Digdora Alonso“¿Qué Sena puede ser sobre los ríos/ que reflejan las cosas que amo?”, se preguntaba Digdora Alonso en un Canto dedicado a la Matanzas que este 1 de julio le vio partir tras casi 86 años de magisterio y alta poesía.

Dividida entre la docencia y el curso familiar, durante demasiado tiempo la gran escritora relegó hacer una carrera con aquellos versos que le florecían desde niña, y que con humildad anotaba en una libreta o en los papeles cansados de su cocina. “Yo nunca me ocupé mucho de mi poesía, quizás no confiaba en ella”, confesó en alguna ocasión.

La fe, sin embargo, germinaba en quienes la leían: “Una de las voces imprescindibles de la lírica cubana del siglo XX”, la nombraba el crítico Fernando Rodríguez Sosa, mientras que para el poeta Luis Marré “cualquier Literatura se sentiría orgullosa de esa mujer”.

Aunque algunos de sus versos se habían publicado de forma dispersa, sólo a sus 62 años, en enero de 1984, aparecía Casi invisible al amanecer , su primer libro, el cual “revelaba la existencia de un poeta que increíblemente había permanecido disperso, marginado, nadie sabe por qué oscuras circunstancias”, recuerda el poeta Alfredo Zaldívar, fascinado por su síntesis tremenda y esa infinita curiosidad con que sabía redescubrir la vida: “De nuevo la enredadera estorbaba al transeúnte/ y me obligaron a segarla;/ cercenamos las ramas perfumadas,/ sól quedó lo que no supo el filo./ Pero hoy de nuevo vino la fragancia./Terca, sublime,/ desde el tronco floreció la enredadera”.

Fragante y tímida ella misma, Digdora envió a Dulce María Loynaz uno de aquellos ejemplares, y recibió una amistad como respuesta: “Está usted entre las tres o cuatro mujeres que escriben versos en Cuba y hacen bien en escribirlos”, la elogió la autora de Jardín en una de sus epístolas, criterio que confirmó en los días del Premio Cervantes, cuando defendió como mejores poetisas de la Isla a Fina García Marruz y a su poco reconocida amiga matancera.

En 1986, Zaldívar, junto al diseñador y poeta Rolando Estévez elegirían diez de sus obras recientes justo en los inicios de la singular casa editora que recién habían fundado en Matanzas: “Estos Nuevos poemas , su ascendencia su descendencia, faltaban en la poesía cubana. Fue el primer conjunto de poemas que publicara Ediciones Vigía, quien hasta entonces solo había editado modestísimos sueltos”.

Desde entonces, la poetisa recorrería con sus grandes ojos fluviales los títulos que le fueron apareciendo: Bajo el hongo , En las márgenes del Diario , Yo, mi desconocida , Como ángel cierto , Dany y el viento , Vanesa anda por aquí , Contemplaciones , Para leer La Rosa Blanca (ensayo), Anaquel , Rosa de Jericó y otros poemas , y el más reciente, Pájaro y Luna . Tres veces sería nominada al Premio Nacional de Literatura. Mil veces los mundos alrededor reclamaron su comprensión y su alianza. La poesía siempre la encontró despierta.

“Hecha con el silencio del monje y la humildad de alguna de sus plantas, con la constancia laboriosa de la abeja, pero sobre todo con un andamiaje filosófico y poético particular, Digdora Alonso ha aportado a nuestras letras algo más que una obra sólida: una obra única. Y sigue demostrando que pensamiento y emoción, dos magnitudes tan necesarias a nuestra época, bien pueden enyuntarse y andar juntas el largo tiempo de la poesía, ese que trasciende y respira hondo más allá del último verso de sus breves poemas”, ha escrito su alumno y editor Rolando Estévez.

“Pensamiento y emoción”, una vez más, fueron las fuerzas que la sostuvieron esta primavera en su última actividad ocial: el aniversario de Ediciones Vigía y la presentación del libro Mar mediante , de Estévez. Tras ese gesto de amor, se marchó sencilla hacia un cosmos definitivo, como ángel cierto, asomada apenas a la puerta de sus palabras: “En la alta noche/ estoy escuchando un poema.// No sé de dónde viene/ ni quién es el autor,/ está solo en el aire/ con su luz,/ como nube y estrella,/ como ángel.// Cerraré mis oídos a toda profanación; el poema está en su mundo”.

Digdora Alonso se nos fue de la vida, y se adentró en su tierra bajo el mejor sol de julio, mientras cantaba un sinsonte. Después, la tarde llovió dulcemente sobre ella.

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Digdora Alonso González

Nació el 20 de agosto de 1921.( Faleció el 1 de Julio de 2007). De profesión profesora y escritora, Doctora en Filosofía y Letras. A partir de la década del 40 aparecieron trabajos suyos de crítica y poesía en diferentes publicaciones como son: La gaceta de Cuba, Bohemia, Yumurí y en publicaciones periódicas soviéticas y de República Dominicana, entre otras. Calificada por Dulce María Loynaz como una de las voces más importantes de la poesía femenina cubana. De ella dijo: "Usted tiene una obra digna ser conocida y admirada, lo cual por sí solo, constituye un hallazgo en esta poesía de hoy que no ha sabido hallar su rumbo"

Bibliografía Activa
· Casi visible al atardecer (Poesía).
· Como ángel cierto.
· Bajo el hongo.
· En los márgenes del diario.
· Bajo el cielo de adentro.
· Para leer la rosa blanca (Ensayo)

Bibliografía Pasiva
· Cartas de Dulce M. Loynaz, Raúl Ferrer, Francisco Garzón Céspedes, Delia Carrera, Waldo González López (todo en propiedad de la autora).

Premios y distinciones
· Medalla por los 25 años en educación.
· Distinción por la Cultura Nacional (1991).
· Finalista en el Concurso Casa de las América.


Por: Amarilys Ribot