Casa de la Memoria Escénica: Cuando reviso lo que durante seis meses hemos hecho en la Casa de la Memoria Escénica, rememoro la intensidad de nuestro trabajo. La de mis colegas. En cifras, sobrecumplimos lo que teníamos planificado en el programa cultural, para la etapa que se analiza,  en cada una de nuestras áreas de trabajo: promoción, archivo, biblioteca, actividades, cantidad de usuarios, librería,  asistencia de público a nuestros seis espacios habituales. Los números, aunque  apasionantes, generalmente no hablan de lo que  a veces no  ven los que leen estadísticas e informes: el esfuerzo, el tesón, la pasión.  

 Más de 5 mil documentos -  materiales audiovisuales, libros, catálogos, afiches, boletines, cartas oficiales y personales, programas de manos, fotos y revistas -  fueron donados durante la etapa. Entre ellos los fondos de Mayra Navarro y Freddy Artiles, documentos históricos de Miriam Muñoz; recortes de prensa y la cartelera cultural de la ciudad por Dulce Santiago; fotos y documentos relacionados con La Fiesta de la Colla y los carnavales, por Nemesio Viciedo; libros y revistas, entregados por  Enrique Ríos Prados; materiales diversos relacionados con la historia de la marioneta en Cuba, por Carlos González. También enriquecieron nuestros fondos la UNIMA internacional, España y Norteamérica; la ACIINOE, siempre fieles desde Madrid.

Materiales de artistas de diferentes manifestaciones de Matanzas, Cuba y el mundo. La entrega sistemática de los directores teatrales de Matanzas, como los que me acaba de entregar, hace menos de una semana, Rubén Darío Salazar, de su participación en eventos internacionales del teatro de títeres, en México y China. Grabaciones de paneles y eventos teóricos, entrevistas a personalidades de los cinco continentes, con las cuales hemos ofrecido servicio a agencias de prensa, investigadores y publicaciones teatrales – entre otras -  como la revista Tablas. Un tesoro para un archivista. “Las bibliotecas son la memoria de la humanidad”, escribió Jorge Luis Borges.

Mas 10 mil imágenes videos y fotos, de la escena y la cultura, conservadas para la posteridad. Todo eso hay que clasificarlo, procesarlo; mientras se atienden usuarios, se dan actividades de homenaje, se inauguran exposiciones, muestras del mes y participamos en cada uno de los eventos que suceden en la ciudad y fuera de ella.

Esta profesión, mezcla de muchas cosas – que no aparece aun reconocida, ni quizás valorada -  es además anónima, perdida entre las otras especialidades de la escena. Con una ética, que se aprende en el camino. Con una voluntad de servicio al otro. 

En la Casa de la Memoria Escénica – hoy -  lo hacen solo tres personas, que además ponen el audio, preparan la Sala Estorino, que funciona como espacio de lectura y actividades; reciben y atienden a los usuarios, se venden libros – convenio con el Centro Provincial del Libro -  en cifras – a veces astronómicas e inuasuales.

Pretendo este sea un homenaje a Marien Espinosa, María Isabel Tamayo y Derbys Domínguez, que durante quince días estarán de vacaciones.  Los tres, al pie del cañón, hacen cada una de estas actividades, incluido trabajo comunitario con niños y adultos, artículos para eventos y paneles, presentaciones de libros, ect.

Dice un amigo, que cuando hablo, sobre cualquier tema, todo parece que es una maravilla. Le respondo: Promuevo, y la promoción insiste en atraer público, en iluminar zonas desconocidas; las que pueden incentivar a los que oyen o leen.  Quizás es que soy optimista. Quizás es que soy un soñador. Este espacio en la calle Milanés, es parte inseparable de mi vida, y sé su importancia en el panorama de la cultura cubana.

Conocido por unos; desconocido por otros. Silenciado, por unos pocos.   

Solo sé que en la Casa de la Memoria Escénica hay tres seres que trabajan con profesionalidad y rigor; más allá del silencio habitual de las bibliotecas y de los archivos; reinventando artísticamente los materiales  conservados para el público o sacándolos a la calle, sociabilizándolo. Abriendo la puerta a todos; para que los anaqueles no sean un lugar, cerrado, inaccesible. 

Para algunos no somos ni una cosa ni otra. En realidad, somos una mezcla de muchas; supeditados solo al Consejo Provincial de las Artes Escénicas; lo que es una suerte, porque lo ha hecho posible, lo ha proveído y ha creído en su existencia. Porque nos ha alejado de los dogmas, del burocratismo, de las directivas; que a veces, obstaculizan el fluir de cualquier acto cultural, que debe funcionar sin ataduras.

Existimos; pero somos independientes  de la mayoría de las instituciones a la que – supuestamente -  debíamos supeditarnos, a las que debían acogernos o preocuparse por nuestra existencia. Por suerte, sigo repitiendo.

Existimos, porque trabajamos; porque es imposible negar una institución que lo hace palpable y evidente. Que cada día  - personalidades de toda la isla -  nos donen más materiales, es una muestra de ese trabajo.

Si fuera a hablar de problemas mencionara lo siguientes. Ojala la situación económica, que tanta gente  valiosa se lleva para lugares más renumerados, no los aparte de una institución, donde los escénicos encuentran su casa, que es una imagen de Cuba y un baluarte de la defensa del patrimonio de la nación. Una institución que necesita de la experiencia, del conocimiento – desde la visión del archivista -  de los fenómenos teatrales y  poseer una ética, que se forma durante los años, los obstáculos y los hallazgos de relación con la historia escénica y sus hacedores.  

Ojala tuviéramos un espacio más grande, para conservar todo lo que nos donan.

Ojala el sueño de Ada Díaz, la Cecilia Valdés, del Teatro Lírico de Matanzas, que nos testamentó su casa en nuestra propia calle  para que se convirtiera en un reservorio de la cultura cubana, no se frustre por el egoísmo de otros.

Ojala pudiéramos rescatar las donaciones de Efraín Dávila, que contenían materiales diversos la cultura matancera desde la década del sesenta hasta la actualidad; un asiduo admirador de nuestro trabajo, que murió días antes de hacerlo, en la ceremonia donde teníamos pensado rendirle homenaje por su entrega sistemática de documentos.

Ojala tuviéramos un mejor equipamiento tecnológico, para los miles  de digitalizaciones que realizamos anualmente; para el servicio al usuario, que requiere una institución que en el 2014, cumplirá veinte años de existencia y servicio. Quizás nuestra más grande debilidad, para un centro que maneja  información científica en el siglo XXI. 

Ojala lo que hacemos – por ejemplo – aparezca en las estadísticas y en los intereses de nuestro Consejo Nacional, como logros de los diferentes períodos analizados.

Que no seamos invisibles en un proyecto – viable, eficaz y concreto -  de protección del patrimonio escénico cubano. 

Ojala pudiéramos asistir a los encuentros que cada año realiza la Red Iberoamericana de Archivos de la Escena, de la cuales somos miembros desde el 2008, para intercambiar y confrontar experiencias sobre nuestra labor, donde la nuestra, la cubana, se hace – creo – muy particular.

Ojala pudiéramos optar por la condición de Vanguardia Nacional, para al menos – además del agradecimiento de las personas, de los artistas, de las instituciones – recibir un estímulo moral, que reconozca nuestra existencia y el trabajo de  mi gente, como parte indisoluble de  un sistema, al cual pertenecemos, porque en él vivimos y trabajamos.

Ojala, además de todas las personalidades, instituciones que cada día donan materiales, pudiéramos ser – lo que por méritos, trabajo, experiencias somos – el paradigma de las instituciones  de este tipo, de referencia nacional, proclamada oficialmente, lo que a veces es significativo; la única en realidad de este tipo en una nación como Cuba - ¿es que hay otra con nuestras características, con nuestro sistemático trabajo, con nuestros resultados? -  y de la cual nos enorgullecemos, con la mano extendida a quien lo desee.

Ojala en el segundo semestre hagamos lo mismo o más que el primero. Septiembre se anuncia  como un mes complicado, igual que  todos en el Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Matanzas. Espacios memorias, coloquios, paneles, exposiciones, trabajo comunitario en Guamacaro; colaboración con otras instituciones y organismos.

Cámara en ristre recogeremos la memoria del presente para nuestros nietos; incluso en el Festival Nacional de Teatro de Camaguey. De cuyo evento, como de la mayoría de los que se hacen en Cuba, tenemos  nuestro archivo digital y físico.

“En África cuando un anciano muere es como si se quemara una biblioteca”. Escribió  el intelectual  Amadeu Hampatá. Esa es una de nuestras premisas de trabajo; cuya teoría, se basa en la experiencia; para continuar soñando desde Matanzas, una ciudad,  donde Gener y del Monte, junto a otros,  crearon una de las más importantes bibliotecas de Cuba.

Pues entonces,  Aché, para la Casa de la Memoria Escénica, para mis compañeros de trabajo y para todos nuestros colaboradores en la Isla de Cuba y fuera de ella.


Por: Ulises Rodríguez Febles.
Versión del texto escrito para el Espacio Índice Escénico de Radio 26