Todos los meses atravieso puntualmente un estado anímico que he denominado como “el periodo-Manzanillo”. Son tres o cuatro días durante los cuales me muestro apático, taciturno, ensimismado. Me preguntan qué me pasa y no sé exactamente la respuesta. Todo parece indicar que se trata de una especie de crisis nostálgica, pues durante esos extraños días no dejo de pensar con intensidad en Manzanillo, la ciudad donde nací en 1975, y de la cual me marché hace cerca de veinte años.

Palmas Altas (o San Antonio) que estás en los cielos

No soy del mismo centro de Manzanillo sino de San Antonio, barrio que se encuentra a unos cinco kilómetros de esa ciudad y forma parte de una zona rural que se llama Palmas Altas y contiene a su vez a otros barrios: Las Guasasas, Cuentas Claras, El Callejón de Mario León, Moscú, La curva de Turriaga, El último recurso, entre otros que se le han añadido con el tiempo. No sé cómo me fui acostumbrando a decir que vivía no en San Antonio, sino en Palmas Altas. Acaso fue una renuncia inconsciente a lo preciso de la primera denominación, por lo precioso, lo auténtico de la segunda.