"La Habana Vieja me robó el tiempo de la vida;
quise encerrarla dentro de las pétreas paredes
de un museo, y ella, en justa venganza, me hizo
prisionero de sus muros para siempre".

Eusebio Leal, “Regresar en el Tiempo” ( 1985)

 

I. Urbis et Orbi

La Habana de 1982 era una fiesta: una calma jubilosa había reemplazado las tensas jornadas de los eventos migratorios del Mariel. Surgían nuevos hábitos de consumo cultural: los Sábados de la Plaza (de la Catedral) redescubren el valor del trabajo artesanal por cuenta  propia, renace cada noviembre la caminata alrededor del Templete, abre con digestiva resonancia el Mercado Centro (en la otrora sede de la tienda SEARS), y la revista Opina - publicación del Instituto de la Demanda Interna- no sólo celebra un premio "de la Popularidad" sino publica inéditos anuncios clasificados de permutas y ventas.

La ciudad de las Columnas