Los árboles, La patria

Para Cintio Vitier

Entrever el país nonato,
soñarlo con los ojos de Adán y una mudez
que obliga a llamar ácana,
jobo, jiquí, madera
de los mayores y menores.
Cuando falta el terrón
que llevarse a la boca: ceiba,
guásima, tomillo, palma real.
Crisol y bosta en el humus.
(Darle un sayo de palabras a la pobreza).

Pero los árboles preparan el paisaje.
Los árboles preparan la independencia.
La corteza guarda la raíz, la vena madre.
El gallo de los sacrificios
anuncia despavorido
al escualo surgiendo de las aguas.

- y los huesitos de tus hijos
se disputaron los cangrejos- -
Pueda yo nombrar mi huerto otra vez
y alguno reconozca la antigua cicatriz.
Cobijarme bajo la sombra de la palabra jagüey.

Santiago de Chile, 1 de julio, 2007.

Damaris Calderón Campos Damaris Calderón (La Habana 1967). Ha publicado entre otros títulos: “Con el terror del equilibrista” (Ediciones Matanzas, 1988), “Duras aguas del trópico” (Ediciones Matanzas, 1992), “Guijarros” (1994), “Duro de Roer”, (Las dos Fridas, 1999), “Sílabas Ecce Homo”, (Letras Cubanas, 2001)

 

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Notas sobre la familia cubana en De peña Pobre

El tiempo minucioso, que en la memoria es breve.
J.L. Borges.

“…la familia era como un árbol cuyas ramas se
confundían con una neblina que era el tiempo”.
p. 225.
(2da versión, enero/94)

Desde sus primeras páginas De Peña Pobre nos sumerge en el mundo de una familia cubana de cepa mambisa, cuyos orígenes se remontan a los años finales del siglo pasado, cuando la irradiación de la personalidad de José Martí, llamada en la emigración y en todos los rincones de la Isla, a los hijos de Cuba a la guerra.

Los fundadores de la familia a través de sus descendientes y ramas colaterales se convierten merced al contenido de sus vidas en materia de ficción, proyecto novelesco ue se va a extender por un período de más de ochenta años de la vida nacional.

El tronco central Fundora.Palma es heredero de una tradición de ideales revolucionarios y patrióticos, que halla su fuente primigenia de inspiración en la actitud rebelde del patriciado criollo, artífice del sentimiento ¿separatista?

Cintio Vitier
La casa criolla, centro de gravedad del trasiego conspirativo, da la imagen perfecta de la familia y su devoción por la libertad. Las ideas de Martí, su ejemplo imantador, estimulan a los patriotas a ver sacrificio como un deber y la Patria como un altar sagrado.

Como su más cercano antecedente Cecilia Valdés, novela de la fusión de razas y el incesto, de Peña Pobre, con el entrecruzamiento de historias familiares, expone asuntos medulares relacionados con el proceso de formación de la conciencia cubana.

Cintio Vitier Para el autor de lo cubano en la poesía, devenido novelista, no hay intenciones de “cuadro de costumbres”, sino de un panorama lo más abarcador, realista y representativo posible de la consanguineidad, vista bajo el influjo de ideas y actitudes contrapuestas, pugnaces entre sí. En De Peña Pobre. Integración racial, mestizaje y división de clases son elementos que se combinan y operan sobre los destinos individuales de un grupo humano.

Por el gran árbol familiar y l disposición del sistema de personajes, vemos que el color de la piel y el origen de clase inciden fuertemente en los valores que rigen la sociedad; algunos personajes nacen víctimas, pero no se nos revelan como seres pasivos, luchan contra lo establecido.

El General es padre de un mestizo; Fela es amante de Máximo Palma. El blanco rico con la negra pobre. La idea de la integración y de las clases es recurrente. Sin embargo, si Javier acepta primero y se rebela después contra sus destino de factótum de su primo; la inserción de Fela en el medio obrero es una experiencia que dará una nueva orientación a su vida, un reconocimiento a su raza y a su condición social.

La cariñosa evocación de Fela es un recurso afectivo que trae la niñez matancera de Kuntius, adolescente espirituoso, violinista en agraz, que con su extrañeza y dudas permanentes refuerza aún más el tejido, “el significado de enlaces, parentescos e historias”. (1

Los días del niño transcurren felices bajo la advocación del padre, modelo paradigmático. La ciudad de Matanzas se nos ofrece con “esas casas siempre blancas (...) al destello de la penumbra de oro”. (2) El violinista, el frutero, el amigo Mario Argenter conforman parte del mundo afectivo de Kuntius, también las retretas, el aire del clarinete de Papachico, la ciudad de la década del veinte y del treinta, sacudiéndose el letargo provinciano.

Matanzas y sus contornos, desde la evocación nostálgica. La finca de la abuela, fragmento de la memoria, con la casa en la loma, a la que se llega a través de una fila de rumorosos almácigos, detalle sacado de la campiña asordinada de una tela de Esteban Chartrand, pero con la luz más fuerte de Víctor Manuel.

Para Kuntius el ámbito hogareño le devela un mundo de relaciones que después se anudarán en su obra. La ciudad verá nacer en él las inquietudes artísticas nutriéndolo de emociones inmanentes. Espacio concreto-sensible aprehendido con ojos vírgenes, de asombro.

En De Peña Pobre, Matanzas recibe un tratamiento que rebasa con mucho lo meramente escenográfico. Geografía e historia insertas en la pudorosa nota autobiográfica la acreditan como lo que ha sido desde el siglo diecinueve, el entorno socio-cultural donde se ha gestado una buena porción del pensamiento, el arte y la literatura nacional.

Las estrecheces y penalidades del machadato dejan su impronta, y los años siguientes agudizan el malestar de una angustia intrenitente en el joven Kuntius, de no poder exp0licarse qué pasaba. Percibe el sinsentido de la realidad que se transparenta en imágenes absurdas, yuxtapuestas, reflejo de la tragedia que vive el país abocado a una revolución popular.

Período de aprendizaje, tanteos, reconocimientos, avancesm Kuntius trata de hallar una salida positiva dentro del laberinto a que se pretende confinar las manifestaciones del espíritu. A tantos males:comunión e intimidad fijan los puntos esenciales de su vida. La poesía, el hogar, la familia, le ayudan a la desesperanza de esa irrealidad de todo.

Lazos sanguíneos y literarios inconmovibles, propician la formación y génesis del grupo Orígenes, estirpe divina de martianos, juarramonianos, vallejianos que se nucleron junto a Lezama lima para hacer la obra trascendente, de relieve cubano y universal, como rechazo a la vacuidad reinante, a través de una peculiar manera de ver y sentir lo cubano, mientras la americanización se convertía en inminente peligro para el desarraigo de nuestra cultura.

En la novela sobrecoge oír al maestro Lezama con su jadeo característico:

“Nosotros no nos damos , pero, en verdad no se sbe cómo, por los entrecruzamientos finos y resistentes de la familia cubana, por una concurrencia muy especial de signos propicios en los tiempos más adversos se ha logrado algo tan extraño, tan difícil, tan imposible,,,”(3).

Orígenes suma de resistencias frente al pathos del cuerpo nacional, se convirtió, al paso del tiempo, en un monumento de virtudes literarias y éticas. Como afirmara Lezama “lo característico de la generación es que casi toda su tripulación se salvó”(4). La obra resiste el transcurrir del tiempo, y cobra más resonancia, por la misma razón que la buena poesía perdura. La aceptación oficial al grupo vendría finalmente con la revolución.

De Peña Pobre, cuadro de exactitudes, memoria trenzad con ficción, se reconstruye frag

Mentariamente la época áurea del grupo. La novela rememora esos días funcionales de reuniones en casa de Bella y Fina, en Bauta en la iglesia de padre Gastelu con el abanico de temas: la creación, las lecturas, el cristianismo, los poetas franceses y la cultura en su mayor calado humanístico.

De Peña Pobre se va escribiendo con una zona de ficción paralela al seguir los rumbos de los personajes, cuyas vidas se interrelacionan. Kuntuis es un testigo de excepcional importancia donde van a concurrir las historias complementarias. Por su factura, contenido humano y trazado psicológico Kuntius es todo un carácter. Hay que añadir que su adhesión al cristianismo no ortodoxo, de raíz pascaliana, Kuntius, lo expresa mediante sus heterónimos Rodrigo y Jacinto Finalé en la trnsustanciación de un amor a Cristo, funddo en la necesidad de transformar al mundo, en la cosecha del “mejoramiento humano”, en el ejemplo del Padre Camilo Torres, en la fé del catolicismo de compromiso hacia el prójimo.

El personaje de Vilota se relaciona a la línea de conducta cristiana estoica, cuyo alimento prurificador es el fuego de la lucha revolucionaria. La anagnérisis de su hermano Sandino encarna para ella un “problema” de naturaleza social, consecuencia de la hipocresía e injusticia imperantes. Violeta se descubre asimisma por medio de la acción, y hace otro hallazgo: que la acción es la única vía de disfrute pleno de la belleza.

Aleccionador y simbólico resulta el dialógo entre hermanos, que comienza en la escalinata universitaria y termina en el parque Maceo. Violeta y Sandino se nutren de la decencia fundamental de la familia de Tejadillo, casa humilde, que potencia en ambos la conciencia de la pobreza que se les había revelado con mayor fuerza en Matanzas. Ese caudal de simpatías mutuas que los llevará a tomar dcisiones de mayor peso: incorporación a la guerra riegos, peligros, a asumir un tipo de vida superior qiue pone a prueba la calidad humana.

Como Sonia y Baskólnikov en Crimen y Castigo, Violeta y su hermano ese camino de reconocimiento a la humildad, a través del sufrimiento, los purificará, haciéndolos mejores, más justos, dueños de un destino que guarda absoluta fidelidad con el del pueblo cubano.

Por medio de sus criaturas, Cintio Vitier, expone magistralmente dos líneas de una tesis de contenido ético-patriótico: la humildad y la modestia como vía de sufrimiento, conducen a la purificación; la acción revolucionaria es el camino que conduce a la redención social y al goce de la belleza.

Violeta y Sandino retoman el ejemplo imantador de los forjadores de la familia de Violeta fundora y el General. Los jóvenes lucharán por la ocasión única en la historia de Ciuba donde el “rey secuestrado” toma al poder.

Las notas de Rodrigo y Jacinto Finalé, alter ego del autor, iluminan zonas de penumbra para el lector desde la perspectiva íntima y confesional de autores cristianos inéditos, en lucha agónica por las incomprensiones del medio.

Con la praxis de un catolicismo de libre pensamiento, padre e hijo vislumbran la necesidad de un cambio en las relaciones entre los hombres que extirpe de raíz la vulgaridad material y favorezca el brote en la espiritualidad en el hombre.

La inclusión de los textos: poemas, traducciones, pensamientos, ensayos, cartas, constituyen de por sí una summa de labor intelectual, dirigida a revelar la belleza que se ha comprendido porque se ha disfrutado. Muchos son textos esclarecidísimos, subordinados al interés de formular una poética del arte de escribir, poesía o prosa, más allá de cualquier intento de dogmatizar o imponer mandamientos, pueden llamarse páginas del conocimiento, del autoexamen sin egoísmo, tarea de carácter personal que se proyecta a lo social.

El ensayo sobre Gregorio Mayáns...y la Teoría de la Brisita por sólo citar dos deliciosos ejemplos de escritura prerrevolucionaria que denotan la amplitud de miras del esposo de Violeta Palma, hombre crepuscular, a quien la naturaleza de sus escritos lo convierten en un hombre consciente de su valor.

Si Los papeles de Jacinto Finalé, libro de complementación, parte misma del proyecto que comienza en De Peña Pobre propone una lectura, un ritmo y un discurrir del tiempo totalmente literario, Rajando la le{a está debe verse muy diferente, dada su orgánica concepción musical. Aquí la prosa discurre en el espacio, de ahí sus cambios repentinos de sets, con escenas muy cortas, en rápidas sucesiones, proyectadas para “combinar planes, ideas, acciones (...) una cosa a continuación de otra sin interrupción” (5) ; pero unida por el nervio central de la música, la juventud y la alegría.

Publicados posteriormente al libro seminal, Los papeles(...) y Bajando la leña(...) giran en una misma órbita, ampliando con su forma de escritura la multiperspectiva sensorial de De Peña Pobre.

Además en estas dos partes, ramas de un mismo tronco, Cintio Vitier ahonda en la idea de los descendientes de la familia desenvolviendo sus vidas en planos históricos diferentes, traslúcidos. Jacinto, Quintín, Pilar, Sandino, Luz Calcines y Nubia, pasan focalizados en el centro de sus acciones cotidianas, agrandándose ante nuestros ojos. Criaturas de un tiempo que son los años de revolución.

Si he citado a Luz, no es cierto que sea a destiempo, siu vida paradigmática otorga una especial fineza a la novela. Esa anciana llena de cualidades maternales y domésticas en la que vemos “una encarnación reminiscente de las virtudes más penumbrosas y esmeradas de la patria”.(6) Por su parte, Violeta se ala con la garantía de la continuidad de esas virtudes que son rasgos de la definición de la mujer cubana. Nubia sed nos aparece como el fruto a plenitud de la autorrealización por la que tanto lucharon Luz y Violeta. Nubia es la apoteosis del movimiento, en ella se sintetiza la danza y la música en la novela.

Así el autor se nos revela un creador rotundo en el arte del novelar en alma femenina: Violeta, Luz, Nubia lo acfrecditan. En cuanto a Máximo y Sandino ofrecen imágenes de dos generacione con tiempos históricos defasados. Máximo es un hombre moldeado por los condicionamientos de su época de ruina y desintegración; Sandino es un hombre de transición a un estadio o fase social nueva.

Estos personajes, no sólo Violeta, tienen “alma novelesca” y su origen en auténticos tipos creados a partir de una frágil línea de contorno entre lo real y lo imaginado. Modelar esta materia viva para la creación de un asunto de interés para una novela npo puede prescindir del uso correcto del lenguaje, y más en el caso que nos ocupa, que es el señorío de la poesía, por lo que estamos en presencia de una novela lírica dentro de la prosa de ficción; y éste es uno de los mayores aportes de De Peña Pobre: la novela morada de la poesía.

Trémulo y tierno en el acercamiento a lo humano, Cintio Vitier nos alecciona cómo “escribir y leer se liga a la corriente colectiva y comunitaria del obrar”. Suma de belleza y cubanía, auténticas; la actitud de entrega del autor es eminentemente poética.

De Peña Pobre resultado artístico del entrecruzamiento de modalidades literarias se sitúa entre nuestros clásicos junto a Cecilia Valdés, El siglo de las luces, Paradiso, El pan dormido. Motivos suficientes la ameritan. Sí, decimos con Lezama: “es posible construir la Tribu dentro de la Ciudad ”(7).

De Peña Pobre lo demuestra.

Bibliografía

1) Vitier, Cintio: De Peña Pobre, editorial Letras Cubanas, La Habana , 1980,
2) P. 224.
3) Op. Cit , p.7.
4) Op. Cit., p.123.
5) Lezama Lima, José: Imagen y posibilidad; selección y prólogo de Ciro Bianchi Ross. Editorial Letras Cubanas, La Habana , 1981.
6) Vitier, Cintio: Rajando la leña está. Editorial Letras Cubanas, La Habana , 1986, p.31
7) Vitier, Cintio: Op. Cit., p.53.
8) Bianchi Ross, Ciro: Las palabras de otros. Entrevista a Cintio Vitier:
9) “Sólo en la acción podemos vivir la belleza”, ediciones UNION, 1981.
10) Vitier, Cintio: Op. Cit., P.96.

Por: Lincoln Capote Peón.
Ensayista y editor