Terry FoxTerry Fox es el símbolo de algo- alguien: un hombre- incompleto, roto, amputado por la naturaleza- que desde su incomplitud física prefigura un cosmos de acciones precisas contra la imposibilidad de ser y hacer. Su obra: correr con una prótesis después de haber sido amputada su pierna derecha, nos pone a pensar en las posibilidades infinitas del hombre, y en algo más: en cómo la cultura ha hecho con el hombre y sus instintos, lo mismo que hizo la naturaleza con el cuerpo humano, determinarlo dentro de un grupo rígido de órganos estrictamente funcionales y completos en sí mismos. Cuando al hombre se le rompe un órgano -en este caso cualquiera - ellos son insustituibles- cae en entredicho el sentido de esa perfección y con el lo que consideramos la naturaleza y la historia, pues penetra en una zona de ridiculez estética que lo separa del resto y lo diferencia desde la incapacidad, pero si sobre esa ausencia erige una acción totalizadora como Terry Fox, con el objetivo de contrarrestar a la naturaleza, recicla la ridiculez en osadía y en grandeza la miseria, transformándose en mito.  

El texto dramático Corriendo con Terry Fox, de Ulises Rodríguez Febles, Cárdenas 1968, Ediciones Matanzas 2011, además de desarrollar estas ideas entregándole al hombre la posibilidad del triunfo en el espacio social, quiere establecer un vínculo entre dos áreas de la cultura aparentemente separadas, el arte y el deporte, sabemos que el poder las separó por alguna razón específica, sin embargo se podría afirmar que el arte es una especie de deporte y el deporte una especie de arte. Nada más teatral que el atletismo, y nada más atlético que el teatro, no solo por la presencia del público, sino por la importancia que alcanza la expresividad del cuerpo en ellos y su sentido mágico de ritualidad.

 
A Ulises Rodríguez Febles, El Concierto, Béisbol, Sputnik, Ciudadanía, se le debe no solo la relación deporte arte en la más joven dramaturgia cubana, sino otras relaciones de difícil conjunción en el contexto del teatro cubano, llevando al arte una serie de temas que el arte como institución política ha excluido, en el plano socio-político me refiero específicamente a Huevos, y segundo, la renovación estructural de las técnicas dramatúrgicas en función de lo que expresa. Leer Corriendo con Terry Fox es asistir a una carrera de fondo, a través de la palabra escrita Ulises reproduce las condiciones físicas y emocionales de un maratón, en un stadium, usando técnicas cinematográficas, haciendo uso del performance como categoría teatral dúctil para emitir y generar sentido desde la escena. Con este texto Ulises le hace entrega a la escena cubana contemporánea y al director que desee representar el drama, de la más alta libertad literaria pues es como si la escritura sucediera en la cabeza de El Liebre, atleta protagonista que tiene a Terry Fox como alter ego. Con esta entrega el dramaturgo nos recuerda que teatralizar es sinónimo de aglutinar y sintetizar, arduo ejercicio de constricción, pues en escasas 60 cuartillas asistimos al desarrollo de un dolorosísimo drama contemporáneo. Acorde con los tiempos que corren y en relación con el debate del fin de los elementos que amparan la modernidad, el texto anuncia y se completa dentro de lo que podría denominarse el fin del teatro o el acabamiento de los límites reconocidos como teatro, para abrirlo a otros espacios. ¿Dónde comienza el teatro y acaba la vida, la representación? es una pregunta que recorre toda la escritura dramática de Ulises, es por lo tanto crítica de esas fronteras, una especie de partitura para la escena como gustaba llamar Grotowski a la guía escritural que usaba para soportar sus puestas en escenas, igualando teatro y música, teatro y rito, teatro y libertad.
 
La obra quiere erigirse en metáfora del hombre contemporáneo, corriendo hacia qué horizonte, ¿hacia dónde, con las piernas rotas y amenazado de muerte?, acaso la meta sea desplazarse siempre, para engañar a los sentidos que rigen la idea de movimiento: correr, siempre correr, huir, correr para ir en contra de lo establecido sin poder cambiar las estructuras. Sabemos que el hombre de hoy está determinado dentro de un rígido espacio de posibilidades, cada vez menor, progresivamente ha ido perdiendo la intimidad y no sabe qué hacer con la libertad que tanto esfuerzo le costó desde 1945, incluso ha perdido la noción de mundo, como si este hubiese acabado, es decir, no se ha acabado porque queda la presencia inminente de las calles, los museos, las instituciones, pero si acabó la idea del mundo porque esas instituciones no representan al hombre en su cabalidad. Ahorita no sabremos dónde comienza África y acaba Europa, porque los dos continentes comenzarán y acabarán donde mismo: en crisis humanas, éticas, políticas, confusiones económicas, en una carrera donde Terry, el hombre, no tiene otra alternativa que ganarse a sí mismo compitiendo contra él: su contrario y semejante.
 
Queda este texto de Ulises Rodríguez Febles, en manos de la escena cubana, para repensar desde nosotros el sentido de la inmovilidad.


Por: Derbys Domínguez