Ruidos

               (Para Laura Ruiz)

 
(...) lo juro por Pueblo Nuevo
 que es de rodillas jurar
            Carilda Oliver Labra
 
Sobre los empolvados muros del parque de la calle Obispo,
por donde un viejo intenta timar a un turista
con la estampa del Che a cambio de un dólar,
leo un poemario.
Por allí pasa una mujer con sombrero
(ajena del óleo y la guitarra).
Va levantando con su escoba hollines que me cubren los talones,
pero cual polilla iluminada solo tengo ojos para el texto.
Me escudriño en cada verso de Laura,
quien cohabita conmigo una ciudad y comparte un signo
(signo de animal que se desboca de maneras diversas).
Tanto como a ella me asaltan musas y fantasmas
en ese punto de la isla que re inventamos a diario
y a la que seguro volveremos.
Si supiera de mis idénticos temores a perderme,
precisamente, por la posible descolocación de las piedras al retorno.
Siempre escuché de su casa anegada,
de su andar ligero sobre el puente
en ese barrio por el cual se jura y se perjura erguidos o de rodillas.
Debe ser porque escruto cada frase,
que en la propia esquina de marras, un día de marzo;
justo cuando un endeble perro
exhibe sobre un lecho de adoquines las gafas de su amo
(nueva atracción para el flash del paseante).
 
En la Habana de Eusebio Leal y de Geraldo Alfonso,
sitio donde los pájaros ya no cantan,
las blusas penden limpias o percudidas de los balcones
y las nubes continúan tan inamovibles como al inicio;
he podido escuchar    
                                     el lejano
                                              
                                                           ruido
                                                              
del
agua.
 
La Habana Vieja, marzo de 2011


Decreto
             (para Ian Rodríguez)
 
 
Un libro olvidado puede incinerarse,
igenuamente,
con la ternura conque el niño Prometeo
jugaba con las llamas.
 
Un libro arderá a fuego lento,
por decisión propia o de los otros,
como Bayamo,
                      Victoria de Las Tunas,
; Roma...
 
La quema de un cuaderno es un acto de justicia
-Diría Nerón al contemplar tanto reducto.
 
Un libro abras(z)ado a sí mismo,
igual a Juana de Arco,
con los idénticos ardores de Hatuey, el aborigen.
 
Puede tal vez regodearse en una nueva hoguera
en Cien Fuegos.
 
Y en ese acto de sado-mazoquismo,
la palabra ultrajada
hasta dejarse morir, feliz,
en carne viva.


Pavese

Se desnuda sobre la tierra
absorta, inquisitiva...
Es un juego de azar;
cada dado se impregna de minúsculas muertes.
Nos sigue paso a paso
vuelo a vuelo
cobra vida en los ojos del águila
que no cesa de morir.
"la muerte tiene una mirada para todos"

 


Baudelaire

He conocida al ángel terrenal.
Él también dejó caer algunas veces
sus alas sobre el lodo.
Embadurnó mi cuerpo
para mostrarme su lujuria.
He conocido al ángel
su bondad infinita.
Ellos se marchan casi siempre
en busca de nuevos eriales.
He conocido al que una tarde,
con la torpeza de sus alas y otras mañas,
se borraba las huellas.


Polevoi

Un antiguo soldado suele dibujarse rostros,
algunos nombres de mujer en pretérito
- ¿eres tú? - alguien preguna,
y se escuchan acordes lejanos.
Ana Alexéevna,
tan borrosa como los abedules
cubiertos de nieve,
se marchó una tarde...
Pero las heroínas nunca serán halladas.
Mechetni, desde la barcaza,
se aparta el hielo de las botas
e intenta nuevas rutas.

 

Cecilia Soto Martínez
Matanzas.1966
Poeta y Narradora