José Kozer

Premoniciones para finalizar el siglo
        

En lo más crudo del invierno de 1981 encontramos en el único tiesto
              vivo que quedaba en casa
una violeta
minúscula que en pleno día sin sol de sí arrojaba unas sombras
              numerosas que se esparcían por el techo y por todas
las paredes
de la sala, desaprecian por las cuarteaduras y la hendija de las
              maderas, nuestras
niñas
dijeron que se fugarían a los manantiales: no era vivamente todavía la
             voz del hambre ni el diácono de las horas
que llegaban