Derbys Domínguez libreroEl poeta Derbys Domínguez ha asumido la profesión de librero. Tiene un punto de venta en la entrada del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, en Milanés, céntrica calle de la ciudad de Matanzas. Ofrece sobre todo libros de teatro que, según resulta común decir, son muy difíciles de salir. Derbys, sin embargo, vende, y no son pocos los volúmenes a los que logra hallar lectores en cada jornada.

Pienso que él, a partir de su sensibilidad literaria —escritor que en definitiva es—, de su trato afable, de su capacidad para relacionarse con los otros, logra comunicar con efectividad cuanto hay de valioso, de atractivo, en los títulos que pone a disposición de los potenciales lectores.
Yo mismo he sido ¿víctima? de su sutil asedio en numerosas ocasiones. Hace poco, mientras iba Milanés arriba, al verlo en su punto de venta, me detuve a saludarlo. Hablamos de varios temas, pero sin que yo me diera cuenta empezó a sugerirme cierto título y poco a poco fui cayendo en su trampa. Acabé comprándolo.
 
Derbys se ha entusiasmado con el ejercicio de la profesión de librero. Ha llegado a decir que el escritor que hay en él es “quien se disfraza de librero” y hasta ha escrito un decálogo en el que da a conocer sus criterios sobre este oficio tan importante. El decálogo nos lo ha dado para su publicación en Mar Desnudo, junto con esta entrevista.
 
Derbys Hiram Domínguez Fragela (Sabanilla del Encomendador, Matanzas, 1974) es poeta, bibliotecario, y librero. Estudió Artes Plásticas y Artes Escénicas ha publicado los libros de poemas Residuos (Ediciones Aldabón, 2009) y Futurama (Ediciones Matanzas, 2013).
 
I.— La conversión
 
Hay antes que todo una razón fundamental que explica mi presencia como librero. El escritor que hay en mí quien se disfraza de librero. Siempre he amado los libros, pero nunca antes los había vendido. Nunca soñé con este oficio. No hay ningún librero en mi familia. Pero siempre lo vi como un oficio fascinante, puesto que conecta a las personas con el conocimiento, es decir, une a los seres humanos con el saber, o mejor dicho, a la sabiduría que contienen los libros.
 
Ulises Rodríguez Febles, y La Casa de la Memoria Escénica, son fundamentales en mi conversión en librero. Es a partir de mi entrada en ese equipo de trabajo, en esa institución, que todo comienza. Ulises siempre quiso vender libros —incluso antes de mí los vendía—, en un proyecto conjunto que incluye a la Empresa Provincial del Libro, Tablas Alarcos y al Consejo Provincial de las Artes Escénicas.
 
El objetivo principal comenzó siendo viabilizar los libros de teatro, la literatura teatral, que se lee poco. Hay ese mito de que leer teatro es aburrido, esa idea de que el libro de teatro no se vende, y a partir de todas estas interrogantes, como somos un centro de investigación teatral, surge la propuesta. Entonces salí a la calle con los libros, es decir, me estacioné con dos mesas en la puerta principal de la institución, calle Milanés 28007, a vender libros, con algo de miedo, por supuesto, y sin embargo, funcionó.
 
II.— El librero, un guía espiritual
 
Considero a libreros y librerías fundamentales en el proceso de sedimentación de la cultura y en el proceso de formación de la cultura general de una sociedad y las culturas personales. El librero es una especie de guía espiritual —con algo de sociólogo y psicólogo al mismo tiempo— que conduce a las personas por los mares infinitos de la literatura, que son una parte fundamental de la cultura, y la sociedad.
 
El librero practica de alguna manera una especie de ejercicio crítico en la sociedad, de crítica literaria, por supuesto; sin querer establece un orden literario y de autores, pues indica a los demás la importancia de ciertos autores, libros y el conocimiento que encierran ellos. Sin quitarle a esto el empeño y el amor que deben poner en atender a los demás.
 
Si el librero conoce, o tiene una idea real de lo que pasa en su provincia, en su país, o en el mundo entero en el plano editorial será mucho más eficaz y completo a la hora de proponer un libro, además de dominar con esta información cómo se mueve el pensamiento institucional, cuáles son los intereses de las editoriales en su función de instituir el conocimiento y la lectura, la literatura en general. Esto en nuestro país es de una importancia capital.
 
III.— El librero, un humanista
 
¿Actitudes que debe tener un librero? Educación, cultura, conocimientos generales y particulares, disciplina, sensibilidad artística, amor a los libros, al conocimiento,  a la historia de los libros, y a la historia de la humanidad. El librero es un humanista. Es muy difícil que si no amas a la humanidad seas un buen librero. Puedes vender libros, muchos libros, pero la gestión del librero va más allá de vender libros; consiste en unir al hombre con el conocimiento, con la sabiduría de las cosas; conectarlo al misterio y a la sabiduría que significan estar aquí, en el mundo, y vivir rodeado de símbolos, enseñándole a los demás cómo un libro puede agrandar ese misterio y esa sabiduría, interpretando esos símbolos. Despertar, desarrollar y alimentar esa hambre, esa necesidad en las personas es una de las funciones del librero.
 
Tengo la sensación de que el mundo, ese espacio al que llamamos el mundo y una librería se parecen mucho. Las cosas, los objetos, los elementos que conforman el mundo y los libros en una librería, están aparentemente ordenados, separadas en sus estantes, pero hay una zona de la realidad en que toda esa información está mezclada, una zona donde forma y contenido son lo mismo, en fin, lo que quiero expresar es que una librería es una de las maneras que el hombre encontró para traducir el mundo, y el mundo es una especie de librería, es decir, bibliotecas y librerías son  imitaciones del mundo, solo que ellas son cuadradas y el mundo es redondo, circular. Si yo pudiera construir una librería o una biblioteca personales, las construiría de manera circular, redondas.
 
IV.— La librería como espacio vivo
 
Debe haber un orden en cada librería que facilite el paso de las personas a través de las estantes que muestran los libros, y el respectivo acceso a ellos, a pesar de que creo en lo particular, y en esto radica mi trabajo, que el librero debe o tiene que acompañar, sin molestarlo, sin resultar desagradable, al cliente en su recorrido por  el espacio de los estantes, interactuar con él, dialogar, atenderlo. El cliente tiene que sentirse atendido, importante, él es el protagonista de la librería, el centro.
 
En cada librería debe haber muchas actividades. Sí, hay que calzar o más bien rodear el hecho inmóvil que es la permanencia de los libros detenidos, presos en los estantes de las paredes, sobre una serie de actividades, que le den movimiento a la librería y la conviertan, dentro de lo posible, en un centro cultural que es lo que es o tiene que ser. La librería es un espacio vivo, que da y recibe, un proyecto cultural que interactúa con las personas y la realidad inmediata. Son necesarias y útiles muchas actividades en ella, incluso, es importante que los escritores visiten de manera natural la librería, es su casa, que presenten sus libros allí, se reconozcan en ella,  necesiten de ella.
 
V.— La librería ideal: circular y laberíntica
 
Si fuera posible tener mi librería ideal, soñemos un poco, haría maravillas. Te comentaba en un momento anterior que encontraba similitudes entre el mundo y las librerías, algo que me hacía verlas como procesos parecidos, solo que el mundo es esférico, circular. Quisiera entonces una librería que pudiera diseñar y construir yo mismo. Sería circular, laberíntica. Las personas en ella podrían perderse y encontrase, descansar; podrían extraviarse entre los libros, con un jardín en el centro lleno de árboles, pájaros, mariposas; un lago con peces, patos, algunos cisnes; además bancos alrededor de los árboles donde los lectores pudieran sentarse a  fumar, si lo desean, a conversar o simplemente a mirar.
 
Habría una fuente de agua potable donde los enamorados podrían acomodarse, y mirar el cielo reflejado en el agua, las nubes, la caída del atardecer, la mañana, y la lluvia. Me interesa mucho el encuentre entra la naturaleza y los libros, mezclar esos mundos aparentemente opuestos, que la naturaleza entre en los libros y los libros en la naturaleza, unidos. Seria como una Casa, un híbrido.
 
Constantemente haría presentaciones de libros, de escritores, lecturas, tertulias. Buscaría la manera de que los escritores me visitasen de manera natural, e impartieran charlas, talleres de lectura, de escritura, cursos de historia del libro y la literatura, en fin, hasta una revista o boletín imprimiría. Se ofertaría café, té.
 
Estaría vinculado con las demás instituciones artísticas, y por eso habría un día de la semana para cada manifestación, teatro, cine, música, artes plástica, fotografía, etc., incluso para festejar y recordar el nacimiento y la muerte de muchos escritores.
 
VI.- Habrá libreros en cualquier época
 
El librero de hoy, moderno, tiene que asumir todo lo que la modernidad está cambiando desde la revolución informática. MacLugan y Bill Gates pronosticaron la muerte del libro de papel, incluso la desaparición del papel mismo como soporte para la escritura, en función del cuidado o preservación de los arboles y la abundancia de clorofila. No se puede hoy en día ignorar eso, es decir, no pensar en eso que ellos anunciaron y seguramente sucederá en algún momento, si ya no ha comenzado a revelar sus primeros síntomas.
 
No se puede vender un libro hoy en día, sin pensar, o tener en cuenta esas ideas. Pero pienso que nada de esto va a cambiar en esencia el hecho de la permanencia del libro en sí, sea en el formato que sea, y como evidencia del grado de conocimiento, de sensibilidad de la humanidad que debe ser transmitido a sucesivas generaciones. Desde luego que es más placentero para mí, leer esas novelas, todos esos libros, en papel, pero si la revolución informática está cambiando este principio de relaciones, por algo es, además cómo oponerse a ello.
 
El librero también deberá enseñar a los demás la importancia de esos libros en el formato que sea. Lo que las ciencias informáticas quieren, entre otras cosas, es revolucionar el tiempo, el espacio y las relaciones humanas, no anular el conocimiento que hemos heredado, creo yo. Lo que MacLugan y Bill Gates dijeron o pronosticaron, es un instrumento más en manos del librero. Si lo sabe usar, la humanidad continuará leyendo a Cervantes, a Kafka, a Marcel Proust, y a tantos otros escritores que hacen esta vida menos pesada, aburrida y horripilante de lo que es por momentos.

Por: Norge Céspedes