De oposiciones y complicidades o Anhedonia“¿El éxito es un premio? ¿Es la fama? [...] ¿Quién mide el éxito?” (54) reflexiona la protagonista del cuento “Felicidades Mayte”, del libro Anhedonia, de Mylene Fernández Pintado. La pregunta lanzada al vacío, retórica –porque se sabe de antemano la inutilidad de la respuesta– recorre el conjunto merecedor del Premio David en el lejano y cercano 1998, atraviesa el almanaque y ronda en estos días la mente de sus lectores. ¿Cómo es posible que más de quince años después este libro admita una reedición imprescindible y una lectura aún provocadora de inquietudes y preguntas? Avanzando las páginas es posible hallar sino la respuesta categórica sí en cambio un grupo de pistas iluminadoras sobre la actualidad de estos textos.

Fernández Pintado, a fines de la década del noventa del pasado siglo, se ponía a la cabeza de la presencia de la huella trasatlántica, esa clasificación académica que aún trata de encontrar su lugar en la Isla. Eran los años posteriores al derrumbe del llamado campo socialista y Cuba estrechaba alianza con España. Los lazos económicos y emocionales adquirían otro matiz y esta narradora con su cuento “Mare Atlánticum” insertaba el diálogo excolonia/exmetrópoli apoyada en nuevas circunstancias nacionales y personales, exponiendo subjetividades bien avitualladas con reflexiones en torno al viaje, el éxodo, el matrimonio y las relaciones de parejas trasnacionales. Sobre todo ello y más Mabel Cuesta llama la atención en su magnífico prólogo a la reedición que Ediciones Matanzas, con diseño de Johann Enrique Trujillo y edición de Norge Céspedes pone hoy a consideración, en su colección Los Molinos[1].

La narrativa de Fernández Pintado se erige, en este que fuera su primer libro, en actualización de la historia cubana. Pasado, presente y futuro domésticos y sociales son tratados en la cuerda de las relaciones Cuba/España/Estados Unidos, donde a ratos una latitud es el centro y las otras son -o parecen ser- periféricas, para más adelante intercambiarse los roles. Una arista nada desdeñable dentro de estos recorridos por las venas citadinas es la presencia de los anhelados viajes y su impronta en el imaginario cubano. Aparecen aquí personajes femeninos desplazados más allá de las llamadas fronteras naturales de manera tal que hacen del binomio adentro/afuera, una importante reevaluación. Es importante no perder de vista –para decirlo en palabras de Zaida Capote- que “el lugar desde el cuál se narra es tan importante como aquel desde donde se lee[2]”.

La Habana, Madrid, Miami o Nueva York nutren estas páginas. A veces una urbe es Doctor Jekyll, a veces es Míster Hyde. Y así, como ellas, contrapuestos o cómplices son los rostros femeninos descritos y colocados en circulación en estos textos. Las oposiciones se definen no solo por latitudes geopolíticas, sino también por los ejes que cruzan las categorías de género y periferia dentro de ese monstruo a ratos invencibles y a ratos dócil, hora prepotente y hora raquítico que es La Ciudad como ente vivo, en ebullición o en agonía.

¿Acaso Sabina y Verónica, las protagonistas de “Anhedonia”, primer cuento y que nombra la totalidad, no son sino dos caras de la misma moneda? ¿Acaso no son dos posibles historias, seleccionadas de entre todas las que podrían haber sido vividas al llegar a la encrucijada, a la decisión capaz de cambiarlo todo?: ¿matrimonio o soledad?,  ¿maternidad o éxito laboral? Pares en apariencia encontrados. ¿Acaso Verónica, la esposa de.., la madre de... no tiene un alma totalmente sabina, central, independiente y arrolladora? ¿Acaso Sabina, central, independiente y arrolladora no oculta y encierra a cal y canto un alma a ratos totalmente verónica?

La ironía asoma por no pocas esquinas y se suma a la lista de aciertos del cuaderno. La sempiterna manzana símbolo del pecado original aquí es sustituida por la imagen de un oso hormiguero que es utopía, mito como los de caballeros y princesas que hacen que el zoológico y el paseo -pretextando el encuentro con el exótico animal- desencadenen en grisura y aburrimiento y sobre todo en expulsión del reino de la inocencia. El oso hormiguero, como la  eterna manzana, también juega a ser libertad y, como aquella, también deviene espacio para la decepción femenina.

Lo uno y lo otro, la una y la otra, en estas narraciones encuentran apoyo en la banda sonora que Fernández Pintado utiliza como telón de fondo. De esta manera Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina, Víctor Manuel, ABBA y Joaquín Rodrigo, entre otros, definen algo más que situaciones y circunstancias, convirtiéndose en símbolos de paraísos íntimos o nacionales perdidos, añorados o compartidos; declaraciones de principio y de fe; antagonismos; pertinencia; legitimaciones; marginalidad... Otra vez  adentro y afuera, pero no ya geográfica y políticamente hablando, sino entrantes y salientes de historias y emociones personales: pasados que se decantan, opciones de Sí o No, y a ratos ni lo uno ni lo otro, como en el caso del cuento “El vuelo de Batman”, donde el personaje asevera: “Quiero que se me olvide el español y no aprender ni una sílaba en inglés [...] y no estar en La Habana ni en Nueva York” (96).

De oposiciones y complicidades está colmado Anhedonia y Mylene Fernández se ha atrevido a “evocarlas ante foráneos” (88) sin que parezca sacrilegio. A ello se debe la urgencia con que esperamos la reedición de estos textos, plenos, efectivos, tan vigentes como si no hubiera transcurrido un minuto desde aquellos días de la década del noventa del siglo XX que para bien y para mal marcaron la vida de los cubanos, cualquiera que sea el espacio físico o emocional en el que ahora y para siempre se encuentren. Damos la bienvenida a esta nueva y antigua entrega de Fernández Pintado. Nos disponemos a releer estos cuentos en otro espacio soñado, confluyente, armónico, intangible; en esa cartografía anhelada, donde se mezclan lo privado y lo público, lo personal y lo colectivo, y donde definitivamente ya no importa quiénes se marcharon o quienes permanecieron de un lado u otro de la mar océano.


Por: Laura Ruiz Montes


[1] Mylene Fernández Pintado: Anhedonia. Ediciones Matanzas, 2013. Todas las citas son de esta edición.

[2] Zaida Capote: “La doncella y el minotauro. Otra vez sobre la cuentística femenina en la revolución”, en La nación íntima. Ediciones Unión, 2008, La Habana. pág. 156.