Casa de la Memoria EscenicaParafraseo el título de uno de los más brillantes poemarios de Luis Cernuda para recordar dos de los lugares que conozco donde mejor se ampara, se protege, se mima el tesoro de la memoria cultural cubana.

De mi estancia en el Instituto de Literatura y Lingüística guardo buenos recuerdos. Era el momento más crudo de la honda crisis económica conocida como Período Especial. A la hora del almuerzo los trabajadores no encontrábamos gran cosa en la bandeja del almuerzo, pero en la calle era más complicado obtener una pizza u otro rápido manjar que llevarse a los labios.

Frente al comedor estaba un departamento que sabíamos especial aunque se disolvía en la cotidiana naturalidad del Instituto.

El archivo de la institución atesora cartas y otros valiosos documentos de Nicolás Guillén, Lino Novás Calvo, José Antonio Portuondo y otras figuras esenciales de la literatura cubana del siglo XX. Estos y otros pocos nombres tienen colección aparte, sitio reservado pero -como dentro de la riqueza de documentos se ubica una copiosa cantidad de correspondencia- hay ahí cartas de buena parte de los grandes escritores y otras celebridades que se relacionaron con los creadores cubanos de esa fecunda época.

En los últimos años varios investigadores han ido dando a conocer libros, artículos, conferencias que se nutren de ese legado. Por poner un ejemplo relevante evoco el trabajo de Cira Romero a propósito del formidable narrador Novás Calvo.

Otro lugar donde la preservación reina de una forma activa es el Centro de la Memoria Teatral, que ha cumplido por estos días 20 años en la muy marina provincia de Matanzas.

En el caso del teatro la vocación de preservar se agradece doblemente. El nuestro es arte voluntariamente efímero y de pocos asideros para escribir la historia y fijar los hitos de mayor calidad o relevancia. El destacado dramaturgo Ulises Rodríguez Febles y un pequeño equipo de trabajo coleccionan lo que hoy es presente y después será memoria. Han recibido importantes donaciones de protagonistas de la escena cubana.

Albio Paz -autor esencial en el mejor momento de Teatro Escambray y con una última y fértil etapa de su creación en Matanzas- puso todo su archivo y los originales de sus textos en las manos de Ulises.

De vez en cuando -cuando tengo el placer de irme hacia esa provincia con tanta actividad escénica- llevo algunos pocos programas de mano (humildes pero firmes aliados del recuerdo escénico) y cualquier otro material que pudiera ser de utilidad. 

Con una mezcla de satisfacción y un poco de pudor entregué una vez a mi querido colega Rodríguez Febles unas cuartillas amarillentas plasmadas a golpes de las viejas máquinas de escribir de mi primera y afortunada obra, “Tren hacia la dicha”.

La digitalización está siendo una aliada de lujo a la hora de conservar y de hacer accesibles los tesoros del pasado a los estudiosos de ahora y del mañana.

En Cuba vamos un poco atrasados en esos temas, aunque hace poco leía buenas noticias sobre un acelerado proceso de paso a lo digital en la Biblioteca Nacional.

Cuidar lo mejor de antes sigue siendo una de las estrategias de mayor futuro que podamos suponer y desear.


Por: Amado del Pino