Lina de FeriaEn la novela que —según afirma— ha sido su vida, la creación poética está lejos de ser un hecho circunstancial. Aun cuando se considera una artista de inspiración, nada tiene que ver su poesía con fortuitas eventualidades o contingencias aparentes. Lo singular que define a Lina de Feria es, todavía, un misterio que subyace en sus más de 20 libros publicados y en ese carácter transgeneracional que ella advierte en su obra.

Si se le pide definir el sustrato de su permanencia entre las voces más relevantes de la literatura cubana, prefiere apelar, de entre todos los juicios posibles, a un criterio de la Dra. Beatriz Maggi: “Creo que el principal logro está en lo que ella definió como la capacidad de hacer asociaciones muy remotas entre sí. Eso es lo que me mantiene en todas las etapas, porque nunca he participado de la moda. Siempre veo si tiene alguna circunstancia que pueda captar para mí, aunque jamás hago concesiones”.

Desde su primer poemario, Casa que no existía (Premio David de la Uneac, 1967), la crítica reconoció en Lina un auténtico modo de decir que, a sus 70 años, todavía la distancia de esos “soplos de viento” que resultan las tendencias efímeras. El estilo, por otra parte, parece ser la dimensión vital de sus itinerarios de búsqueda.