Normales los sobrevivientesToda auténtica obra de arte lleva implícita el poder sugestivo, el ser algo más, el dejar interrogantes, exigir a los otros involucrarse sin límite alguno en ella, pero en el caso del texto hiperbreve tal capacidad expansiva resulta esencial, pues es parte intrínseca de la propia naturaleza de ese controvertido género o subgénero literario.

Lograr tal efecto es uno de los requerimientos ineludibles para poder cumplir cabalmente con su cometido artístico. De hecho, mientras en los demás casos esa expansión puede producirse a más largo plazo, incluso en un proceso de rumia que —¿a quién no le ha sucedido?— puede extenderse durante años, en el texto hiperbreve se trata de algo que debe producirse en el mismo instante en que se lee. El texto hiperbreve no es –antes que todo– un caballo de Troya o una bomba de tiempo, sino la granada de mano, la mina plantada en la página en blanco, cuya acción es inmediata. Tan pronto hace contacto con la vista, con nuestro pensamiento, detona, expulsa sus esquirlas, esparce sus esquirlas-palabras, sus esquirlas-ideas.