Suprematismo LolóEn 1915, Kasimir Malevich declara en su manifiesto suprematista:
 
Reconocí que la cosa, y la representación, habían sido tomadas por la propia imagen de la sensibilidad y comprendí la falsedad del mundo de la voluntad y de la representación. El pomo de leche. ¿Es el símbolo de la leche?
 
Loló Soldevilla Nieto (Pinar del Río, 1901 - La Habana, 1971) sostuvo dentro de su producción artística este presupuesto, aunque en algunas de sus representaciones pictóricas estuvieron conexas al universo figurativo que utilizó en aras de desentrañar parte importante de sus inquietudes vinculadas con su experiencia familiar, para luego, concretarlas en una nueva postura plástica hasta llegar a la abstracción o arte concreto-matérico.  Loló fue una iluminada como bien me comentara Rolando Estévez, no solo por sus aportes a la pintura moderna cubana, desde la inclusión de los postulados vanguardistas europeos, sino también desde su contribución a la sociedad de su tiempo; con un lirismo caracterizado por su impronta de mujer actualizada, diestra y de pensamiento avanzado que bien supo proyectar a través de sus incursiones como músico, artista plástica e incluso ejecutiva.
 
Ser una mujer citadina le propicia relacionarse con grupos representativos de su interés creativo, así como formarse de conocimientos teóricos y prácticos en ciudades como París.

Loló en Vigía
, exposición celebrada en la Galería de Arte “Pedro Esquerré” espacio que nos acoge, fecunda este empeño ya no de sueños, sino más bien de realidades concretadas por sus familiares, amigos y admiradores de su poética. Este gran proyecto que rescata la memoria de una de los grandes exponentes del arte moderno cubano se complementa como lev motiv en la revista Vigía, la que se ilustra con su obra pictórica. La Revista con la dirección y edición de  la escritora e investigadora Laura Ruiz Montes y el diseño del artista Rolando Estévez Jordán  traduce y traspola el sentir espiritual y artístico de esta mujer de todos los tiempos.

La cubierta de portada y de contraportada se encuentra confeccionada a partir de una cuidadosa e interesante propuesta estética que el diseñador propone a partir de la dualidad representativa de la producción artística de Loló. Caminos creativos creados por ella, no para ser atendidos desde la implementación de conceptos opuestos como lo son la abstracción y la figuración, sino para explicar, un tanto, su historia matizada por disímiles condicionantes vivenciales que dieron sabor a su vida. La utilización en la Revista de elementos matéricos, incursionados desde el arte povera como la arena, el aserrín, hasta la asimilación de materiales como la madera y la tela, esta última, dispuesta como soporte de cierre a la Revista, nos acerca además, al gusto personal de la artista y a la estética de los años 40-50, provocan una suerte de conexión, a la vez que homenaje, entre los principios creativos morfo-conceptuales de la editorial Vigía y la propia obra de Loló Soldevilla. Ambas, inmersas en la experiencia del buen hacer; la primera, desde presupuestos editoriales que comprenden una genuina y original elaboración plástica y literaria en función del objeto-sujeto propuesto; Soldevilla, con una obra colosal, no por la grandilocuencia que desde la escala se refleja en su obra, sino por la simplicidad y voluptuosidad que se desprende de trazos que transitan por la abstracción suprematista, constructivista y en ocasiones una propuesta mucho más lírica apegada a los fundamentos kandiskianos. Desde el diseño de la Revista y su tipografía característica, podemos constatar ese carácter enérgico y perspicaz propio de la artista, cuando en la ilustración de cubierta, sus trazos y formas nos sugieren los argumentos geométricos utilizados en su composición, sobre todo, el círculo y semicírculo en el caso de su obra abstracta, y en su propuesta figurativa, reservado para el reverso de cubierta, destacan los rostros femeninos, que al antojo del diseñador, los convierte en una suerte de quinqué, armonizando el sentido simbólico editorial, y el resultado plástico de Soldevilla en cuestión.
 
La Revista hace gala, inclusive, de una de las serigrafías que Loló hiciera en el año 1954. Recrea también, una de las escasas representaciones masculinas ejecutadas en su producción pictórica, la cual el diseñador utiliza en aras de exaltar esa faceta poco difundida en su obra. Los colores utilizados en esta propuesta editorial; sobre todo, el amarillo, anaranjado y sus tonalidades, productos de colores cálidos, identifican el sello tipográfico de Vigía, el que interviene y se interrelaciona con los presupuestos estilísticos de Soldevilla.  
 
Estévez resuelve la conexión artística Loló-Vigía desde la proyección de los elementos semióticos e intertextuales que le permite su hacer personal, marcado sobre todo, por el afán que le caracteriza en individualizar en su trabajo al sujeto y su obra a favor de un resultado orgánico capaz de brindar, aquello que llamamos la magia de la representación.
 
-En este sentido me sobreviene una y otra vez la tesis de Malevich-: El pomo de leche ¿Es el símbolo de la leche?, tal vez Loló nunca se cuestionó esta interrogante muy a tono con los cuestionamientos que emanaron de su poética más distintiva; pero no es menos cierto, que si bien la abstracción le provocó la sublimación del gusto estético-conceptual, la figuración le favoreció escalar y llegar a ese estado contemplativo y de acción que le impulsara a concretar su mejor realización plástica, y la hiciera situar en uno de los puestos más relevantes del arte moderno en Cuba.
 
Ediciones Vigía le obsequia a Loló Soldevilla Nieto en cualquier dimensión que se encuentre, una Revista con olor a aserrín, olor a los años 40-50. Le regala una cinta a cuadros para que envuelva su cabellera de paleta color del tiempo, incluso, le regala un trozo de madera para cuando se despierte en cada mañana nos entregue un rombo policromado.


Por: Yoan Álvarez Pérez

(*) Palabras de presentación de La Revista del Vigía, año 22, # 32. En Matanzas, en la Galería Pedro Esquerré, el 9 de junio del 2012.