Literatura africanaArte contemporáneo, cine, moda y literatura de procedencia o inspiración africana están haciéndose con más y más espacio en los medios de comunicación. En esta ocasión, es la revista internacional de traducción Asymptote (http://www.asymptotejournal.com/) la que reserva en su último número (abril 2013) un espacio notable a África. A la sección especial titulada “Africa English Fiction Feature”, compuesta por tres relatos cortos escritos por mujeres –Chika Unigwe (Nigeria), Ayesha Harruna Attah (Ghana) y Tagreid Hassabo (Egipto)- se unen los ensayos del oriundo de Madagascar Christian Dumoux, las reflexiones sobre Lesotho de Will McGrath y un extracto del magnífico testamento literario de Yasmina Khadra (Argelia): El escritor. En la sección de poesía, la rica tradición del arabo-beréber se hace rima y verso en los poemas del marroquí Mohammed Bennis y del saharaui-cubano Limam Boicha. Completa este recorrido literario sendos ensayos sobre Yasmina Khadra y la joven escritora inglesa de ascendencia nigeriana Helen Oyeyemi, así como una reseña del trabajo enciclopédico realizado por Pierre Joris y Habib Tengour en la cuarta entrega de la serie Poems for the Millennium (University of California Press, 2013) dedicado a la producción poética culta y popular del Maghreb, al-Ándalus y sus áreas de influencia desde la antigüedad hasta nuestros días.

En un año en el que se están viendo reconocidos los trabajos que colectivos de blogueros han venido dedicando a África (Africa Is A Country y GuinGuinBali han sido nominados a los premios Bobs en diferentes categorías), mientras asistimos a un cierto crecimiento y diversificación de la atención sobre temas, personajes y realidades africanas en la prensa mayoritaria, las publicaciones especializadas les van a la zaga, tal y como demuestra este mes de abril Asymptote, una revista internacional de traducción en inglés con editores repartidos por todo el planeta, opuesta a los mecanismos del mercado regulados por la publicidad e independiente en su filosofía al negarse a cualquier adscripción institucional limitadora.

Con dos años de vida, en los que han cubierto el mapa publicando a autores emergentes y a reconocidos literatos en más de 50 idiomas, con monográficos dedicados a Hungría, Romanía, Taiwán o Suecia, Asymptote tiene además la virtud de apostar por las nuevas tecnologías, incluyendo en la mayoría de las traducciones un mp3 con la lectura del texto en su versión original y una obra visual. Las imágenes, realizadas ad hoc por jóvenes diseñadores y artistas y el documento sonoro original convierte a esta lectura hija de la era digital en una experiencia integral audiovisual. Quien se asoma a la revista se encuentra con la inmediatez emocional de la oralidad, la sugestión del trabajo imaginativo de las obras plásticas, dos lecturas que se pueden complementar, a otro nivel, más analítico, con reseñas detalladas, ensayos críticos y entrevistas con traductores y escritores que puntúan cada ejemplar.

África está de actualidad, y lo deja claro que hasta el The New Yorker incluyese a Asymptote entre sus recomendaciones de lectura de esta semana ( http://www.newyorker.com/online/blogs/books/2013/04/book-news-george-saunderss-computer-note-from-mlk.html ). Siguiendo a periódicos británicos entre los que destaca The Guardian, los cuales nos bombardean en los últimos tiempos con más y más artículos sobre tendencias, fotografía, arte e historias africanas, ofreciendo una visión alternativa a los acostumbrados reportajes de guerras, política internacional, anuncios de conciertos o reseña a modo de actualizado libro de viajes del enviado especial occidental, Asymptote había reconocido el papel de los escritores africanos desde su fundación, allá por enero de 2011, cuando se lanzaba la revista con textos del poeta, activista y uno de los fundadores de la négritude, el martinico de origen africano Aimé Césaire. Habib Tengour, Adonis, Abdelah Taïa o Rachida Madani, entre otros, han ido apareciendo en diversas entregas, de igual a igual con autores con los que el público internacional está más familiarizado por la hegemonía que la producción intelectual y artística occidental sigue manteniendo hasta hoy en el mercado editorial global. El paso a un número en el que África tuviese un espacio destacado, sin por ello limitarse únicamente a ella, parecía el paso natural en la progresión de esta reconocida publicación.

El acto de traducción, responsable de la difusión de ideas y conocimiento, tiene la potencialidad de engendrar diálogo y cuestionar los lugares comunes, las mentiras de los que detentan el poder y, de este modo, ampliar nuestra visión del mundo y sus gentes. Cuando la posibilidad del viaje físico se nos niega, el arte nos permite adentrarnos en las calles de Accra, Tetuán, Argel, Lagos, Antananarivo o Addis Ababa, conocer a sus habitantes y asomarnos a sus vidas para conversar con ellos. Nos guían en este descubrimiento artistas locales de la mano de especialistas encargados de su traducción. Artistas y traductores, devotos a un quehacer donde los actos de negociación y comprensión cultural y social se basan en el respecto y la estima del otro, se convierten hoy en adalides de hombres mujeres carentes de la visibilidad que merecen y sepultados a los límites de la historia al no adaptarse a los dictados de los focos centrales de irradiación económico-cultural. La labor que estos traductores vienen realizando, convencidos de la necesidad de mantenerse fieles al espíritu del texto y entregados a una atenta y meditada lectura de las obras originales, se convierte en un manifiesto a favor de la profundidad y la lentitud contra la imparable dictadura de las modas y la velocidad de la información superficial y condensada que caracteriza el presente. Para acercarse a estos autores es preciso tomarse una pausa y reflexionar, olvidarse de los reclamos que nos llegan desde las ubicuas pantallas que rodean nuestras vidas y entregarnos, despreocupadamente, al diálogo de la lectura…


Por: Beatriz Leal Riesco