Los SiervosLos siervos, obra marginada de un autor marginal, fue escrita por Virgilio Piñera para la revista Ciclón en 1955. Esta publicación rebelde, financiada por Rodríguez Feo, pretendía alejarse del intimismo de Orígenes y bajo la labor intelectual de Piñera publicó las 120 jornadas de Sodoma de Sade, el texto contra los poetas de Gombrowicz, el estudio de los versos de Ballagas a partir de su condición homosexual o esta increíble obra de teatro en un acto que mediante el juego preciso del lenguaje y la acción desarticula el poder comunista a la manera de Stalin.

Por tanto, Piñera, además de ser el padre del teatro moderno cubano con su Electra Garrigó, de adelantar el conversacionalismo y el surrealismo en nuestra poesía con  “La isla en peso” y revolucionar nuestra cuentística con sus Cuentos fríos podría verse además como uno de los profetas literarios de la debacle del comunismo ruso. Pero, a diferencia de otros intelectuales europeos,  la genialidad estriba en la sorprendente síntesis humorística de su pensamiento.

No necesitó un serio y hasta angustioso tratado filosófico como los libros: El hombre rebelde de Albert Camus o El pensamiento cautivo de Czelaw Milosz, ambos traducidos al español en 1953, o novelas como las de George Orwell: La rebelión en la granja o 1984, sino que bajo un diálogo preciso, sin  monólogos o idea altisonante, arma la acción rebajadora en un solo acto de obra de teatro. Es una especie de Apocalipsis bufo que en vez de haber nacido del espíritu de ensoñación de Juan en la isla de Patmos parten de los sueños futuristas de un Virgilio de la isla de Cuba.

El vínculo con las Sagradas Escrituras existe en la propia obra, pues, la ideología sin variaciones y el partido único con sus líderes inamovibles del totalitarismo recuerdan al Creador del primer Génesis: omnipresente, vengativo, que da miedo, tan alejado de la divinidad de los Evangelios, que encarnada en Jesús, no sabe odiar ni a sus verdugos. A la manera del Génesis el Partido ha hecho la Revolución de los seis días que es la parte activa del asunto y ha dejado un séptimo e interminable día para la contemplación, cuya etapa es la permanencia en el poder, “cueste lo que cueste”.

Y dice Nikita -el héroe que no quiere ser héroe, sino que sólo se reconozca su condición de siervo-:

Quiere decir, que el Partido, habiendo superado la fase activa, está ahora en la fase contemplativa.

Orloff, primer ministro: El Partido repitió la hazaña del Creador. Es el único Partido que haya logrado semejante tour de fource. (Se repantiga en la butaca, se frota las manos.) Y bien, Nikita, después de recrear el mundo a nuestra imagen y semejanza, nos hemos dedicado a contemplar el mundo.

Nikita: También nos parecemos al Creador, que duerme con un ojo abierto… y el fusil al hombro. Al menor asomo de rebelión: ¡pin, pan, pum![1]

Pero Piñera escondió Los siervos como una reluciente navaja sevillana, después de haberla mostrado íntegra en 1955. Y los comunistas pro rusos en caso de haberla leído, se hicieron los desapercibidos y la repercusión fue escasa porque Ciclón desapareció pocos años después, y la cantidad de ejemplares de esa publicación nada tenía que ver con la tirada masiva de Pradva.  Según el escritor cubano radicado en Estados Unidos Alan West-Durán, en febrero de 1958, Teatro El Sótano realizó una lectura dramatizada de la obra, dirigida por Juan Guerra (en España). Pero llegó entonces, 1959, el crucial año del triunfo revolucionario en Cuba y Piñera quiere ser partícipe de esa experiencia y escribe febrilmente en defensa de la Revolución Cubana en un magazine que sí tenía una tirada semejante a Pradva, el semanario  Lunes de Revolución, y en una de sus páginas, a través de un diálogo imaginario con Jean Paul Sartre, Piñera niega Los siervos, y la obra queda fuera del índice de su Teatro completo publicado en 1960. Pero las nupcias de ese grupo de escritores afiliados a Lunes con la Revolución sólo dura tres años y a finales de 1961 se cierra la publicación y empieza el lento proceso de marginación de este escritor que mostrará su real fuerza en la década del 70, época precisamente del mayor influjo del comunismo ruso en la política cultural cubana. A esas alturas Los siervos en Cuba tienen siete capas de tierra encima y no hay perspectiva alguna para su impresión. No ocurre igual fuera de la isla pues en 1962 la revista norteamericana Odyssey publica una versión al inglés de la pieza.  Hasta ya avanzada la década del 90 no empieza el desenterramiento cubano, no sin ciertas trabas. En 1995 se conoce que Raúl Martín trabajó con el grupo de teatro El Público en el montaje de Los siervos, pero el estreno no logra concretarse.

En 1996 se organiza un Coloquio Internacional por los cuarenta años de la revista Ciclón y en ese contexto Norge Espinosa lee su ensayo “Por el eterno retorno de Los siervos” y realiza por esfuerzo propio una de las primeras copias mecanográficas de la obra. Posteriormente aparece también fuera de Cuba el ensayo “Siervos cubanos” de Matías Montes Huidobro. Sin embargo, llega el crucial momento de septiembre de 1999 donde Raúl Martín ya con su grupo Teatro de La Luna estrena Los siervos en Cuba y posteriormente hace una importante reposición en el año 2005. La puesta en escena de Martín es tan impactante y original que en mi opinión es el detonante para que el texto olvidado adquiera un nuevo esplendor y aparezcan los lectores reales de la obra que buscaron con apremio aquella empolvada revista Ciclón no. 6 de 1955.

De cierta forma, estamos hoy aquí presentando una impresión bilingüe de Los siervos gracias en gran medida a la tenacidad y talento de este director teatral y los actores emblemáticos de Teatro de La Luna. El texto ya no aguantaba más estar en la hemeroteca de Casa de las Américas o en los escasísimos coleccionistas de la revista Ciclón por lo que en la primavera del 2007 se publica de forma digital en La Habana Elegante; posteriormente, en el 2011, tuve la dicha grande de publicar la obra en papel dentro de la Órbita de Virgilio Piñera en Ediciones UNIÓN. Ahora llega esta edición de Vigía y también se espera su aparición en el nuevo Teatro completo en tres tomos que prepara el investigador Ernesto Fundora.

En los últimos tres años han aparecido lecturas de Los siervos que reafirman la vigencia y fuerza del ingenio de Piñera. Por sólo citar tres ejemplos está el caso de la querida profesora de la Facultad de Artes y Letras Mayerín Bello que realizó una sorprendente lectura paralela entre la pieza teatral y el libro de Camus El hombre rebelde. Alan West, por su parte, encuentra una relación con la Fenomenología del espíritu de Hegel, específicamente con la sección “Señorío y servidumbre”, además de una multiplicidad de fuentes que son de obligada lectura, mientras que Jaime Gómez Triana descubrió claves de Los siervos dentro de la continuación del Ubú Rey de Alfred Jarry, concretamente en la pieza Ubú encadenado escrita en 1899.

Creo que el texto teatral de Los siervos ya tiene sus receptores y la puesta en escena de Martín tiene los suyos y  ambos se complementan y deben marchar sin contrariedades pues aunque Martín quitó las referencias históricas de su versión con esto no traiciona a Piñera, si entendemos que la poética de este autor, reflejada con más exactitud en su ensayo “El secreto de Kafka” valora más la sorpresa literaria, atemporal y genuina, que el peso muerto de la época. Y la puesta de Martín, al no poner marcas de tiempo y espacio se hace más universal y permite condensar, de alguna forma, el anticapitalismo de Piñera reflejado en El filántropo y su anticomunismo reflejado en Los siervos. Al final, en cualquier cronotopo uno puede ser llamado a entrevista (que eufemismo diría Nikita) es mejor decir: al interrogatorio ante un poder tiránico a rendir cuentas. Por ello, ante tanto genio literario de Piñera, y observando la saludable vida que tiene su literatura se podría concluir con la frase inicial del primer ministro Orloff en la obra que la hace bajo la complicidad del secretario del Partido y el General del Ejército, sólo que sería necesario cambiar el nombre de Nikita por el de Piñera:

Orloff: Acá entre nosotros, confesemos, camaradas, que Piñera es un maestro…[2]

(*) Palabras de Presentación de Los Siervos, de Virgilio Piñera, que en edición bilingüe español/inglés, publicó Ediciones Vigía en este 2014.


Por: David Leyva



[1] Órbita de Virgilio Piñera, p.145.

[2] Órbita de Virgilio Piñera, p. 136.