Al arribar a los setenta y cinco años de vida, el intelectual cubano Miguel Barnet Lanza (La Habana, 1940) recibió un homenaje en la ciudad de Matanzas, donde fueron destacados sus significativos aportes a las letras, a la cultura de la Isla.

El símbolo de dicha ciudad, consistente en la réplica de una de las columnas del puente de la Concordia, le fue entregado al escritor por Marta Odalys Hernández, presidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular.

También le fue otorgado el sello conmemorativo del bicentenario del poeta romántico cubano José Jacinto Milanés, concedido por la Dirección Provincial de Cultura y el Centro Provincial del Libro y la Literatura.

Premio Nacional de Literatura, presidente de la Uneac y de la Fundación Fernando Ortiz, Miguel Barnet cuenta con una intensa labor como poeta, narrador, ensayista y etnólogo, por la que ha merecido importantes premios a nivel internacional.

En su bibliografía se hallan libros como La piedrafina y el pavorreal, Isla de güijes, La sagrada familia, Oriki y otros poemas, Carta de noche, Mapa del tiempo, Viendo mí vida pasar y Con píes de gato (poesía); Autógrafos cubanos, La fuente viva, (crónica, ensayo); Biografía de un cimarrón, Canción de Rachel, Gallego, La vida real y Oficio de Ánqel (novelas-testimonio).

El reconocimiento a Barnet se produjo en la sede del proyecto cultural “Al sur de mi garganta”, en la casa de Tirry 81, donde reside la escritora matancera Carilda Oliver Labra, con la que mantiene una entrañable amistad.

La propia Carilda dijo que Barnet tenía “una historia personal fascinante y como su obra, llena de cubanía”, y añadió que él era “siempre el poeta, nunca ha claudicado en su pasión por la literatura, y (...) es el mismo que vemos discurrir en los debates políticos, que persiste en su voluntad de fundirse con el tránsito de la patria”.

“Es para el goce de la nación su poesía macerada con lenguas del trópico, con sazón de rumba, de cutara, con el sonido de un mar en acecho, del amor obsesivamente perseguido y cuyas huellas se intenta descubrir en los más disimiles espacios”.

El dramaturgo Ulises Rodríguez Febles, en representación de los intelectuales matanceros, aseguró que Barnet ha entregado un legado esencial al país, de cuya existencia deja un testimonio excepcional en su obra, un corpus textual “tan heterogéneo, que nos hace viajar hacia la semilla y ver un país de la manera en que otros no lo perciben”.

Hizo referencia además a “las particularidades de toda su poética: una marcada capacidad de fabulación, su instinto investigativo, lo heterogéneo de sus referentes, el lirismo que le es afín, la manera particular en que maneja el diálogo (o la manera en que dialoga en sus versos) o estructura las historias, el aparente desenfado con que manipula el lenguaje y la ironía, que se desliza en la fuerza dramática que tiene toda su obra”.

En el espacio, intervinieron asimismo Alberto García, presidente del comité de la Uneac en la provincia de Matanzas, y el poeta Raidel Hernández, uno de los organizadores del encuentro y quien condujo ese espacio de homenaje.

Barnet manifestó sentirse agradecido por el reconocimiento que Matanzas le había tributado, ciudad que previamente lo había declarado con la condición de Hijo Adoptivo, y a la que él siempre le ha gustado tanto volver.

Rememoró especialmente momentos que viviera en Tirry 81, en los complejos años setenta, época de extremismos en la política cultural cubana, “cuando nuestros destinos estaban marcados por las sombras y yo me acerque a esta casa”.

“Veníamos en el trencito de Hershey. Veníamos Ángel Luis Fernández, Joaquín Baquero y yo. Venía también otra gente. Recuerdo incluso que la primera vez que estuve aquí traje a una jicoteíta a la que la llamaba Jovellanos porque me la regalaron en ese pueblo. Nosotros llegábamos aquí pero no sabíamos a qué hora nos íbamos a ir.

“Esta casa no estaba restaurada como se encuentra hoy sino que mostraba una especie de bohemia descascarada, desaliñada, un glamor decadente que a mí me fascinaba. Vivimos días inolvidables con Félix Ponce, la pareja de aquel tiempo de Carilda. Félix sacaba sus sables y a veces competíamos a ver quién tenía la mejor voz timbrada o el mejor falsete. Él siempre me ganaba. También estaba su mamá, que era muy pintoresca.

“Esta casa me trae los mejores recuerdos de los setenta. Esta casa, junto a mi estoicismo, y otros elementos, me hicieron entender mejor a este país, ir más a la profundidad, al fondo retador de este país que todos los días te reta, desafía a nuestra existencia, a nuestra conciencia.”

El proyecto “Al sur de mi garganta”, en cuya sede tuvo lugar el homenaje a Miguel Barnet, fue inaugurado a fines del pasado año y ya han realizado varias actividades, según comenta Raidel Hernández, al frente de esta iniciativa.

“Con este proyecto queremos promover la labor de artistas y creadores, de científicos y personalidades destacadas que contribuyen con la forja y salvaguarda de nuestros valores culturales, así como suscitar el conocimiento de la obra y la vida de la poetisa Carilda Oliver Labra”.

“Tenemos el apoyo y la activa colaboración de Instituciones cubanas entre las cuales se encuentran el Centro Provincial del Libro y la Literatura en Matanzas y la UNEAC,y especialmente contamos con la participación, contribución y cooperación del Frente de Afirmación Hispanista, fundación con sede en México D.F, dedicada a la promoción y reafirmación de la cultura en los países de habla hispana, y que preside el ilustre intelectual mexicano, Sr. Fredo Arias de la Canal”.


Por: Norge Céspedes