Nunca he sido una gran seguidora del teatro, ni de matarme haciendo una cola para ver una puesta, lo que si he hecho por una película o un libro. Eso una vez, tragos mediantes, me lo reprochó mi amigo Amadito del Pino.

El mismo que en los años ochenta se fijaba en mis manos y me preguntaba ¿Te sientes mal hoy? y si le decía que no, me decía “Pensé eso porque no tienes las manos arregladas”. La primera vez me tomó por sorpresa la pregunta, después en cada ocasión, le explicaba y siempre me decía “Eres de este mundo intelectual y periodístico, la mujer que más se preocupa por sus uñas”. Era cierto, para mi andar por la calle sin pintarme las uñas era como andar con un roto en el vestido.

Amado del Pino