Digo rinoceronte y no hay que ir más allá, pienso en la silueta, “maravillosamente mal ejecutada en todas sus partes”, del famoso grabado de Alberto Durero: AD (1515), que descansa en el British Museum.

Sin que los viera venir, como la pezuña armada de un rinoceronte (hincando en la cama donde escribo sin postura, justo cuando el calor comienza su carabineo pastoso, en paralelo –si no es que haciéndome entrechocar– con una sinusitis real), llegaron los audiotextos de Las deyecciones (autoedición, 2017).

Las deyecciones de Youre Merino o Un rinoceronte en mi cam/ra