En la plaza de La Vigía, en la ciudad de Matanzas, el cocinero Ignacio Betancourt Benítez ha hecho un alto, y con tímido asombro primero, con auténtico entusiasmo después, paladea un sabor que creía extinguido para siempre: el sabor del arte. Ignacio, de niño, sintió inclinación por la pintura, y era bueno en eso, estuvo a punto de becarse en la Escuela de Arte, pero en la casa le quitaron la idea, aduciendo que quien iba para allí terminaba “blandengue”.

Museo del Prad en las Calles de Matanzas

La vida condujo a Ignacio por otro camino muy distinto, acabó haciéndose cocinero y pasado el tiempo, con resignación, llegó a pensar que ya no quedaba huella en él de aquel mundo que lo deslumbrara en su infancia, que se había esfumado de su cabeza lo que era una galería, una exposición, una obra de arte. Pero allí en la plaza de La Vigía, a donde había llegado por casualidad, acababa de sentir lo mismo que sentía cuando en sus tiempos de muchacho se paraba frente a una buena pintura.

A un costado de la plaza, sobre los adoquines de la cortísima calle, han sido colocadas, sujetas a bases de metal, a tamaño natural, en unos paneles plásticos, reproducciones pictóricas de obras pertenecientes al famoso Museo del Prado, de España. Es una singular exposición que, con la particularidad de llevarse a cabo al aire libre, realiza un periplo por la Isla, luego de haber permanecido en La Habana. Matanzas es su primera escala. Cuenta con imágenes de 53 obras, pertenecientes sobre todo a las escuelas española, flamenca e italiana, con representantes como Velázquez, Goya, El Greco, Fra Angelico, Correggio, Tiziano, Tintoretto, Caravaggio, El Bosco, Rubens, Durero, Rembrandt y Poussin. También se incluyen siete carteles con informaciones acerca de la exposición en específico y en general sobre el Museo del Prado. Unas pocas reproducciones han sido montadas en la Galería de Arte Pedro Esquerré por determinadas especificidades; el resto se halla en la plaza.

Museo del Prad en las Calles de Matanzas

En la plaza, sobre los adoquines, por donde ahora mismo va Ignacio de obra en obra. Se acaba de parar ante la reproducción de un cuadro de Goya y cuando otro visitante fortuito se coloca a unos pasos de él, Ignacio le hace un comentario. Establecen relación y de ahí en adelante, avanzando hacia la calle Medio, hacia donde se dirigían al llegar hasta allí, Ignacio y el nuevo visitante observan con detenimiento, hablan y hablan entre ellos. El nuevo visitante se llama Pastor Caballero, ingeniero mecánico jubilado, pero parece que también con algo de artista, pues dice que toca la guitarra. Alejado de ellos, absorto frente al virtuosismo de Rembrant, se halla Omar Sarduy, técnico de Seguridad y Salud del Trabajo, también jubilado, quien no hace más que decir: “¡Espectacular! ¡Espectacular!”. Un poco más allá, una madre con su niño que, aprovechando que ella ha cogido una llamada entrante a su celular, disimuladamente raspa con una uña el panel plástico que está frente a él, una reproducción de Durero, y como parece que no es suficiente así extrae una moneda del bolsillo de su pantalón, pero cuando va a empezar otra vez es sorprendido por la madre, que lo regaña y le “decomisa” la moneda.

Sonriendo, luego de ser testigo de este episodio, un periodista que se halla en La Vigía, también visitante fortuito, se pregunta a sí mismo cuán duraderos pueden resultar estos paneles, si resistirán el mes que tienen planificado estar en Matanzas (todo julio), y luego el periplo que realizarán por varias ciudades de la Isla (Trinidad, Camagüey, Santiago de Cuba y Bayamo). Si resistirán la rudeza de nuestro clima, o el rapón disimulado con la uña o la moneda, o con otro objeto más letal. A Helga Montalván, la directora de la Galería Pedro Esquerré, le preocupa específicamente algún deterioro durante el desplazamiento de las reproducciones, para abrirle paso al camión que descarga cervezas y otros productos en la cafetería de la esquina cada cierto tiempo.

Museo del Prad en las Calles de Matanzas

Sin embargo, pasan los días y todo sigue sin problemas. Sobre los adoquines de la plaza de La Vigía están como mismo vinieron las reproducciones que forman parte de un proyecto itinerante que el Museo del Prado lleva a cabo desde el 2015, y que ya ha recorrido Tegucigalpa, Ciudad de Guatemala, y San Salvador. Según se ha informado a la prensa, en el presente año también tiene en su hoja de ruta ciudades de otros nueve países, entre ellas Asunción, Lima, La Paz, Costa Rica y Panamá. Pero ahora las reproducciones están aquí, en Matanzas. Y una mujer le dice a otra que aquello está tan bonito, y después le pregunta que si ella cree que se puede tirar una foto sin que le cobren nada, y como le responde que no hay que pagar nada, le pone en la mano su cámara y le pide que la retrate frente a una obra de Rubens. Luego se va ella y la que la fotografió. Luego llegan otras personas. Y se sorprenden también con este Museo del Prado sobre los adoquines de la Vigía.


Por: Norge Céspedes