En los finales del siglo XX –ese intenso período de revoluciones y caídas al abismo– un grupo de jóvenes de la provincia nos reunimos en Colón, liderados por José Manuel Espino, quién  cada cierto tiempo tiene la virtud de renovarse y dejar entrever la chispa del muchacho tras sus ojos. Aquellos encuentros de jóvenes creadores fueron como una barcaza en medio de la tormenta. Las condiciones económicas lijaban la esperanza –circunstancias más que conocidas sobre las que se han hecho múltiples lecturas– Colón se convirtió entonces en una especie de refugio cíclico,  intenso;  breve invitación para reunirnos por dos días, leer poemas, escucharnos y sobre todo compartir, interactuar.

El Grupo de la Última Cena