Raúl de CárdenasLa Peregrina de Raúl de Cárdenas es un texto sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, en dos actos, que también ocurre, sin límites, como aclara el autor, entre Cuba y España.

El primer acto entre 1836 a 1845 y el segundo de 1846 a 1873. 

Con once personajes, nueve de ellos históricos y dos actores, que se multiplican en otros de la vida de la Avellaneda o en narradores de su  biografía. Con escasas didascalias, predominan las de orden técnico: oscuros, trancisiones, movimientos en el escenario… Y especialmente, la recurrencia a la tecnología – con diapositivas -  para ubicar diferentes épocas, imágenes de personajes – el Coronel Domingo Verdugo -  y espacios como pueden ser el cementerio de Madrid o el Teatro Tacón. A diferencia de los otros dos autores que han asumido a la Avellaneda – Pedro Monge y Gerardo Fulleda León -  Raúl de Cárdenas recurre a lo intertextual de manera constante haciendo uso del material documental de la autora, cartas, diarios, obras poéticas o narrativas.

Con ellos reconstruye su historia, pero a la vez le es fiel al ideario ético, ideológico y estético de La Peregrina.

El discurso de lo que trascurre (se representa) en su vida, se contrapone a lo que narran los otros personajes (demiurgos) de la obra, especialmente José Zorrilla (el poeta romántico), Luis Coloma (el sacerdote) o José Fornaris (el poeta indiano), ubicando al lector o futuro espectador en el contexto histórico, siempre inestable, de España o Cuba, con énfasis en perspectivas y enfoques ideologizantes.

La selección de estos tres personajes con énfasis en lo diegético posibilita, la contraposición y pluralidad de ideas que desde tres perspectivas diferentes la caracterizan desde una técnica transitiva, la de Zorrilla y Coloma desde España, el primero desde su perspectiva en el mundo de la sociedad y las letras españolas; el segundo desde la religiosa y la de Fornaris, desde Cuba, un país – en la época abordada -  en constante beligerancia que el describe, mientras enjuicia y  sitúa a La Tula en el vórtice político, en sus turbulencias.

En el texto de Raúl de Cárdenas – autor entre otras de La palangana, Edipo e Colón,  Un hombre al amanecer  - escrito en 1993 y por lo tanto el que inicia los acercamientos a la autora; la Avellaneda desafía, por ejemplo, con su voz poética a la reina Isabel II lo que muestra su carácter irreverente, su posición con respecto al país donde nació; mientras en otro plano Fornaris, la denigra con frases, como “quien no ama a su tierra, no ama a nadie”.

En estos dos personajes, situados en posiciones opuestas por circunstancias políticas - la que vive en la metrópoli y el que defiende de manera extrema la independencia - encontramos una gran carga de significados, que nos contextualiza y actualiza el discurso, conllevando a una reflexión que puede leerse desde diferentes presupuestos, específicamente políticos.     

El texto de Cárdenas  está organizado con una estructura fragmentada,  que transcurre de manera lineal y ascendente, pero  con un punto de partida y culminación definido, que es la muerte de la Avellaneda en 1873.  

Su vida en España es un transcurrir de búsquedas donde encontrar  un sentido para su existencia, que enaltezca sus valores como mujer y escritora. En sus ciudades o pueblos  también encuentra la incomprensión, el desprecio, incluso en aquellas que la reconocen y  enaltecen, como Sevilla y Madrid.

Su peregrinaje, es un viaje hacia un horizonte que la aleje de la mediocridad y el dolor de sentirse discriminada. Su regreso a la isla está determinado por al ataque a Domingo Verdugo, el último de sus esposos, en una calle de Madrid.   

Es la Avellaneda una transgresora incesante de las costumbres y las tradiciones. Por eso cada uno de los sucesos y personajes seleccionados por Cárdenas están función de enfatizar ese mundo de empatías o antipatías, de su trágico enfrentamiento a los imposibles, el desafío a retos imposibles.

Un mundo de hombres – el de este texto y eso lo particulariza -  donde las mujeres son latentes o ausentes, y en la que la Avellaneda está continuamente rodeada solo de ellos que la denigran, defienden o enaltecen, que la aman, se sienten seducidos por su belleza, su obra o sus ideas o en la rara ambivalencia, de entender o no a una mujer que los sobrepasa, y destruye las convenciones y el pensamiento patriarcal de la época.

Sobre esa relación con la sociedad y los hombres se afirma sus atributos caracterológicos, la afinidad – por ejemplo -  con su hermano Manuel o con el poeta José Zorrilla, sus discrepancias con Fornaris (especialmente ideológicas, y que se patentizan en dos instantes esenciales, durante la coronación de la Tula en el teatro Tacón y especialmente – es aquí donde esa contradicción alcanza su clímax y permite el choque de ideas, las emociones e ideas sobre un tema tan crucial como lo es Cuba y su permanencia en España,  cuando Fornaris llega exilado a Madrid y la visita); con Escalada su padrastro o con Cepeda o Tessara, que no logran comprender su irradiante personalidad, su capacidad de amar y dejarse amar.

Es la Avellaneda apasionada, liberal en sus ideas, propias de épocas más avanzadas. Desde las primeras escenas intenta ser diferente. Si Camaguey la aplastó, Santiago de Cuba le demostró que de nuevo debía partir, que pertenecía a otro lugar y  debía encontrarlo lejos de la isla, diciendo adiós, aunque amara entrañablemente sus paisajes y rincones.

Hay una afinidad invariable, que Cárdenas reafirma que es primero con su padre muerto – y por lo tanto ausente, fugaz -  y una permanente  con Dios.

La religiosidad de la Avellaneda   se muestra en cada uno de sus actos, en sus conflictos con los personajes y en la manera de resolverlos.  Es persistente y fervoroso su amor y entrega a Dios; pero como en todos  los aspectos de su vida, su manera de entender y dialogar con él es muy personal y auténtica; transgresora, según algunos. En su encuentro en Madrid con José Fornaris, le responde: “Más allá de las leyes que los hombres alteran a su conveniencia, está la ley de Dios, y fue Dios quien me hizo cubana. Y cubana aguardaré el fin de mis días”.  

Cuando Tessara la abandona a su suerte, y ella quiere irse a un convento, otro hombre, el sacerdote Luis Coloma, es quien lo aparta de esa idea, persuasivo y convincente, la absuelve ante Dios.  

Lo ideológico, es decir las maneras de pensar de cada uno de los personajes sobre zonas diversas de la realidad abordada, se ponen de manifiesto en el cuerpo textual y contribuyen a ver la complejidad de atributos caracterológicos de La Tula convertida en personaje, sus ideas sobre el sexo, el matrimonio, la literatura, la nación, la relación con España,  las otras mujeres.

En un dialogo donde predominan los coloquios y monólogos, estos fundamentalmente a partir de poemas de La Avellaneda, enlace estructural y potente discurso, cargado de emociones, reflexiones o visiones íntimas, biográficas y a la vez colectivas de su existencia.

Cárdenas construye su discurso desde la intertextualidad, con rasgos del teatro documental, que nos muestran la filosofía estética e ideológica de la Avellana, con un lirismo muy particular,  que le impregna a su discurso, a la voz de sus personajes y fundamentalmente al protagónico.

Este no es un texto de síntesis, sino exuberante, despliegue ampuloso de una biografía que se torna inabarcable; pero que el autor con su enfoque logra atrapar, dominar y llevar a donde quiere, a lo que le interesa como creador.

Un discurso que sitúa a La Peregrina, en los vórtices de las dos naciones en las que vive. “España es ancha”, dice – por ejemplo - el personaje cuando se enfrenta a Escalada su padrastro y ella está decidida a ser diferente, a olvidarse de las calumnias y ofensas, a no seguir el modelo de su madre e iniciar su peregrinaje, ese que Cárdenas acentúa, su paso constante por disímiles espacios y  que tienen una significación semántica y dramática en su biografía.

España, de alguna manera, es un espacio simbólico que funciona, como un lugar de concreción de sus sueños y a la vez, de oposición, distensión y disidencia,  según desde donde se le focaliza.

Mientras, por ejemplo Monge Rafulss selecciona la polémica de la coronación de la Avellaneda en el Tacón, centro de debate ideológico, de no pertenencia a un lugar, de marginación política; Raúl Cárdenas escoge la no aceptación de Gertrudis en la Real Academia de la Lengua Española; pero también el del Tacón, como sucesos definitivos y discriminatorios, que polarizan y a la vez unifican la voz de un Todo.

La polémica sobre su inclusión en la Academia y el no, contundente, arrasador posee una poderosa fuerza dramática y a la vez ideológica. En ese “no¨  dicho por la intelectualidad española, se reafirma, la exclusión, los criterios, que con diversos matices han esgrimido cada uno de los personajes de La peregrina, una negación colectiva, definitiva, que ocurre en Madrid, España; mientras la otra sucede en La Habana,  Cuba.

Otro aspecto de interés, es como Sab – el personaje de su famosa novela -  se transforma en personaje de La Peregrina; pero desde una relación de amistad y confraternidad entre el esclavo y su ama, entre el hombre negro y la blanca. De alguna manera este pasaje constituye una referencia, para caracterizar otro de los atributos del personaje protagónico: el respeto al ser humano.    

La peregrina no ha sido llevada a escena, ni tan poco ha sido publicada, no  fue escrita para un acontecimiento a celebrar, sino como  vocación escrutadora en un personaje histórico, que seduce como personaje dramático, por la cantidad de acontecimientos que marcan su vida, por la multiplicidad de atributos  que signan su vida y especialmente, por  su conflicto trágico en el contexto que le correspondió vivir, matizado por confrontaciones políticas en las que su permanencia en España condicionó la pregunta extrema sobre su nacionalidad, donde se interroga el sentido de patria y de patriota.

Raúl de Cárdenas, que en 1991 había escrito Un hombre al amanecer, teatro patriótico dedicado a José Martí y en 1993, un teatro documental a la manera de Peter Weiss, utilizando títeres y actores Las sombras no se olvidan,   nos entrega una Gertrudis Gómez de Avellaneda, muy suya, de sus lecturas, investigación, conflictos - humanos e ideológicos - y estética,  sobre una autora que en  este 2014, cumple el bicentenario de su nacimiento en la ciudad de Camagüey, espíritu de su poética de los últimos años como autor dramático; mirada aguda e inquieta, polémica de un peregrinaje incesante, que en algunos casos se torna eterno e irreversible.


Por: Ulises Rodríguez Febles.