Peces de bajo fondoCon Peces de bajo fondo, Eduardo Pino ha trazado una línea ascensional en su trayectoria poética. Es este un libro de catarsis, confesional, cuestionador, que se nutre de la imagen arrancada con ímpetu a la vida. El poeta arma su cuerpo a partir del grito o del murmullo percibido en los límites de la noche, en los espacios marginados. Poesía de certidumbre y duda; miedo y audacia, para ser leída con el ojo de la nuca que descubre y vela nuevamente, en un acto de resurrección, los misterios del ser.

 

DECLARACIÓN DEL CUERVO

Tú también quisiste ser la pirámide
que comió de mi nido en las alturas
una pirámide invertida.
Sostén ahora los puntos cardinales
hoy que tenemos en común el mismo animal
en el fondo del estanque.
Apagado puedo ser la llama que no muere
en el vientre tengo una cereza oscura vigilando
un desorden en el olvido.
¿Qué saliva nutrirá la casa de los locos?
¿Qué signos pondré con los creyones en tu cuerpo?
Si conozco el temblor en las ventanas

el rechazo de los puertos
y no basta multiplicar por dos estos tatuajes
estas ganas de ser la criatura
que retoza en el orgasmo
con los ojos inmensos de la abuela.
Camino sobre esta pirámide
advierto que los dioses están patas arribas.
Miro de frente al cuervo que me acecha
sostiene la pirámide en sus alas
me seduce con un trago de vinagre.

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EXTRAÑO PERFIL DE MIS AMANTES

Tengo miedo de los hombres que me asechan
en otros tiempos ellos tuvieron vida
anidaron en mí como una doblez de la memoria.
En cada imagen exorcizo sus alas
me nombro para ahuyentar el bautizo de mis sueños.
Ellos se vuelven dentro de mí un otoño diminuto
cómplices que aguardan detrás de las cadenas
con la revelación del susto amasando la arcilla.
Sobre el amor
la mano abarca un animal.
Sobre el amor
huyen sobre cogidas las palabras
gestos al descuido
mientras me abrazo torpe.
Al asomarme descubro sus sábanas oscuras
donde esconden sus ritos a los que no regreso
por vergüenza o por un extraño maleficio.
Hay trampas ahuyentando mi piel
que es casi un vicio del verdugo.
Ellos danzan desnudos olvidando los espejos
cristales que devuelven sombras sin contornos
hambrientos pájaros que exhiben otro pico.
Los amé de espalda
prefiriendo sus sombras
de frente
sin detener mi grito
y tuve que conformarme con su perfil
como una contraseña.

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CIUDAD SIN PORTALES

Decido buscar la exquisitez del árbol
para vengarme de esta máscara a mi favor
con una piel de oficio
y todas las rutas apuntan los veleros.
Dibujo una escultura decapitada
que se fuga de mí entre la niebla.
Esta sutil inercia sirve de fondo al horizonte
alza los brazos sin testigos del desastre
no obstante me quiebro y floto sobre el muro.
Nada vale
ni esta doble condición de ser espejo
la visión del leño
cuando arde y se responde.
Hacia qué rincón irá la pesadumbre
de esta ciudad sin portales
si me desangro en la fragilidad de un aroma.
Este pudo ser un lugar común
pero faltó la mano que oprime.

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TATUAJES DEL CUERPO

Nada puede salvar esta profundidad.
No volveré a ser la línea continua
que conforma un rectángulo para detener mi grito.
Hay puertas en eclipse
donde el mundo es inmóvil
y todo veneno es disfraz
el cuchillo de un forastero con los labios rotos.
Nuestras calles adornadas de pájaros hambrientos
despiertan la fauna que me asusta.
Me miro haciendo una ronda
la rueda del suicidio se agiganta
y es un abrazo cierto este olor a tierra mojada
cayendo en el retablo de la magia.
Inventé mi cuerpo con hojas insaciables
mi sombra fue la amazona que amaba la rutina
como un pulpo dormido.
¿De donde soy?
¿De qué origen provienen
estas aguas de sabores diversos?
Si estoy atado con los ojos del aire
y la fugacidad de las huellas
calcinadas sobre la arena.
Fue necesario repartir tu ausencia
que comieran de ella los muros
que ardieran las palabras
mientras resbalaban las sombras.
Te alejaste y tu transparente soledad
repitió mi nombre de criatura maltratada
¿Quién dijo que huir era llegar a ser crisálida?
Ni siquiera un vuelo
ni siquiera la certeza de un vuelo.

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Eduardo Pino: Poeta