Frank Abel Dopico

El correo de la noche

Mis piernas van tras el correo de la noche.
Un enemigo tiende su mano miserable, ayuda mi carrera,
luego me hace polvo con su mano apagada.
Las casas huyen grises y una estrella abandona su
casa de la noche
y anda con sus bártulos a cuestas. Una estrella vuelve
a su casa de la noche
y anda por el jardín, medio dormida.
El ciudadano que soy va tras su noticia. Apedreando al que fui.
Quiero saber cómo está Mayra, qué le hablan sus ojos al recuerdo.