Cinco PoetasSelección de poesía cubana

El panteón individual es el más inconfesado. Probablemente nunca diremos sin rubor, a la diestra de quién están sentados los amigos entrañables, ni cerca de cuál círculo infernal o espiral paradisíaca están colocados los pequeños dioses. Cada quien acumula nombres para esa pirámide donde se mezclan los dioses y los héroes. A veces conservamos amistades a lo largo de los años solamente porque tienen los mismos héroes y dioses -o parecidos - a los nuestros. Que la memoria de lo sagrado de unos y otros coincida, es casi un milagro. Pero nunca lo es más que el acto en que confluyen la memoria particular y la universal, los escalones del ensueño personal y las cimas de las utopías colectivas.

Cuántas veces el tiempo ha resultado ser traidor de una idea primera. Cuántas veces no ha sucedido que lo que creímos piedra angular luego se ha desvanecido. Poco es capaz de resistir el inexorable paso del tiempo, sin que resistir adquiera carácter de agonía, esfuerzo o resignación. Quizás por ello los panteones individuales están en constante cambio y transformación. Los primeros libros son sustituidos por otros leídos más recientemente y que en breve sufrirán su cambio de lugar...y así hasta el final de la vida.

Pero también existen libros, amigos, desencuentros, primeras veces, personajes, lugares... que persisten y aunque cambiando de sitio, siguen en el mismo espacio emocional. Esos, ya se sabe, son los dioses y héroes de cada quien, son la mitología de cada individuo. La suma de las mitologías personales engrosa una parte importante de la memoria colectiva. Las emociones son el conglomerado que se exalta y puede hervir o congelarse pero sin demasiadas explicaciones. Porque no llevan en sí mismas demasiadas explicaciones es que pueden devenir en símbolos comunes...

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Teresa Melo
TERESA MELO

FOTO CON ALBIS

Dedicar un libro .....escribir un poema
es ahora como oír el ruido
del ventilador girando en la oscuridad.
Sólo hace saber que de algún modo
también respiras en la oscuridad.
Asomarse en puntillas a la ventana polvosa
y no recibir contestación.
No respondes tú ni responde el cartero
ni responde la vecina que araña las comidas
y trae un poco para ti
otro poco para la bebedora del ajenjo.
Dedicar un libro escribir un poema
es ahora como la foto sin color
                           /y manos agarradas
para engañar el miedo al cobrador de la luz
al cantor popular ......a las postales crudas
sin remite.
Alguien puede robar unos versos
                             /con impunidad
darlos en cuarentena
sin que el poeta pueda soltarse de las manos
y pedir otro doble de espuma
otro doble de silencio en el cerebro
y el tipo del bar marcharse a la otra mesa
y no servirte nada.
De nada sirve, Albis.
Te hablo para salvarme yo
de los silencios cada vez más largos
de la mente que ya no reconoce
                            /lápices/ fosforeras
piedras blancas de playa/ afiches de la pared
y baches en la calle.
En la pantalla no visible en la fotografía
aparecen los mismos de músculo afiebrado
y temblorosa canción que desgarra cortinas:
una película de diez centavos
dentro de otra casi tan barata.
Dedicar un libro    escribir un poema.
Las palabras no pueden crear vida
ni clonar el aleteo de las manos
sobre la madera brillante de la mesa.
Es fácil, Albis. El interruptor enciende voces
                           /en la radio.
Cierra la gaveta para apagar la luz de la cocina.
Desconéctalo todo.
Por los cables raídos no circula la vida
ni la muerte.
Las arañas lo saben y tú
                           /y el sofá con las marcas
del cuerpo/ de los cuerpos.
Desconéctalo todo.
El único sonido sea tu respiración.

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Juan Luis Hernández Millian JUAN LUIS HERNÁNDEZ MILIÁN

LUNA DE LORCA

Otra es la luna: aquella que pintara Federico
en medio de su frenesí por calles habaneras,
huido
de la suntuosa cortesía de los artesanos,
harto
de licores florales
cuando a él más lo enlebrestaban
el jerez
y las implacables verónicas de Ignacio
como si una y otra vez afrontara una nueva pasión
y nunca le fueran adversas las cinco en punto de la tarde.
Temerosa,
particular,
asoma cuando mi niña tiende sus trajes transparentes
al sereno.

Yo la he visto y es verde.

Cernida luz, clarifica los aires
eclipsándose veleidosa entre las páginas de un libro
olvidado sobre un banco en el parque de Trillo
-aquel, tú sabes-
sólo hasta mañana.

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León EstradaLEÓN ESTRADA

ECLIPSE (S) II

(Digo a Noel Jardines)

Descubrí la amapola en el recuerdo
cuando tú la nombraste para siempre.

Ella oyó. Ella o yo. Ella holló.

¿Neologismo o errata?
Aquellas 72 horas de diciembre
bajo una luz de lámpara siniestra
no sedimentan en mí. Al contrario.
Pasan los años   la moda y la vida
y en el recuerdo no son una aventura.
¿Neologismo o errata?
Errata quizás      pero no mía
y sí del que enciende las lámparas
y sí del que a veces las apaga.

Porque las voces alcanzaron la blancura
de las palabras que todavía no se han dicho.
Qué frágiles los juramentos.
El eclipse. Su significación.
Cómo no iba a querer ese cadáver.
El gato inunda el sueño. El gato rompe el trueno.
Y es la única razón de la (mi) voz.

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Alfredo Zaldivar ALFREDO ZALDÍVAR

CASALIANA

Una noche Casal
siendo yo joven
con las frases que sólo dicta lo alto
me confinó a lo hondo de su penumbra
una noche Casal
siendo yo joven.

Confundido en el fondo
de su calamidad
traspasado de miedo
asido al frío
me adormecí en su bruma
como el aliento
que en soplo se transmuta
confundido en el fondo
de su calamidad.

El que entonces creía
un frío artífice
y veía perdido
tan solo entre palabras
se convirtió en dolor
pesada sombra
que acomodé en el fondo
de mi indolencia
el que entonces creía
un frío artífice.

Esta tarde Casal
siendo yo pobre
pensando que ya nada renacería
ha prendido la flama
de la belleza mustia
de la amargura amable
la miel calmada de la soledad
la serena caída del perdón
esta tarde Casal
siendo yo tan dichoso.

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Mae RoqueMAE ROQUE

DE LAS PUERTAS

A Lina de Feria

El capricho de una muerte agónica retumba en los cimientos de la casa.
la soledad, el brillo famélico de la soledad tantas veces mencionada,
me reparte como a sombras en el escenario atroz de una habitación a solas.
Ningún sonido, acaso el silencio repitiéndose es quien acompaña
al desfile irremediable, imágenes superpuestas de un pasado
que nunca lo ha sido.
Únicamente yo me obstino en creer, me obstino de creer y aun sigo creyendo.

Como si las puertas fueran una maldición divina, dibujo en ellas
los rostros desconocidos de vidas anteriores donde era feliz y el dolor,
si acaso, una lección aprendida hace tiempo
sobre la que no hay palabra posible.
A través de los rostros voy y vengo, me doy a los amigos,
simulo pasear por las ciudades que amo,
viajar al encuentro de ciudades por descubrir, los brazos de amigos nuevos.
Nunca abandoné mi sitio en el rincón oscuro de esa dimensión insospechada que
es un cuarto a solas.
No aprendí los conjuros necesarios para romper la maldición
que hay en todas las puertas. No supe cómo abrirlas,
no sé de puertas y mundos más allá de las puertas.
El silencio y la noche me devuelven al viejo cuadro donde el claroscuro
es la eternidad de los nombres que no me atrevo a pronunciar,
los mentidos, los supuestamente olvidados.

Sumida por la muerte más lenta, no puedo recorrer la casa,
la historia de la vieja casa donde nadie pensó otro lugar para mí,
que no fuera el retrato colgado en la pared roída por la humedad
de los días tropicales que sólo me quitan el aire.

Retrato alejado de las puertas que contempla
imaginando rostros desconocidos de vidas anteriores
donde pudo ser feliz y nadie lo sabrá.
No se ha de conocer el paso de este algo incorpóreo que imagina, también,
la casa, de la que solo ha visto las puertas que le separan de todo y todos,
mientras se pregunta cómo llegó a ser olvido que cuelga en la pared roída,
o quién era antes de su temor absoluto a las puertas.
¿Por qué?

A través de hendiduras en mi temor llegan los colores del mundo que se agota,
la luz pálida y enrarecida de los gritos, dibujos del dolor, líneas trazadas
con la tecnología más moderna en los cuerpos infantes que preguntan
otro sinfín de cosas no atendidas.
En un instante somos la multitud de retratos inmóviles, parte olvidada
en los cimientos de las casas, ojos que miran a las puertas, imaginando.