DesmemoriaSin memoria no hay presente, ni es posible construir el día a día. Sin memoria no hay posibilidad de futuro. Pero también gracias al carácter selectivo de la memoria, gracias a que logramos olvidar, podemos permanecer vivos durante el tiempo que nos está destinado…Olvidar ciertos dolores nos deja libres para vivir otros dolores, otros placeres. Pero hay que velar por el límite de la desmemoria porque quienes han perdido el pasado han perdido, con él, su presente y su posibilidad de futuro.

Hay siempre una palabra, un gesto desencadenante que nos trae de un tirón el recuerdo de otros gestos, de otros encuentros. A la memoria y la desmemoria; los encuentros y los desencuentros; el amor y el desamor y a todo lo que de ellos deriva (si es que acaso todo no está ya contenido en esas bipolaridades), ha dedicado La Revista del Vigía, su número 29.

Tanta acción hay en la memoria como en la desmemoria. Recordar un solo verso de Lezama nos regala la inmortalidad, nos hace ser —por un instante— Lezama mismo. Entonar La Bayamesa nos convierte en sol refulgente que ilumina un tiempo dichoso : el tiempo de extasiarse con la pura belleza . Y pura belleza es la memoria, la raíz, el sostén de todo. A ese sostén van dedicadas estas páginas porque mientras alguien recuerde hay posibilidad de permanecer vivos.

“Para recordar”, le dijo la virreina a Sor Juana Inés de la Cruz cuando besó su frente en aquel film memorable de Maria Luisa Bemberg. “No podía dejar de amarla porque el olvido no existe/ y la memoria es modificación…”escribió Cristina Peri Rossi en un poema titulado “Reminiscencia”. Inteligencia de lo que se recuerda. Hálito que atraviesa siglos y latitudes. Infinitud del viaje que nos lleva por donde sólo el recuerdo es posible, por donde ya verbo ni silencio pueden quizás avanzar.

Peregrinos sin ruta exacta, peregrinos en un país sin Camino de Santiago , sin Ruta de las Especies , sin fronteras…qué sería de la insularidad poética cubana sin la memoria, sin los encuentros con el afuera y los vaivenes de los encuentros con el adentro.

Una isla que no ha tenido emperadores ni señores feudales, una isla del Caribe, una ciudad casi destruida se atreve a vivir, en pleno siglo XXI, —a través de su literatura— el medioevo que jamás ha tenido. En medio de montículos de papeles rasgados, el calor abrasador de muchos días, la humedad, las carencias, el desenfreno de las golondrinas y el polvo, los artesanos y artesanas de Vigía se empecinan en enaltecer cada recuerdo escrito, perfilado, labrado por los demás para lograr una posición estética más humana, más cercana a las utopías, para ayudar a rescatar una memoria oculta que es en sí misma salvadora y constructora del necesario futuro.

Algunos cambios ha traído este nuevo número de La Revista del Vigía. Aparecen secciones nuevas y otras han sido renombradas para evitar ciertos deslindes, atravesar fronteras y aunar poéticas.

Con un delicado diseño concebido por Rolando Estévez, asoman aquí memorables fotos familiares de quienes han contribuido con su tiempo y su entrega a la realización de este número de La Revista... Ha sido este un gesto noble. Acceder a mostrar una intimidad familiar, permitir que todos se asomen a los niños, niñas, mujeres, hombres, blancos, negros, jóvenes y venerables ancianos que somos y hemos sido es un acto de absoluta generosidad. Desprendimiento que permite que esta constancia gráfica acompañe a las niñas, niños, hombres, mujeres, negros, blancos, jóvenes y venerables ancianos que son los lectores. He aquí fragmentos de una presencia familiar, mostrados, expuestos dócilmente, para que haya una memoria visual, para que no borremos de la memoria los hijos que somos, los padres que somos, los mendigos, reyes, negros, blancos, hombres y mujeres que somos o vamos a ser. Para que recordemos de dónde venimos, con quiénes nos encontramos y a quiénes amamos. Esa ha sido la intención de este número de La Revista del Vigía. Para que no haya descuido ni desmemoria, para que no caiga ninguna sombra sobre el decoro y la pobreza digna y carmelitana, rotundamente necesarios en cualquier proyecto ilustrado y humano. Sólo ese es el propósito: Conceder, otorgar, entregar. Para que no haya olvido o como dijo Maria Luisa Bemberg a través de la boca de la virreina: “Para recordar”.

Laura RuizLaura Ruiz

(Matanzas, 1966) Ha publicado entre otros, La sombra de los otros en la colección Pinos Nuevos, Lo que fue la ciudad de mis sueños, en Bartleby Editores, España. El camino sobre las aguas, Ediciones Unión