Por la pazTodo comenzó en Arecibo, una ciudad del norte de Puerto Rico, donde hace varias décadas había teatros, comercios importantes, hoteles, restaurantes y fábricas. Figuras de renombre como la anarquista Luisa Capetillo y el dramaturgo René Marqués vivían y escribían allí. Pasó el tiempo, se transformó la economía, se construyó la autopista que la circunvala, y desapareció alguna gente. Pero se quedaron los arecibeños solidarios. Y se quedó la universidad, la UPRA, uno de los recintos del sistema de educación superior de excelencia del país: la Universidad de Puerto Rico.

En noviembre del 2012 un grupo de jóvenes vinculados a la universidad comenzó a bordar por la paz. Luciana Barreras lanzó la convocatoria, abrió un grupo en Facebook (Bordados por la Paz- Puerto Rico) y se empezaron a reunir por las tardes en El Buen Mesonero. A la luz de las bombillas y las antorchas contra los mosquitos que les pone el señor Faría, dueño del establecimiento, bordan en grupo. Bordan y conversan. Bordan y meditan. Bordan e idean proyectos por la paz. Pasitos de Paz para México y Borikén.
 
En enero de este año me invitaron a que los visitara y tuve el privilegio de conocerlos y verlos concentrados en su trabajo. Estaban Luciana, escribiendo en el pañuelo; Rafael, aprendiendo las puntadas; Sandra dibujando; Jairo y Sonia bordando sin parar; y Rodolfo practicando su magnífico punto japonés.
 
Les expliqué que en San Juan se habían juntado unos amigos para bordar las historias de las mujeres asesinadas por sus compañeros, es decir, las víctimas de la violencia doméstica. Y se sumaron entusiasmados a la iniciativa que se propone bordar retrospectiva y sistemáticamente a las víctimas desde el 2012 hasta el año 2008 cuando, debido a una desacertada decisión política, se dispararon los asesinatos.
 
Días antes me había reunido con el grupo de San Juan. También al atardecer y  junto a la playa de Isla Verde, vi cómo unos desempolvaron sus destrezas del punto atrás y el “petit point”, mientras otros aprendían rápidamente. De nuevo tuve la fortuna de presenciar cómo bordaban y cantaban. Bordaban y compartían experiencias. Bordaban y meditaban con las olas que se escuchaban de fondo. Berta eligió rendir homenaje a Aida Ivette Cruz Ortiz de 47 años. La conocía pues fue su secrretaria. La mataron la noche del Sábado de Gloria en Villa Alegre. Isabel prefirió a las más jóvenes: Thalia Luz Davila y Dayaneris Delgado Lopez de 17 y 18 años, una apuñalada y la otra asesinada de un tiro en la cabeza. Ismael se lanzó con seis hebras para bordar en grande a Lynmarie Rosado Rueda, violada y estrangulada por un cliente de la compañía de seguros donde ella trabajaba. Mariángel eligió a Soliani Izquierdo Muñoz de Lares, cuyos dos hijos, de 17 y 6 años, al ver su cadáver, alertaron a las autoridades. Isolda eligió a una madre y su hija: a Rosa Cruz Lugo y Agar Márquez Cruz, asesinadas en la floristería donde trabajaban. Y yo, primero a Carmen González Nieves, a quien atacaron con un cuchillo y luego con unas tijeras en Puerto Nuevo; y a Joel Alexis Pérez Sierra, el hijo de Lioneli Sierra, una de las enfermeras que cuidó a mi padre en el hospital del Auxilio Mutuo de Hato Rey.
 
Desde entonces el grupo ha seguido expandiéndose. Se les unió Chiqui bordando con hilo blanco sobre un lienzo rojo el asesinato de Jesenia Martínez de Vega Baja, cuyo agresor le disparó a la cabeza; Lola, con Bethzabé Cardona Cruz de 33 años, quien murió acuchillada frente a sus cuatro hijos. Pablo, quien está bordando a su amigo de infancia, el joven chelista de 18 años Orville Ortiz asesinado por un niño de quince años.
 
Los Bordados por la Paz no se circucriben a la isla, sino que desde la solidaria Guadalajara, Teresa y su esposo y Geovana Hernández bordaron dos casos puertorriqueños. Frente a la solidaridad mexicana, Jairo Arce ha pedido la lista de asesinatos en Guadalajara, para también bordarlos. Además Cuba se unió a la iniciativa e Isela Fraga bordó en Camagüey el asesinato de Gladys E. Torres Rodríguez, de Ponce.
 
Ya se terminaron de bordar las historias del 2011 y 2012. Bordadores y bordadoras comenzaron con las víctimas de la violencia doméstica del año 2010.
 
Isabel Parera preparó un inmenso tapiz rojo, combinando varios tipos de punto, con los nombres de las víctimas de los crímenes de odio en el país que se me mostró en la Fiesta del Orgullo Gay en San Juan. Los Bordados por la Paz –que ya abarcan feminicidios, crímenes contra la comunidad LGBT y los nombres y apellidos de nuestros amigos queridos y asesinados– se exhibieron por primera vez el sábado 8 de junio, durante la Asamblea Anual de Amnistía Internacional en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey.
 
La bola de nieve en el frío caribeño sigue creciendo. Están todos invitados a unirse a los Bordados por la Paz. Sólo se necesitan hilos rojos, tela blanca y un corazón.

Por: Marithelma Costa
Poeta, narradora, profesora y ensayista puertorriqueña, reside en NY.