para la elaboración de objetos utilitarios y decorativos.

Como ya se mencionó, el Art Déco, surgido en la segunda década del siglo XX, también dejó su huella a través de la metalistería. Entre los principales metales utilizados en la elaboración de objetos y otros elementos decorativos se destacan los metales no preciosos (aluminio y acero inoxidable) en usos diversos, y en menor uso los metales preciosos (oro, plata y platino) en la joyería. Para embellecer su ornamentación se aplicaron diversas técnicas como el grabado y cincelado, el moldeado, el dorado y la combinación con otros materiales.

Dentro del universo de exponentes identificados en Matanzas para este estudio, se utilizaron 62 piezas de artes decorativas: lámparas, relojes, bandejas, portavasos, polveras, perfumeros y portarretratos.

Entre las características generales se aprecia el uso del bronce como metal, combinado con el cristal; el empleo en la decoración de líneas rectas simétricas combinadas en zig-zag, y figuras humanas y geométricas como el círculo. Las técnicas más utilizadas son el moldeado, el esmaltado, el grabado, el calado y el laminado. Las piezas corresponden a colecciones privadas e instituciones museísticas.

Hasta el momento se han identificado muy pocas piezas de joyería, no obstante, es importante resaltar que se tienen referencias de valiosos exponentes pertenecientes a los diseñadores tales como René Lalique.

En el caso de Matanzas los orfebres y artesanos no hicieron mucho uso de metales y piedras preciosas, utilizan una serie de materiales que generalmente no se consideran apropiados para los accesorios en el campo de la joyería. Entre los detalles decorativos se utilizaron diseños florales y botánicos estilizados.

La manifestación más recurrente de la metalistería en Matanzas es la lampistería, donde se evidencia el empleo de metales tales como el bronce, el hierro y el cobre, en combinación con otros materiales como el cristal.

Presencia del mueble Art Déco en Matanzas

 Muebles Art DEcoProducto de la penetración de los grandes monopolios en la etapa neocolonial y como resultado de los viajes realizados, tanto por cubanos como por extranjeros, así como por los influjos de las diferentes manifestaciones del arte, en Cuba son asimiladas y reinterpretadas las diferentes corrientes artísticas en esta etapa. A esta realidad no escapa el Art Déco. Específicamente en Matanzas, este movimiento se afianza gracias al desarrollo comercial experimentado durante la primera mitad del siglo XX.

En este período son innumerables los comercios destinados a la venta de artículos de arte. Tanto los establecimientos comerciales, como los talleres y pequeñas fábricas destinados a la producción y venta de artículos de mueblería, se dispersan por toda la Ciudad e inundan las principales arterias de la capital yumurina. En su gran mayoría se mantuvieron activos hasta fines de la primera mitad de la pasada centuria. Esta realidad se corrobora en la consulta a los documentos históricos existentes que facilitaron el estudio y en lo fundamental, la información aportada por los Directorios Social y Comercial de Matanzas, editados en los años de 1927, 1933 y 1957, en los que consta según los anuncios pagados que en el período comprendido entre 1927 y 1940 existían en la Ciudad seis talleres de carpintería, siete almacenes y tiendas de muebles, cuatro ebanistas, un maestro carpintero, dos almacenes de madera, un tratante de madera del país y alrededor de setenta y tres tiendas mixtas.

A fines de la década de los años veinte se destacan en la producción el taller de carpintería de Juan Mijenes Valoret, las mueblerías “La Imperial” y “El Espejo”, locales que se mantienen activos en las décadas siguientes.

Unido a las producciones locales, aumentó el número de establecimientos y compañías importadoras de diversos productos que abarrotaron los comercios yumurinos.

Dentro de este contexto los artistas locales comenzaron a producir muebles con el empleo de maderas nacionales; en un inicio, los modelos eran reproducidos casi íntegramente y luego son asimilados los códigos del estilo Art Déco en las producciones locales, pero adaptadas a la realidad cubana, teniendo en cuenta las necesidades del cliente, así como los fines y objetivos de los mismos. La diferencia se hace notar entre las piezas confeccionadas tanto para instituciones religiosas como para diferentes asociaciones fraternales, con las realizadas para el comercio de artículos de mueblería de uso doméstico.

Las obras examinadas para este estudio en su mayoría se encuentran en poder de personas jurídicas y se hallan inventariadas por el Registro Provincial de Bienes Culturales de la Ciudad.

Los ebanistas y carpinteros locales producían en lo fundamental por encargo para personas naturales y jurídicas, así como para la venta en establecimientos.

En el análisis efectuado a las obras estudiadas se ha podido apreciar que en lo fundamental los muebles eran elaborados en madera de cedro y caoba, siendo esta última la más empleada; distinguiéndose por el empleo de la técnica de chapas, aunque también se utilizaba la marquetería y la talla. Los muebles denotan gran solidez y en el caso de los armarios se diseñaban de tres cuerpos con espejo en los interiores, siguiendo el modelo empleado en etapas anteriores.

Tanto el grano fino de las maderas preciosas empleadas, como la facilidad de lustre que ofrecían las mismas y en lo fundamental la caoba, permitían producir piezas de exquisita factura.

En las piezas analizadas para este estudio, se ha podido apreciar que los diseños y modelos producidos son variados en cuanto a su forma y características; los hay con remates escalonados, con gran similitud a los diseños arquitectónicos, mientras que perduran exponentes con marcado empleo de la simetría, el hermetismo y compactación en su forma.

En todos los casos el evidente carácter geométrico se hace notar, las líneas rectas y curvas armonizan entre sí, los remates ochavados son ampliamente utilizados. Una característica en la mayoría de los ejemplares analizados es la ausencia de decoración. La misma se lograba por la combinación de las líneas rectas con las curvas y por las técnicas que se empleaba para ondular la madera y dar sensación de movimiento.

En muy pocos casos la talla es empleada y para tales fines se recurre a la utilización de elementos del arte egipcio. Se utilizan también materiales como el plástico en diferentes tonalidades, para el diseño de los pomos.

La aceptación del mueble Art Déco en Matanzas se hace notar, muestra de ello son los exponentes de este estilo que han llegado a nuestros días, así como por los testimonios que nos ofrecen las diferentes fuentes históricas consultadas para el estudio. Sin lugar a dudas, esta realidad corrobora el desarrollo comercial experimentado por Matanzas en la primera mitad de la pasada centuria.

 

Arquitectura: ¿Art Déco vs. Neoclásico?

El nuevo estilo llegó a Matanzas en las postrimerías de su esplendor y se diseminó como portador de nuevos aires a lo largo de la Ciudad ya construida de una manera sutil y popular.

Fue asimilado esencialmente para modernizar las viviendas pertenecientes a sectores con escasos o medianos recursos económicos, Razón por la cual, de entre la centena de inmuebles que fueron erigidos solo unos pocos sobresalieron, no llegando a ser ninguno de relevancia para la nación y el mundo.

Para el presente estudio se tomaron como muestra 140 inmuebles pertenecientes a los barrios Versalles, Matanzas, Pueblo Nuevo y La Playa, de los cuales 25 corresponden a viviendas en tiras (18 a tiras dobles y 7 a triples); 109 a inmuebles sencillos, 2 a edificios multifamiliares y 3 a edificios públicos.

En su generalidad, a excepción de los elementos característicos del Art Déco, dichos inmuebles no guardaron similitud respecto a la escala o los materiales empleados, con sus análogos de Manhattan, Miami o La Habana. Razón por la cual carecen del glamour y el carácter élite propios del estilo.

En ocasiones se les sumó elementos ajenos al estilo producto de una apropiación exenta de fundamentos intelectuales, así como es apreciable el hecho de que el Art Déco en su variante matancera fue yuxtapuesto a otros estilos, tales como el Neoclasicismo y el Eclecticismo.

Esencialmente, la apropiación se dio en viviendas de un nivel, de carácter medianero y sin portal, donde fueron modificadas las fachadas existentes en base a preceptos tales como la verticalidad y el movimiento aerodinámico del stream line, abundando la presencia de azulejos ubicados en forma de rombos, cenefas, estrellas de cuatro puntas o tríada, losas cerámicas con bajo o alto relieves y molduras en tríadas nervadas en los pretiles y encima o debajo de ventanas.

En planta persistieron las tipologías edilicias, por lo que los interiores de los inmuebles como generalidad, permanecieron en estado primigenio. Los techos de madera de armadura de par e hilera a dos y tres aguas, en su gran mayoría no fueron sustituidos por cubiertas planas de hormigón armado. Por lo que solo en algunos casos en las primeras y segundas crujías se adicionaron molduras de yeso Art Déco. En su gran mayoría eran elementos de producción seriada, puesto que se repiten en diversas edificaciones a lo largo y ancho de la ciudad. En ocasiones dichas molduras llegaban a ser combinadas con otras de influencia ecléctica.

Las cocinas y baños pertenecientes a inmuebles con fachada Art Déco, en menor medida fueron diseñados y enchapados según los nuevos preceptos de modernidad. Aun así, se destaca mayormente el diseño de los baños, donde la bañera era enmarcada en una especie de arco quebrado y se remataba con cenefas oscuras en contraste con el color pastel del resto del enchape, premisa de diseño que se extendía por el resto de las paredes y el piso.

Es común observar, además, que en su inmensa mayoría estas viviendas conservan las rejas y puertas de periodos anteriores o del Eclecticismo, así como las balaustradas propias de dicho estilo como antepecho de ventanas.

Quizás sin deliberadas intenciones, tales acciones se enfrentaron a los preceptos de ruptura que en sí mismo representaba el Art Déco con los estilos existentes hasta el momento, así como a las intenciones individuales de modernizar lo que se poseía. No obstante la realidad no es impedimento para que estos inmuebles sean lo suficientemente legibles para considerarlos exponentes del Art Déco en Matanzas.

Arquitectura funeraria

 Arte funerarioComo resultante del esplendor alcanzado en el siglo XIX, la trama urbana de Matanzas se expande y surgen nuevos barrios; por consiguiente el número de pobladores aumenta y la urbe necesita de transformaciones que garanticen el bienestar de sus habitantes, a la par de estar a la altura de la capital y el mundo occidental.

La evolución alcanzada en el orden arquitectónico no solo se patentiza en el área residencial. Los cambios propiciaron la ejecución de un nuevo proyecto para la construcción de una necrópolis que cumpliera con las exigencias y requerimientos sanitarios de la época, y permitiera dar solución a los problemas que afrontaron los anteriores sitios de enterramiento.

Ante esta realidad, el primero de septiembre de 1872 se inaugura el cementerio de San Carlos. Esta colosal obra, es reflejo del salto experimentado en las construcciones funerarias en Cuba; sin duda alguna es, tal y como ocurre en la mayoría de su tipo, un catálogo arquitectónico.

El campo santo matancero desde su surgimiento ha evolucionado continuamente, y en lo fundamental en las cuatro primeras décadas del siglo XX sufre un proceso de expansión urbanística que se corrobora con la aparición de nuevos exponentes de esta tipología constructiva.

Al adentrarse en su interior la singularidad y belleza de sus monumentos y construcciones funerarias nos atrapan. En la trama urbana de la necrópolis matancera, la amalgama de los órdenes arquitectónicos armoniza entre sí para ofrecernos un conjunto de singular belleza.

Dentro de los diferentes estilos el Art Déco engrandece la importancia del campo santo yumurino para regalarnos verdaderas reliquias de la arquitectura funeraria. Es característico de este movimiento en San Carlos, la abundancia de exponentes que van desde aquellas construcciones puras dentro del estilo, a las que simplifican las características del mismo y se arraigan en el gusto popular.

Básicamente en el período que cubre desde fines de la década de los años veinte hasta la década del cuarenta se aprecia un considerable crecimiento en la construcción de nuevas sepulturas, que aunque responden a diferentes órdenes arquitectónicos denotan una preferencia por diseños de vanguardia, tanto por la simplificación de las formas como por los materiales que se emplean. En este periodo es que se generaliza y se hace notar la aceptación y preferencia de los matanceros por el Art Déco en las construcciones funerarias.

Es así que se generaliza la construcción de nuevos sepulcros familiares que utilizan materiales producidos por fábricas y talleres locales que abaratan los costos. Ante esta posibilidad, las placas o planchas de mármol son ampliamente utilizadas para cubrir las paredes de las tumbas.

Las sepulturas Art Déco aunque emplean viejos códigos en la concepción de esta tipología arquitectónica, muestran la adaptación de las mismas al nuevo estilo, tanto en el diseño como en el uso de piezas del arte funerario, tales como esculturas y vasos.

El empleo de esculturas con fines decorativos disminuye en esta etapa y la preferencia por la utilización de líneas rectas y formas compactas se hace evidente, imperando la predilección por la geometría en los diseños de las nuevas construcciones.

Por consiguiente, conjuntos horizontales y verticales de líneas rectas bien marcadas se suceden en la Necrópolis, se recurre a remates terminados escalonadamente donde se emplea el mármol en lo fundamental en tonos blancos y grises, reservando para los interiores en el caso de los panteones, los tonos rosas y matizados, entre otros. También son utilizados el granito, y el bronce como metal preferido por su belleza y resistencia.

Las tipologías de enterramientos más frecuentes que recurren al Art Déco en la necrópolis matancera son las tumbas y los panteones. En la primera de ellas es bien marcado el estilo en la cabecera, mediante elementos escalonados en dos niveles con gran sentido de horizontalidad, donde el bloque central sobresale sobre los que se ubican en ambos lados, siendo un diseño repetido en San Carlos.

En las decoraciones, las esculturas que se inspiran en elementos de la flora se caracterizan por delineaciones geométricas que aparentan solidez y dureza; pero con marcado sentido de movimiento.

En contraste con la arquitectura civil y doméstica yumurina, el cementerio matancero nos ofrece exponentes puros dentro del estilo, cuyas características se manifiestan tanto en planta como en elevaciones, y en los materiales que emplea.

Esta primera incursión en el tema permite conocer aspectos de esta tipología constructiva dentro del Art Déco en el cementerio de San Carlos, a la vez que contribuye al conocimiento del patrimonio cultural inmueble de la “Atenas de Cuba” y en específico del atesorado en el área que ocupa el campo santo yumurino, patentizando la necesidad de su rescate y conservación para el conocimiento de la actuales y futuras generaciones de matanceros.

 

CONCLUSIONES

Entrado el siglo XX, Matanzas abrió las puertas al Art Déco, invadiendo este último todos los ámbitos de la vida cotidiana representada a través de diversos exponentes. El Art Déco se desarrolló en la ciudad de Matanzas a mediados de 1930.

Dentro del universo de exponentes identificados para este estudio, se utilizaron 182 piezas de artes decorativas, 155 de arquitectura, 15 de ellas correspondientes al arte funerario.

De manera general el Art Déco en la ciudad de Matanzas carece de algunos de los elementos característicos del estilo; no obstante se reconoce como tal por apropiarse del espíritu del movimiento.

El auge del Art Déco en la Ciudad estuvo influenciado por el desarrollo comercial alcanzado en la Ciudad en la primera mitad del siglo XX.
El estudio contribuyó al inventario y catalogación de 337 piezas.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Autores:

MSc. Justa Bielka Cantillo González

Arq. Adriana Mercedes Galup Martínez

MSc. José Manuel Hernández de la Cruz