Antonio Núñez Jiménez visto como Claude Monet veía la catedral de RuanClaude Monet concibió más de cuarenta pinturas donde la catedral de Ruan se reiteraba como motivo exclusivo, obsesivo. Más que las formas mismas de la edificación, buscaba el efecto de la luz sobre esta, en diversos horarios del día, en diversas épocas del año, y también a partir de los diversos ángulos de observación. Claude Monet se apartaba del motivo pictórico en sí y optaba por  representar solo lo que existía entre ese motivo y él. Solo lo que como ser humano le estaba dado ver. Es decir, lo que podía contemplar, interpretar con sus propios ojos, sin mediación alguna de omnisciencia. El famoso pintor impresionista francés desarrollaba entonces, durante la última década del siglo XIX, lo que se conocería, “pictóricamente” hablando, como “series”. Realizó varias, pero esta que se ha mencionado, la catedral de Ruan, es la más conocida.

Hace pensar en estas series el libro de testimonio El otro Antonio (Ediciones Matanzas, 2012), de Ercilio Vento Canosa, que asume la búsqueda de una esencia (en este caso la de una importante personalidad como Antonio Núñez Jimémez) desde sus múltiples destellos, desde la superposición e interconexión de cortezas que han quedado en la memoria de quienes estuvieron en contacto con él, y especialmente en la del propio autor de este volumen.
 
El otro Antonio, o más bien uno de los múltiples Antonios, el Antonio que Vento logró conocer, se devela desde las 24 crónicas que conforman este texto, en las que se integra el científico, el revolucionario, el ser humano que fue Antonio Núñez Jiménez. Ese es uno de los grandes aportes del libro, la integración de estos elementos, de estas características que el autor pudo valorar en toda su magnitud, a partir de las relaciones de trabajo y amistad que mantuvieron durante tantos años.
 
Los vínculos entre ambos corren dentro de estas páginas como una especie de subtrama que posibilita un singular acercamiento a la figura de Núñez Jiménez, porque se desarrolla por tramos, de modo gradual; a la misma vez que crece la narración de la relación entre ellos, va haciéndose más completa la personalidad reconstruida, revivida con nitidez.
 
Pero no toda la información que da pie a estas páginas proviene exclusivamente del intercambio directo entre ellos dos, sino que, según declara el propio autor, hay ideas, anécdotas que parten de un libro de recuerdos (inédito) y un mecanuscrito autobiográfico (no concluido) de Núñez Jiménez, así como de remembranzas de otras personas como Andrés Bayón Mayor. Esto es, obviamente, algo que también enriquece al volumen.
 
Las crónicas, que pudieran ser tomadas como capítulos, se centran en diversas etapas, o en hechos específicos que ilustran características de Núñez Jiménez desde múltiples perspectivas y tienen la virtud de articular sucesos trascendentes de su quehacer político, social y científico con otros más cotidianos, humorísticos en muchas ocasiones, que dan fluidez y hacen grata la lectura. Logran además que cobre vida la figura evocada, que no se transforme en una figura de cartón, engominada.
 
El quehacer como espeleólogo, su conocimiento, su erudición en ese sentido, y la manera en que contribuyó a su desarrollo en Cuba y en el mundo, se convierten sin dudas el principal eje temático de los recuerdos que Ercilio propone en este volumen. Aparece Nuñez Jiménez como protagonista de hechos capitales en ese sentido como la creación de la Sociedad Espeleológica de Cuba en 1940, su papel como director de la Academia de Ciencias de Cuba y al frente de la Comisión Nacional de Monumentos, sus vínculos con la Unión Internacional de Espeleología y su persistencia para crear una organización de este tipo que uniera a los especialistas de América Latina, su mítico viaje del Amazonas al Caribe...
 
Destellos de un hombre, destellos que se cruzan unos con otros, página tras página, y que terminan dando la visión de un Antonio Núñez Jiménez múltiple. El capitán rebelde. El científico. El sensible y jocoso ser humano que era. El otro Antonio, o más bien uno de los múltiples Antonios, el Antonio que Vento logró conocer, y que ayuda a verlo de un modo más completo y más complejo. Más humano.

Por: Norge Céspedes