Por: Alina Iglesias Regueyra

Sensible y preocupado ante la enfermedad ajena, no vio venir la propia. Para él era lo mismo, como para Walt Whitman. Sufría el dolor del mundo y sentía el amor, la tristeza y la esperanza como si lo experimentara todo él, y así lo expresaba en sus versos.

Su poemario Lupus (2016) lo atestigua, del cual ofrezco la última estrofa del poema homónimo:

Eduard Encina, la voz que se queda