JUlio Blanco¿A dónde te escondiste...?
San Juan de la Cruz

No se por qué, mientras repaso una ves más, recostado a las rancias murallas de la fortaleza La Cabaña, los cuentos recogidos en el libro de los Por qué, publicado por ediciones Matanzas en el 2009 y puesto a punto para esta edición de la Feria Internacional, vienen como un soplo a mi mente la ternura en los versos de Cántico espiritual del poeta místico español San Juan de la Cruz. Deben ser los misterios de la bahía de La Habana abocada ante mis ojos y esa prudencia, tan apartada de la insensatez, que asumimos los humanos, de percibir más allá.

Detrás del mar yace la ciudad, crédula, ensimismada de ser tan ciudad. En la contemplación mutua hombre-ciudad se invoca un símil, una metahistoria que ahora es el pretexto de San Juan de la Cruz para adorar a su Dios inmanente.De ese recogimiento nacen la posibilidad y límites del conocimiento. A partir de cada interrogante Julio Blanco se convierte en un filósofo de la otra vida, transforma lo perceptivo en imágenes, símbolos, naturaleza misma de nuestras especulaciones.

 

La noche antes, bucólicos por un viaje incierto en la madrugada a la capital, a los pies del hotel Guanima semidormido, y la perseverancia que ahonda nuestra presencia mutua, guarecidos de una fría llovizna, sentados en un quicio bajo los toldos de un comercio, entre fritura y libación, después de repasar cada detalle del programa le había comentado me parecía un libro insólito.

Si en Soñar un safari (Gente Nueva, 2007) el personaje central cabalga, corazón en ristre, sin miedo a que todo un buen día no sea más que un sueño, un recuerdo, a que la ausencia o uno mismo sean una sombra; en esta entrega, con un diapasón tan amplio que entrecruzan lo autóctono de Feijoo y el hechizo de los relatos populares franceses de Charles Perrault, el leedor rehúsa a la credibilidad y se arrastra al origen de la permanencia. Cada lectura será diferente, sucumbirá la luz pero jamás se agotará, el principio de toda interrogante será eterno.

La grandeza del hombre, me respondía sosteniendo sus labios con simpleza, tras un bocado mayúsculo, esta en juzgar, artífice de si, entre las miradas furtivas de los semejantes.

Vuelo del alma, mística derogatoria, retórica del desasimiento y una inmovilidad que no llega. El búho críptico de la Diosa  Atenea, La europa de Reineke Fuchs (1180) poema épico alemán, las fábulas de Jean de La Fontaine , Oscar Wilde y la tradición romántica en  El ruiseñor y la rosa, el australiano Frank Dalby Davison y su Novilla Blanca.

¿Qué son para esta tierra de bienhechores las narraciones sobrenaturales de la santería, el vudú, los cultos a las divinidades, las máscaras, sino esfacelos de esa intensa búsqueda?

todas las cosas del mundo, aún las de orden moral, son vivientes y animadas, dotadas de una consciencia oscura, ya que cada una es una partícula del dios viviente supremo[1]


Collage. Transculturación. Mímesis.

Desde una óptica muy personal los animales de Julio levitan entre la multitud y las hojas, desesperadas, caen sobre nuestras cabezas. Una pregunta, una hoja. Es el misterio que engendra descubrir. Reconciliación del hombre consigo mismo. Julio es un crédulo que renuncia a las distracciones del mundo para concebir su propio mundo. Es la clave, sentirlo todo, horadar cada segmento de aire, la mano que cuece, las arboledas repletas de alucinaciones, el misterio de esos seres, transmutados,  que prescinden de sus miradas para verse primero desde adentro, en el fondo de la hoja, e interpretar esa experiencia como algo inenarrable.

Jaime Balmes subraya que los principios que fundan esta certidumbre son la conciencia, relacionada con la vida interior  del otro yo humano, la evidencia para las verdades abstractas y el instinto intelectual  que se debate en el mundo exterior<[2], es decir, cuánto hay de verdad en el trayecto de lo ideal a lo real.

Si algo hermana al adulto Julio Blanco con San Juan de la Cruz, es esa disciplina que, a través de la creación, los conduce a la iluminación. El oficio de escribir incesantemente como quien busca su salvación en el acto. No hay final promisorio, solo páginas.

El olor del mar me embriaga. Debió ser bello arriesgar la vida ante corsarios y piratas tras estos soportales resguardados por el olor del mar, su caricia tenue. Julio apila basurillas bajo sus pies, se inventa otra batalla. Devora con rabia una zona conocida, al menos para mí, de esa poética sutil que le caracteriza.

Han nacido de lo efímero estos cuentos, detrás del proscenio, en la claridad de la guardarraya, esta la vida, las historias que no se pueden olvidar. Enfrente, alguien acecha, qué importa que queden todavía preguntas por hacer, para él serán estos textos, no más.

Notas


<[1] A. Chevrillon. Taine, formation de sa penseè. Paris, 1928                  

[2] F.J. Thornard. Compendio de la historia de la filosofía. DESCLEE and Co., Bélgica, 1949,p.1004


Por: Yovanny Ferrer Lozano
Poeta y Narrador