Arte ReligisosoEl arte religioso si bien ha sido abordado en sus diferentes aristas, ya sea desde el punto de vista funcional a partir de su proyección ideológica o, desde su tratamiento artístico, donde se ha tenido en cuenta, entre otras cuestiones, el estudio iconográfico para su decontrucción semiótica, aún queda mucho por investigar en cuanto a este tópico.

La arquitectura como espacio que posibilita la confluencia de las artes en disposición de la religión, es una de las expresiones artísticas de gran significación en la historia del arte occidental. Destacan además, las artes plásticas como una de las manifestaciones que más ha aportado a la evolución y desarrollo de la religión. Sobresalen en este sentido, la pintura y escultura como enunciadores directos de las doctrinas imperantes en las distintas denominaciones.
 
El presupuesto fundamental del Renacimiento, el Humanismo, acortó la distancia entre el hombre y el conocimiento y, para ello, utilizó al arte como mecanismo efectivo para consolidar la fe sin necesidad de amedrentar y castigar, sino concederle a los fieles la documentación del progreso científico y artístico a través de la gracia de Dios.

El arte sacro a diferencia del denominado religioso,[1] tuvo un descenso durante este período, aunque hay que reconocer que durante el Cinquecento dos de sus figuras más representativas, Da Vinci y Miguel Ángel acudieron a la reproducción del culto de lo divino y sagrado, las que se pueden evidenciar en el óleo de la Última Cena y los frescos de la Capilla Sixtina correspondientemente.
 
El arte islámico por su parte desarrolló una vertiente estilística muy diferente a la occidental, en la que se corrobora una síntesis representativa a través de símbolos y formas primarias, comoelementos geométricos, florales arábigo y caligráficosdonde se encuentra exenta la plasmación física. Se enfoca la esencia espiritual, sin detenerse en el relato histórico mediante la ilustración naturalista; en la que se expresan conceptos, como la naturaleza infinita de Dios; utilizándose simbologías que promueven la concreción ideológica manifestada.
 
RelicarioEn el paleolítico superior, las prácticas animistas, mágico-religiosas fueron concebidas por razón de representaciones rituales y objetos esculpidos con interesantes motivos escultóricos. En el denominado arte mueble o mobiliar aparecen diversos significantes artísticos que apuntan hacia una genuina estilización, teniendo en cuenta que se trata de los primeros atisbos litúrgicos de esta etapa de la humanidad.
 
En la antigüedad destacaron numerosas civilizaciones como Egipto, Grecia y Roma que concedieron suma importancia a los objetos mágico-religioso en función del desarrollo y prosperidad cultural y político de sus culturas. Luego, con la evolución del cristianismo tuvo lugar un florecimiento del arte religioso, el cual se vio promulgado aún más en el catolicismo. En este aspecto es válido detenernos en los diferentes objetos litúrgicos que han servido como arquetipos de configuración litúrgica dispuestos para la comunicación entre Dios y sus fieles. Resultan significativos los denominados relicarios[2] y custodias[3] que poseen, en algunos casos cierta similitud estética y, a veces también funcional.[4] Es por ello que en ocasiones encontramos relicarios que contienen el mismo tratamiento estilístico que las custodias, en las que se pueden apreciar elementos estructurales de apariencias similares como el viril y el astil. Sobre todo, cuando esta última no se encuentra diseñada para portar la hostia consagrada, que en ese sentido sería un ostensorio; se utilizan más bien como protección y complemento decorativo en función de la reliquia expuesta. Las custodias, por su parte, concentran rasgos decorativos muy interesantes y diversos. Uno de los elementos  comunes es la representación del sol cercado por rayos o radiantes, tipología adoptada a partir del siglo XVII.[5] Los relicarios católicos aportan distintas morfologías que van desde lo meramente esquemático en forma de urnas o, configuraciones arquitectónicas teniendo en cuenta el sentido expresivo de la época. Este particular se manifiesta en algunos ejemplares con dimensiones monumentales propias de la estética y proyección artística del siglo XVII; así como también, dispuestos con una notable sobriedad neoclásica -finales del siglo XVIII hasta el primer cuarto del siglo XIX.[6] Estas relaciones morfológicas entre relicarios y, sobre todo, custodias procesionales,[7] responden hasta cierto punto a un accionar litúrgico y estilístico que manifiesta una complementación funcional de gran importancia en el ejercicio ritual.
 
RelicarioCuando los relicarios católicos son mostrados a manera de urnas tienen otro tratamiento de proyección artística como elemento de apoyo a la exhibición de las reliquias. Por lo general, en estos casos, se utilizan para depositar fémures alargados y, no precisamente reliquias ex-carne,[8] que sí se depositan en relicarios de otras tipologías.    
 
En las representaciones religiosas africanas encontramos exponentes de una fuerte voluntad funcional muy relacionadas a los preceptos comentados en un principio. Los denominados relicarios africanos poseen dentro de sus fundamentos morfo-conceptuales, una serie de elementos ideológicos y artísticos que operan coherentemente en la veneración a sus ancestros. Para ello utilizan las reliquias del linaje familiar,[9] los que son resguardados en una especie de cajas o canastas que pueden ser cilíndricas, redondas, cuadradas o de otras formas llamadas bwete.[10]


Los más conocidos dentro de la representación tradicional africana subsahariana son los guardianes de relicarios Fang Eyema-Byéri y los Kota.[11] Estos últimos presentan diferentes tipologías o estilos que responden a diferentes áreas o regiones donde están emplazados los Kota, como, los Mahongwé o estilo cobra,[12] Mbulu-Ngulu, Ndassa y Obamba. Ambas representaciones religiosas, tanto los Fang como los Kota emplean a estos guardianes muy estilizados artísticamente para custodiar las reliquias de los antepasados, los cuales son empotrados de forma vertical sobre la caja o canasta que contienen fragmentos óseos del difunto consagrado. Los Eyema-Byéri presentan una morfología figurativa, al contrario de los Kota; sobre todo, los Mahongwé, qué por su constitución ideostética, proyectan una abstracción de las formas, con una síntesis sorprendente del discurso ideológico que se ha de trasmitir a la comunidad. Estos dispositivos de fuertes simbologías que comunicará el difunto a través del relicario,[13] están en coordinación con los presupuestos de acción divina de protección y estabilidad hacia los fieles del clan.[14] La rigurosa custodia del relicario, mediante la estilización del guardián, siguiendo las diferentes normas estilísticas posibilitará que las fuerzas del mal no molesten al difunto.[15]
 
RelicarioResulta interesante la cercanía conceptual existente entre las diferentes tipologías de relicarios de diferentes culturas, donde destaca con gran significación, aquellas realizadas para las manifestaciones litúrgicas católicas y las africanas tradicionales. Aspectos como la protección, apología y exhibición de las reliquias de los difuntos más significativos en cuanto a la categoría espiritual, ya sean los santos de la iglesia, en el ejemplo católico o, los ancestros del linaje familiar cuando se trata del caso africano, fungen como unos de los elementos que con gran representatividad, influyen en esta analogía. El hecho de potenciar y enaltecer la reliquia como unidad sagrada que le favorece desde su exhibición, fuerza, respeto y consagración, representa una trascendental voluntad de exaltación a quienes tributan al equilibrio espiritual del entorno religioso y cultural que les conciernen. Las muestras de relicarios y custodia católicas y africanas que hacen presencia en esta exposición, responden a estos presupuestos.
 
Algunas de las disconformidades que pueden apreciarse entre estas dos tipologías culturales, mediante la adoración a sus santos o ancestros y, a partir de sus representaciones de conjuntos de relicarios, en la cual se valora su tratamiento artístico, apuntan hacia su estructura compositiva. Es decir, cuando analizamos un relicario católico y lo comparamos con uno africano, nos enfrentamos a una problemática de fuerte complejidad estética desde el punto de vista formal. En primera instancia, el ejemplar católico presenta ciertos elementos constructivos que le proporcionan a la pieza la integridad visual como concepto, o sea, la reliquia depositada dentro del relicario y todos los componentes decorativos que le otorgan a la pieza prestancia y solemnidad, conforman un todo. Los relicarios africanos, en especial los que se muestran en esta exposición, defienden un presupuesto otro a partir de su composición estructural; los guardianes de relicarios colocados encima de la caja  o cesta que contienen las reliquias aparecen concertados como piezas independientes, pero que a su vez  se integran a la  estructuración espacial de la pieza.  
 
Con esta muestra pretendemos establecer una conexión entre los principios investigativos arte-religión a través de muestras de relicarios de culturas muy diferentes; donde se caractericen, evalúen y definan los nexos o límites entre los relicarios católicos y africanos, partiendo de su configuración primaria como objetos litúrgicos y estéticos. Así como, sus relaciones como representaciones que responden a acciones ideológicas distantes; pero con articulaciones funcionales muy interesantes que permiten ser considerados dentro de esta propuesta expositiva. De igual manera ponemos en consideración la correlación cultura/arte-ideología, entre los que se han cuestionado los valores estéticos que emanan a partir de la creatividad plástica de los objetos litúrgicos, que desde tiempos inmemorables proyectan problemáticas diversas relacionadas con la legitimación que entrelazan al concepto artístico con el religioso. De esta manera confiamos en el juicio y sensibilidad del espectador, permitiendo así, la posibilidad de justipreciar la muestra que exhibimos, en aras de la satisfacción del conocimiento y su promoción.                                               


[1]El arte sacro  a diferencia del arte religioso que presupone la representación del amor y fe en Dios, ofrece además de las características del segundo, la representación del culto a lo divino. Entre las escenas pictóricas sacras más representativas del arte occidental encontramos la representación de la resurrección de Jesucristo y la Virgen María.
[2]Deviene de la palabra reliquia puesto que el objeto resguarda huesos o fragmentos de estos. En un principio se construyeron pequeñas, pero luego alcanzaron dimensiones y estilos considerables. Para poder ser observadas sin ser palpadas se les adicionaron vidrio en el lugar donde se deposita la reliquia, además de favorecer  su conservación como objetos sagrados. 
[3]Existen custodias con dimensiones extraordinarias que por ser tan grandes y pesadas no son manipuladas por los sacerdotes en la eucaristía.   
[4]Esto se pone en evidencia en las custodias que están destinadas a las procesiones, la cuales son excelentes trabajos orfebres y donde en ocasiones se colocan en su conjunto, reliquias importantes del santo(a) exaltado en la procesión.
[5]Para más información ver documentación especializada en los fondos de inventario del Museo de Arte Sacro y Basílica menor del Convento de San Francisco de Asís de la Oficina del Historiador de La Ciudad de La Habana. (Inédito)
[6]Ídem
[7]Las custodias de procesión están muy relacionados con los relicarios; pues su trabajo orfebre de un interesante valor artístico está encaminado a la acción de peregrinación donde se exalta a un santo(a) determinado, el que permite además, la inserción de reliquias.
[8]Las reliquias ex–carne, como su nombre indica, se trata de una muestra de carne o piel de la persona fallecida devota por los fieles católicos  y depositada en el relicario para ser expuesta.
[9]Entre las reliquias utilizadas en este ejercicio ritual se hallan fémures, cráneos y otros elementos óseos.
[10]Los bwete van a resguardar los restos del linaje familiar, sobre todo, aquellos pertenecientes a los jefes del clan que van a mantener el equilibrio y prosperidad de la tribu.
[11]El área geográfica que comprenden la actual República Gabonesa y República Democrática del Congo (ex Zaire) es donde están más esparcidos los pueblos Kota y Fang. 
[12]Los relicarios de estilo Mahongwé también designados como estilo cobra por su semejanza con este reptil, resultan importante por el uso de la iconografía artística, dentro del arte tradicional africano. 
[13]En este caso se entendería como relicario a la reliquia custodiada por el guardián.
[14]Para más información ver: Alvarez Pérez, Yoan. Continuidades: Revisitado el arte africano. Acercamiento a la colección de arte tradicional africano del Museo de Arte de Matanzas. Libro en proceso de publicación por la Editorial Aldabón.
[15]Ob.cit. 

Por: Yamila Gordillo y Yoan Álvarez

Especialistas del Museo de Arte de Matanzas.