Danzando con VirgilioNotas a propósito del más reciente estreno de la Compañía Danza Espiral

2012 ha sido declarado por los teatristas nacionales como el año Virgilio Piñera. El reconocido y controvertido narrador, poeta y dramaturgo, nacido en Cárdenas, Matanzas, en 1912 y fallecido en La Habana, en 1979, cumple 100 años. Muchos grupos escénicos se aprestan a rendirle homenaje en este aniversario cerrado, otros reviven sus pasadas visitas a la obra de este artista imprescindible de la cultura cubana. Danza Espiral, el conjunto yumurino que lidera la maestra Liliam Padrón, se suma al cumpleaños del ilustre matancero, con la reposición de piezas danzarias de su repertorio que se basan en textos teatrales y poemas de Virgilio, y aprovecha para estrenar mundialmente su visión en movimiento de Aire frío, obra fundamental en el catalogo teatral de este autor.

Se dice estreno y uno piensa en el jolgorio escénico y social en que se constituye un acontecimiento de este tipo, pues así ha sido. Los espirales saltaron por encima de carencias de condiciones de trabajo, de elenco y de espacios idóneos de representación en la ciudad y agasajaron a Virgilio Piñera desde el corazón, la admiración y el respeto.

Este ya es un gesto merecedor de aplausos. Ojalá y puedan llegar hasta Cárdenas, la tierra natal del autor, con este hermoso programa de toda una noche. Sería la manera de tributarlo en su lugar de origen, la forma idónea de colocarlo en el sitial correspondiente en su terruño, mediante un regreso metafórico que el público sensible y conocedor de allí seguro agradecerá, y al no iniciado le servirá como puerta al conocimiento del arte de Virgilio, el más importante dramaturgo del pasado siglo, tan lozano y provocador aún en el siglo XXI.

Utilizando como guía a Iván García, actor de Teatro de Las Estaciones, en su particular caracterización de Virgilio, que ya ha sido reconocida con el Premio Caricato de la UNEAC y elogiada por los que lo vieron representar al escritor de Electra Garrigó y Dos viejos pánicos, en la puesta en escena Si vas a comer espera por Virgilio, del también matancero José Milián, el espectáculo nos dejó disfrutar en su voz y su gesto en poemas como Solo de piano, Solicitud de canonización de Rosa Cagí, Las 7 en punto y María Viván, sin dudas fue esta una excelente idea. El no, Un hombre es así y Vida de Flora, coreografías todas de Liliam Padrón, unas veces en forma de dúo, como solo o con toda la compañía, dejó ver las condiciones histriónicas y técnicas del elenco con que cuenta el conjunto en la actualidad, y sobre todo la utilización inteligente que de este logra la Padrón. La coreógrafa, deja ver en todas sus piezas su fuerte filiación con el arte de las tablas, sin que olvide por ello los códigos contemporáneos y renovadores de la danza actual. Quien busca y explora constantemente dentro del arte, encuentra sitios de luz, y esas fosforescencias saltan a la vista de manera individual o colectiva en las reposiciones de Danza Espiral que congratulan a Virgilio en su centenario.
 

El plato fuerte de la noche fue el estreno de Aire frío. Hay que estar lleno de osadía para trasladar un texto tan especial como este al lenguaje de la danza. Aire frío es un retrato doméstico de la familia Romaguera, un entorno donde parece no acontecer nada, con un conflicto velado, cuyos sonidos son amordazados por una cotidianidad cruel y negadora durante 18 años. El propio Virgilio expresó que su texto era una pieza sin argumento, sin tema, sin trama y sin desenlace, cuya fatiga de la acción la hace romper con las estructuras de un drama realista, lo cual no le resta como obra para llevar a escena, sino que la convierte en objeto de tentación, en reto a vencer. ¿Contar o no de manera integra la historia de los Romaguera? ante esta disyuntiva se halló Liliam al abordar su estreno, acción que significa un empeño mayor, obra de madurez, acto valiente. De 16 personajes solo elige 5: Luz Marina, la muchacha trentona, interpretada visceralmente por la bailarina Kenia Carrazana, Oscar, el poeta mediocre de 28 años, asumido por un prometedor Yadiel Durán, papel difícil en el teatro, por tanto más duro aún en el lenguaje de la danza, Ángel, de 55 años al comenzar la historia, el padre de los Romaguera, ahora en la piel de un jovencísimo, pero esforzado  Yanniel Miñoso, Enrique, el hijo mayor, de 33 años, interpretado por Enrique Leyva, un bailarín al que Liliam trabaja desde diversos ángulos para sacarle lo mejor y casi siempre lo consigue, y Ana, la madre de 50 años, defendida por la bailarina Gelsys González, el mejor trabajo interpretativo del estreno, una clase de contención, uso del cuerpo y proyección escénica que la convierte en una de las mejores bailarinas de este país. Cada vez que Gelsys sale a escena, el espectador siente que ella tiene algo que comunicar y viene a hacerlo con todo su arsenal técnico y expresivo.
 

Liliam aboga por una coreografía de atmosferas, para ello acude a movimientos que sugieren el absurdo cotidiano. Juega con el choteo cubano en una escena tan interesante como el singular dúo de Ana y Ángel con las perchas de ropa, con el humor negro, con la parodia, tanto a nivel musical como danzario. Zenén Calero, a cargo del diseño de vestuario y escenografía, redondea el concepto del Aire frío de Danza Espiral. Entre papeles humildes y madera al natural, remeda la casa de una costurera que trabaja para mantener a la familia y no logra salir de la pobreza. Los colores blanco y negro de los vestuarios hacen ver a los personajes como fotos, imágenes ¿tal vez de nosotros mismos? que reconocemos cercanas. Cada quien puede concebir su propia lectura de Aire frío, el texto está ahí a la vuelta de los 100 años de Piñera, para ser revisitado por quien quiera. Aplaudo sinceramente la propuesta en movimiento de Liliam Padrón junto a Danza Espiral, siento que ella misma, desde su loable empeño profesional es una Luz Marina Romaguera aferrada a su maquina de coser (su grupo, su amor por la danza, su familia), empeñada en seguir contra viento y marea, que ansía y clama desde la creación  por un poco de aire frío, venga desde el certero símbolo de un ventilador de paletas giratorias o desde un espacio de trabajo verdadero, con las condiciones idóneas que le permitan junto a su colectivo hacer realidad los mejores sueños.

 
Por: Rubén Darío Salazar
Fotos: Reinier Dávalos (Casa de la Memoria Escénica)