Habana, 21 de junio  de 18951

Mi querida mamá: en mi poder su deseada del día 18. Por el amigo Sotolongo, que estuvo a verme el miércoles, he sabido de Uds., y me he enterado de que las niñas estuvieron malas.2 Pobres hijitas, que todos los veranos se me llenan de granos. Eso es anemia, y hay que tenerlas bien frescas y darles baños de mar. Dicen que allí hay muchos tiburones. Tengan cuidado, y no dejen de bañarlas.

Aquí estuvo tía Cristina a verme; la pobre sigue como siempre con su brazo enfermo. No puedo creer que eso no tenga cura; lo que sucede es que la miseria en que vive no le ayuda. Me trajo medio peso, que no quise coger, pues al contrario yo quería darle algo. Figúrese el trabajo que le habrá costado reunir medio peso para traérmelo: eso representa para mí mucho más que muchos centenes de un rico.

1Tras los hechos de Ibarra, la familia de Juan Gualberto emigró a Cayo Hueso rápidamente. Hacia allá fueron su madre Serafina Ferrer (1835-1917) y su padre Fermín Gómez (1820-1903); la esposa, Manuela Benítez Mariscal, y los hijos que había tenido con ella: Juan Eusebio (Ceuta, 1882 - La Habana, 196…), Manuela María (Madrid, 1888 - La Habana, 1972), Juana María de la Concepción (La Habana, 1891- 1982) y Alejandrina (La Habana, 1893 - 1971). Fue también María Ana (Ceuta, 1877 – La Habana, 1958), que Manuela tuvo en un matrimonio anterior, y que Juan Gualberto asumiría como una hija más. Junto con todos ellos partirían a Cayo Hueso Dolores (llamada Loló o Dolorita) y Sara Malagamba, ahijadas de Serafina.