Rita LongaSantiago de Cuba, Ciudad Héroe –o Heroica, prefiero decir- de la República de Cuba, cuna del Titán de Bronce y de tantos otros que a lo largo de la historia patria alcanzaron esa dimensión, ofrece un patrimonio extraordinariamente rico en cuanto a desarrollo de las artes plásticas en general y a la escultura en particular, de manera sostenida y consistente desde las últimas décadas del siglo XIX, aunque como casi siempre suele ocurrir, la pintura, el dibujo y el grabado exhiben un mayor y variado desarrollo que el propio arte de modelar o tallar durante todos esos años.

La tradición artística santiaguera se remonta, con obra conocida, a finales del siglo XVIII con la Virgen de la Luz, de Tadeo Chirino, primera obra pictórica realizada por un criollo, en Cuba. La temática religiosa ocupa la atención de quienes aún no se sabían artistas y satisfacían las necesidades de un culto religioso que dependía de la representación iconográfica. Estas obras, realizadas sobre diversos soportes, fundamentalmente sobre tablas, cumplieron su cometido a la perfección. Análogamente, la escultura estuvo en función de la práctica religiosa, dejando como muestra de ello la imaginería de los retablos, que aún se conserva en algunas de nuestras iglesias, a mano de artistas anónimos, en su mayoría.


Con la fundación de la Academia de Pintura y Dibujo Príncipe Alfonso en 1859, 4 décadas después que San Alejandro, los santiagueros pueden dar riendas sueltas a sus aspiraciones artísticas, a pesar de los avatares que sufre la institución. No obstante haber sido en los primeros tiempos una “triste apología de una escuela de arte”[1], como le llamara el artista inglés Walter Goodman en su delicioso libro Un artista en Cuba,  la academia desencadena múltiples acontecimientos de carácter cultural, como la exposición de 1864 que Emilio Bacardí recoge en sus Crónicas…, en la que se destacan obras de los insignes artistas santiagueros Federico Martínez Matos, Joaquín Cuadras, Baldomero Guevara, José Uranio Carbó, Buenaventura Martínez, y el propio Goodman.

Los primeros años del siglo XX transcurren en medio de una conmoción cultural sin precedentes en la ciudad, la cual vive una etapa de florescencia no sólo de las ilusiones cercenadas con los acontecimientos recién ocurridos –la intervención oportunista y falaz de EU en la guerra de los cubanos – sino en las soluciones que en el plano material se dan a las pretensiones de la ciudad de modernizarse, de ponerse a tono con el nuevo siglo. Quería a toda costa dejar atrás una imagen de atraso, que la abulia de los poderosos había marcado como con huella indeleble. En el plano intelectual, reaparece, con pujante fuerza, la potencialidad que encierra la localidad: clubes, organizaciones, centros culturales, en los que se aglutina la fuerza del pensamiento regional. La labor de Emilio Bacardí Moreau como alcalde de Santiago de Cuba marca un hito importante en estos empeños[2].

El desarrollo urbano, el valor que adquieren las áreas de esparcimiento o parques públicos, las instituciones que se crean para impulsar la prosperidad local son características de la etapa. El Ateneo de Santiago de Cuba, la Sociedad Artística de Oriente, la Escuela de Arte, la Sociedad Filarmónica, la Institución Hispano- Cubana de Cultura de Oriente, la Asociación de Pintores y Escultores de Oriente, son algunas de las entidades culturales de alto vuelo que se fundan entonces. Una pléyade de artistas, pertenecientes a tres generaciones, vuelca todo su talento y creatividad en exposiciones colectivas, dándole un brillo inusitado a la actividad artística de la ciudad. Otros, procedentes de tierras cercanas, se suman a ese empeño, inspirados por la febril actividad creativa.

En el despliegue de pintura académica durante estos años–que se desprende, fundamentalmente, de la labor del Maestro José Joaquín Tejada al frente de la institución- el tema más tratado por los santiagueros es, en una cuantía sorprendente, el del paisaje urbano y rural. Luego, el retrato, los bodegones o naturalezas muertas, y las cabezas de estudio, por señalar los más sobresalientes. La  caricatura también da a conocer sus cultivadores, entre los cuales se destacan los santiagueros Félix B. Caignet y Eligio Calzado Bravo.

La Asociación Artística
de Oriente[3] que se funda en 1921, garantiza desde entonces una exhibición anual de artes plásticas. El sitio de exposición, como expresa la carátula de cada catálogo, es la Casa Heredia, entonces sede de la Academia de Bellas Artes. Rodolfo Hernández Giro[4] es el más prolífero de los artistas santiagueros en las tres primeras décadas del siglo pasado, cuya obra, de diversos géneros, se presenta de forma abrumadora en los salones celebrados en 1923, 1924, 1926, 1929 y 1935: 20 esculturas de un total de 34 le pertenecen. Sus temas: “Anhelos”, “Alegría“,”Saliendo del baño”, “Pudor”, “La Patria”, “Cabeza de negro”, “El olvido” y numerosos bustos de patriotas, medallones y plaquetas. Presenta sus esculturas en yeso patinado, madera o en bronce fundido[5]. Otros dos escultores hacen presencia en estos salones: en 1929, Jesús Geraldes, con 6 obras, y en 1936, Raquel Rosell Planas, con 8. Del primero, 4 bustos y 2 medallones, y de la segunda, bustos y cabezas, entre los que se destacan, como en Rodolfo, el estudio de las cabezas de negros, que tantas posibilidades plásticas por expresivas, poseen. Otros escultores contemporáneos destacados son Lucía Victoria Bacardí Cape[6] y Alberto Sabas Muguercia[7], aunque no aparecen sus obras en los espacios mencionados.

Entre los años 1931 a 1958 se producen otros acontecimientos ligados a las artes plásticas y su desarrollo que impulsan el quehacer escultórico de la ciudad. Lo más relevante es la creación, en 1935, de la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Oriente, que en 1945, se convierte en la Escuela Provincial de Artes Plásticas “José Joaquín Tejada”.Con el trabajo escultórico de  artistas como Mario Santí García, Teresa Sagaró Ponce, Ismael Espinosa Ferrer, Jaime Soteras, René Valdés Cedeño,  Rodulfo Ibarra , Berta Bonne,  devenidos profesores, la ciudad puede ostentar obras producto del talento de sus hijos o de otros, que se convirtieron en hijos adoptivos de la misma, por ser el entorno que escogen para su trabajo profesional. También define esta etapa la realización de obras escultóricas no sólo a patriotas de nuestras guerras independentistas, sino a personalidades de relieve nacional y local cuya labor fue desarrollada en los primeros años de la república, en estos podemos mencionar a Emilio Bacardí Moreau, Elvira Cape Lombard, Germán Michaelsen, José Bofill Cayol, Sir Lawton Lorraine, Clara Barton ,entre otros.

La pintura propiamente dicha, se mantiene atada a la tradición académica hasta la década de los años 50 del pasado siglo cuando aparece -30 años después que en la capital del país, el Grupo Galería , que nuclea a los jóvenes de la vanguardia artística en la ciudad caribeña .

Según la investigadora santiaguera Mariela Rodríguez Joa, en su libro La escultura conmemorativa en Santiago de Cuba (1959-2000),”la monumentaria en Santiago de Cuba llega a 1959, con una muy bien definida base representacional de códigos formales que, cimentados por el gusto estético de los patrocinadores, funcionaban a nivel colectivo a fuerza de mimetismo y repetición de la figura en pose altiva sobre un pedestal y el sencillo busto ubicado en el área dominante de un parque; éste último era, por lo general, la imagen más cercana al contacto humano y se correspondería con el ideario cívico-patriótico de lo que podría ser la obra escultórica en su carácter conmemorativo ”[8].

Con el triunfo revolucionario, nuevos temas y soluciones estético-artísticas comienzan a transformar la escultura cubana. Santiago de Cuba no está exenta de los cambios que poco a poco comienzan a palparse y es en el año de 1973 en el que, según la investigadora ya citada, se aprecia el despegue de la escultura conmemorativa en esta zona del país. Apunta Rodríguez Joa  varios factores, pero los más importantes son la celebración del aniversario XX del asalto al cuartel Moncada y la acción decisiva del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, entonces Delegado del Buró del Comité Central del Partido en la provincia de Oriente como generador de actividades por la efemérides.
 
Entre la treintena de obras ejecutadas en esa fecha[9] se halla el Bosque de los Héroes, de la autoría de Rita Longa, sito en la Avenida de las Américas, arteria importante del este de la ciudad. Este bellísimo monumento conmemorativo[10] se inaugura el 15 de Octubre, en el VI aniversario de la muerte del Guerrillero Heroico y sus valientes hombres en Bolivia.

Más que detallarlo, que detenerme en los datos técnicos, en sus dimensiones, o en las limitaciones que se le endilgan -por demás ya planteados en los textos consultados- , deseo hacer una lectura de su significado e intentar describir, brevemente,  lo que nos hace estremecer cuando nos posesionamos del conjunto.  El efecto visual que origina el entrecruzamiento de múltiples piezas rectangulares de mármol blanco, la articulación entre ellas,   la invitación que nos hace el conjunto a ser penetrado, – a través de sus escalinatas – luego, a ser recorrido para conocer la información que sobre la guerrilla se nos ofrece a través de diversas soluciones, entre otros valores estético-artísticos, dotan a este conjunto conmemorativo de una belleza incomparable. 

El Bosque de los Héroes es ante todo una elegía en mármol y cantos rodados, un espacio que nos envuelve en la misma dinámica en la que se batieron los guerrilleros: entre el agazaparse y asaltar, entre la quietud y el movimiento furtivo, entre el sol y la sombra. Cuando accedemos a su interior, luego de haber sorteado las aguas de un arroyo cómplice, que adivinamos diáfanas, no teñidas de sangre, entre la breve sombra de poquísimos árboles alusivos a  la naturaleza rala de aquella región, encaramos al destacamento guerrillero, brioso y combativo, al frente del cual se encuentra la figura gigantesca del Guerrillero de América-, simbolizada como la de otros 14 jóvenes- por paneles de mármol blanco. El Che, cuya estatura ciclópea –que 45 años de desaparición física no han mermado- salta de donde ha sido cincelado y se yergue ante la historia para que lo recordemos así: níveo, incorruptible, dinámico e imbatible.

Qué mejor espacio para que esa extraordinaria mujer/artista de todos los tiempos, Rita Longa Aróstegui, a quien la Atenas de Cuba le rinde homenaje en su centenario, diera rienda suelta a su fecunda imaginación y al compromiso que sostuvo con su país desde siempre. Qué mejor sitio que la Ciudad Héroe, marinera y extrovertida, vehemente y colorística, comprometida siempre e irreverente en ocasiones,  para que en ella eternicemos la memoria, dentro de un bosque singular, de los Héroes de la Patria, con el conjunto que a decir de la Dra. María de los Ángeles Pereira, y que suscribo con certeza, es “el más digno monumento guevariano que se haya hecho en escultura”[11].
 
Notas

[1] Walter Goodman: Un artista en Cuba, p. 32.
[2] Vid. María Teresa Fleitas Monnar: La modernización urbana. Santiago de Cuba (1899-1930). Ediciones Santiago, 2011; Aida Liliana Morales Tejeda: La escultura conmemorativa en Santiago de Cuba: 1900-1958. Ediciones Santiago, 2008; Carmen Lemos, Marta Lora e Ibeyis Rodríguez: Vista Alegre en la memoria. Ediciones Santiago, 2007.
[3]Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba, Gobierno Provincial, Materia: Asociaciones.
[4] [4]Rodolfo Hernández Giró (1881-1970) estudia en Barcelona en los inicios del siglo XX junto a su hermano Juan Emilio. Escultor, pintor de paisajes a la acuarela y al óleo, dibujante, caricaturista, músico, dramaturgo, actor y profesor de dibujo de la Escuela Normal para Maestros.
[5]Vid: Lidia M. Martínez Bofill. “La impronta italiana en la obra escultórica de Rodolfo Hernández Giro” en Italia en la memoria santiaguera. Ediciones Santiago, 2011, pág. 69-75 y Aida Liliana Morales Tejeda: Ob. Cit.
[6] Lucía Victoria Bacardí Cape (Santiago de Cuba, 1893-¿?). Escultora, residió y trabajó en Cuba y Estados Unidos. Estudió en Santiago de Cuba con Luis Desangles, José Joaquín y Félix Tejada; en la Academia Julián, París, Francia; y en New York. Ganadora del segundo premio de escultura de la Academia Nacional de Artes y Letras, La Habana. Autora de Hatuey (1915), Francica(1916), El viejo tigre (1930), todas forman parte de la colección de Museo Provincial Emilio Bacardí, Santiago de Cuba.
[7] Alberto Sabas Muguercia (Santiago de Cuba, 1894-Estados Unidos, 1970). Escultor. A partir de 1969 residió en los Estados Unidos. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas San Alejandro. Autor de La Siembra, metopa del Capitolio Nacional, La Habana (1928); Friso de la funeraria Bartolomé, Santiago de Cuba. Vid. José Veigas: Escultura en Cuba. Siglo XX, p. 404.
[8]Ob.Cit., pág.29
[9] Las otras son: Parque-monumento Abel Santamaría Cuadrado, el conjunto de 26 monumentos en la carretera de Siboney, y los monumentos a Guillermo Moncada y José Martí.
[10] Vid. María de los Ángeles Pereira: “La monumentaria conmemorativa en Cuba” en Arte Cubano  no.1, 1997; Mariela Rodríguez Joa, Ob.Cit.
[11] María de los Ángeles Pereira: Escultura y Escultores Cubanos. Artecubano  Ediciones 2005, pág.83.

 


 

Bibliografía
Caballero, Sadie: Historia de la Escuela Provincial de Artes Plásticas “José Joaquín Tejada”. (Inédita).

Catálogo de pintura y escultura
. Museo Emilio Bacardí y Moreau. Cooperativa Estudiantil Oriente. Santiago de Cuba. 1959.
Fleitas Monnar, María Teresa: La modernización urbana. Santiago de Cuba (1899-1930). Ediciones Santiago, 2011.
Lauderman Ortiz, Gladys: Factores estilísticos de la escultura cubana     contemporánea. Empresa Editora de Publicaciones, La Habana, 1951.

Lemos, Carmen y Marta Lora e Ibeyis Rodríguez: Vista Alegre en la memoria. Ediciones Santiago, 2007.

Martínez Bofill, Lidia M. et al: Italia en la memoria santiaguera. Ediciones Santiago, 2011
Morales Tejeda, Aida L.: La escultura conmemorativa en Santiago de Cuba: 1900-1958. Ediciones Santiago, 2008
Pereira, Maria de los Ángeles: “La monumentaria conmemorativa en Cuba”, en Arte Cubano, #1, 1997, pp. 9-16.
 
_______________________: Escultura y Escultores Cubanos. Artecubano Ediciones 2005.
Pérez Cisneros, Guy: “Pintura y Escultura en 1943”, en Anuario Cultural de Cuba, La Habana, 1943.
Rodríguez Joa, Mariela: La escultura conmemorativa en Santiago de Cuba (1959-2000).Ediciones Santiago, 2009.

Serra Badué, Daniel: “La escultura en la exposición del Club San Carlos”, en Diario de Cuba, miércoles 24 de marzo de 1943, p.7.
Vázquez Ayarte, Antonio: Santiago en la mirada. Testimonio del pintor Antonio Ferrer Cabello. Ediciones Santiago 2007.
Veigas Zamora, José: Escultura en Cuba. Siglo XX. Fundación Caguayo, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005.
_______________: “La escultura en Cuba: ¿hallará la salida?”en: Revolución y Cultura, # 98/1980, pp. 41-47.

 

 


Por: Lidia Margarita Martínez Bofill
Profesora Titular y Consultante.Departamento de Historia del Arte, Facultad de Humanidades.
Universidad de Oriente