CalibanRoberto Fernández Retamar contó que escribió Caliban[1] como quien escribe un poema. No es extraño que así haya sucedido. Ya sabemos que la poesía es el arte de ver y escuchar con toda concentración. Y en este ensayo Retamar presta oídos y advierte con una profundidad tal que mirada y escucha se convierten en un evento casi imposible de comunicar a los otros. Para lograrlo sólo era  viable hacerlo desde un acto poético que pudiera apropiarse del personaje de La tempestad para cambiarle el decorado y traerlo a la modernidad, convirtiéndolo en una actitud y una condición conceptuales.

Caliban no solo sobrevive, sino que se reconstruye y enriquece con la relectura creativa del poeta y ensayista cubano que lo erige en la voz de los excluidos, el símbolo de los colonizados. El Caliban de Retamar nacido en 1971, Año Internacional de la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial, y del cual ahora Vigía publica un fragmento, se convirtió desde el primer instante en un referente obligado para los pensadores latinoamericanos y del mundo.  

 

A juicio de Hernán Loyola, es considerado a justo título, y más allá de sus connotaciones militantes, como un hito fundamental -o, si se prefiere, como una referencia ya ineludible- en la reflexión actual sobre el estado de la cultura en el espacio latinoamericano.Comparado con “Orientalismo”, de Said, por la rigurosa observación histórica y filosófica, prontamente se alzó en lúcida advertencia y en  importante voz para nombrar el caos, en la ocasión justa para quienes heredaron una historia, un patrimonio donde sus nombres no aparecían por ningún lugar.

RetamarA partir del texto de Retamar, los borrados empezaron a ser su propio y más importante acontecimiento. Caliban se convirtió en el símbolo de las estrategias del subalterno, en todo aquello que no puede tener naturaleza doble y que había nacido en los terribles viajes de los barcos negreros que atravesaban el Atlántico.
 
Algunos han visto a Caliban como una especie de espíritu pero nunca deja de ser válido aclarar que más que un espíritu sobrenatural, es una suerte de energía renovadora y cuestionadora que se sostiene en el plano más profundo y significativo de lo humano porque está hecho de los fragmentos mutilados de todos los que han ido a guerras extrañas y a contiendas cotidianas.
 
Caliban es Toussaint L' Overture y son quienes quedaron encerrados en el fondo de la mina en Sudamérica. Es Lumina Sophie, la negra condenada por la insurrección que incendió la Martinica en el siglo XIX. Son los movimientos de Josephine Baker entrando a los lugares de actuación por las puertas traseras. Y es hoy asistir también a la publicación de esa antología que ha venido a reunir, tantos años después, los mejores textos de “Pensamiento Crítico”, la revista cubana que dejó de publicarse justamente el mismo año en que Caliban vería la luz.
 
Un grupo de rock alemán, un personaje de videojuego, un monstruo de novela y más…llevan el nombre de Caliban pero nada de eso se ha convertido en símbolo de la resistencia. Nada de eso ha llevado a los que hasta hace muy poco eran material prescindible a pensar primero en sí mismos, en su posibilidad de contar las historias de la Historia. A Ediciones Vigía las gracias por tener en su catálogo este texto indispensable, a Casa de las Américas el agradecimiento por la confianza, a Roberto Fernández Retamar la fe compartida en este y otros textos, en este y otros momentos del pensamiento independiente y valioso.

 
Por: Laura Ruiz Montes