Digdora AlonsoCon la muerte de Digdora Alonso en Julio de 2007, llega a su fin el ciclo escritural de una singularísima voz poética. Su longevidad le permitió transitar por diferentes momentos, nos permitió a nosotros conocerla, desentrañarla, rescatarla…

Ignorada durante mucho tiempo, este silencio llegó a su fin con el arribo de los años ochenta primero, luego los noventa, dos generaciones sucesivas que le devolvieron la atención, siempre acompañadas por esos tesoreros atemporales que se identificaron con su obra desde siempre y entre los que es justo destacar a Rolando Estévez y Alfredo Zaldivar.

Digdora fue dueña de una estética peculiar, si se quiere distinta, ajena a sus contemporáneos. Su poesía avanza por caminos diversos. El libro “Bajo el Hongo” es un ejemplo innegable de esa estética-“rara” de la que se ha hablado en múltiples oportunidades; casi siempre citando las valoraciones de Dulce María Loynaz, que a mi juicio, de tanto conocerlas hemos desfigurado la idea esencial de esas palabras que siempre deben ser tomadas en cuenta, y las que me permito repetir ahora:

Bajo el hongo es un libro raro y al mismo tiempo oportuno; un libro de los que por más de un concepto necesitamos ahora.Tan amargo como original y me atrevo a decir que sorprendente.
                                                   Dulce María Loynaz

No era Dulce María una mujer de halagos complacientes. “Bajo el Hongo”, fue en su momento un libro diferente que hoy nos sigue llamando la atención, valorizándose, más que por el peso individual de alguno de sus poemas, por el conjunto, por la unidad que puede apreciarse mientras se recorren sus páginas. Es así como debe leerse, como un transitar continuo en el que las diferencias, similitudes y hasta los errores, forman un todo, un cuerpo poético.

 

La obra de Digdora, a la que no podemos calificar de prolífera, ya que en sus más de ochenta años de vida escribió menos de una decena de libros de poesía, tuvo otro momento importante en la publicación del libro “ Yo mi desconocida” por Ediciones Unión en el año 1998. En este libro la escritora vuelve a mostrarnos su preferencia por el poema sintético, con una gran capacidad en la simplificación de las ideas, y aunque se mantiene en muchos de sus textos la preocupación, más bien la intención de recorrer con el lenguaje los movimientos de la “sociedad del hombre científico”, hay aquí un desplazamiento más evidente hacia lo que nos rodea. El Ser Humano ya no es un protagonista por si mismo si no que se construye a través de la naturaleza y el entorno que lo circunda

A mi juicio, “ Yo, mi desconocida” es el mejor libro de poemas publicado por Digdora Alonso… Lo es por muchas razones: en él la unidad vuelve a ser un factor estético decisivo; en sus versos nos habla una poeta más madura, sin las amenazas de la desconcentración, impresiona sobre todo por lo contrario, la serenidad inteligente de alguno de sus textos, la sorpresa filosófica, la fluidez de la síntesis… (Siempre que se es categórico se corre el temible riesgo del error, en todo caso, si estoy equivocado, “ Yo, mi desconocida” seguirá siendo un buen libro de poemas)

Cuando comencé a escribir estas palabras sobre Digdora, en especial sobre dos de sus libros más relevantes, “Bajo el Hongo” y “Yo, mi desconocida”, - de ambos la Revista Mar Desnudo publica ahora una selección en homenaje a la poeta – volví a releer algunas fichas que conservo desde hace más de dos años, cuando otro grupo de aventureros intentó editarle un sitio Web a la escritora Matancera. La idea, en la que participamos Yanira Marimón, María Esther Ortiz, y quien escribe, estuvo a punto de tener éxito, varias razones lo impidieron. Hoy el momento es oportuno para volver sobre el proyecto, darle presencia en la red a Digdora Alonso, es honrar a la cultura matancera.

* Verso de Digdora Alonso, perteneciente al poema “Testimonio” del libro “ Yo, mi desconocida”

Por: Abel G. Fagundo

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Yo. mi desconocida.. Digdora Alonso
DEL LIBRO“ YO MI DESCONOCIDA”

Del fuego

Qué puedo decirle yo del fuego,
de la llama donde se suicidan las falenas,
de la luz del mundo
si lo miro asombrada como un niño
como el primer hombre que vio saltar la chispa de los
pedernales.
Miro su cuerpo de luz sin forma descriptible
y no le puedo decir siquiera: pon tu mano

 

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Del Cielo

Le traeré
melocotones aterciopelados,
suaves uvas,
musgo,
jazmines de fragancia,
avecillas dóciles y tibias,
el cofre de la música,
un beso...
para que no me pregunte por los astros

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Con el camaléon

Tú que sabes ser
un pedacito de madera gris
una hoja verde
y hasta fruta que empieza a madurar,
dime cómo me oculto,
enséñame,
yo también siento miedo

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El cielo en la raíz

Todos los días riego mi naranjo,
echo tierra sobre las raíces,
pero todos los días una amanece afuera,
siempre la misma
y vuelvo a cubrirla
creyendo hacer un bien.
Sorprendida me inclino a mirarla.
No hay huellas
ni tierra removida
ni desgarradura en la corteza.
Sólo en medio de la raíz una concavidad llena de agua.
Me inclino más para observar el pequeño lago.
El agua está transparente, pura,
refleja el cielo,
las nubes están también aquí.

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Brújula

¿Dónde estará el norte de los nortes,
el norte que señala con tanto afán?
¿Nunca sabremos a lo que apunta tu porfía,
lo que hoy inútilmente sin cesar proclamas?
¿O lejanos siglos ya supieron
eso que estás por decir
y nunca dices?

Tú, sólo una agujita imantada

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Escrito en un sueño

¿Puedo pedir las letras escritas por la mano
que era mía y era otra?
Lo leí de día y de noche,
a quien no puedo preguntar
aunque está aquí a mi lado.
Ese otro yo, acaso el verdadero.
¿qué decía el poema?
Los versos que escribí en un sueño
¿en qué papel quedaron, en qué memoria?

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Testimonio

No se sabe cuándo le nació un lunar a mitad
de la espalda
con las tonalidades del ópalo,
un lunar único.
Por aquel entonces ya el esposo no miraba su espalda.
Ella no tenía más que un espejito de mano
y unos vestidos con escotes altos.

Sólo cuando la amortajaron descubrieron
los destellos.

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Génesis Apócrifo

Dios los creó con unas alas enormes,
a su propia imagen y semejanza,
y los situó en el Paraíso diciéndoles:
De todo árbol del huerto podéis comer,
pero de este, y señaló el más hermoso,
no comeréis.
El fruto se mecía tentador en la rama,
voces interiores mandaban a desobedecer
cuando maduró cayó en las manos de Eva.
Las alas se desvanecieron.
Y oyeron la voz de Jehová-Dios que decía:
Os di toda la belleza y no la conocistéis.
Sea la fealdad.
Y la fealdad fue sobre la tierra.
La puso al lado de la belleza
y desde entonces andan juntas.
Dios terminó diciendo;
Creced y multiplicaos.

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Las mitades

Acaso Adán con todas sus costillas,
Adán con Eva adentro
o alguno de esos seres mitológicos
de dos mitades distintas,
Esfinge, por ejemplo.
Sí, tú
planteándome tu enigma
y la otra mitad que desconozco
como la otra cara de la Luna

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Prosapia del gato

Misterio en los destellos de sus ojos en la noche,
en los saltos desde la altura cayendo de pie y sin daño,
en su andar silencioso de uñas escondidas...

Sube a los tejados para ver a Isis en la Luna
y se tiende gozoso bajo los rayos de Horus.
No tiene dueño.
Pasa indiferente entre los hombres
que ya no son sus adoradores.
Vive con nosotros sólo por su odio ancestral a los
ratones que profanaban los templos de Amón Ra.
Pero ama la casa como un templo.
De los mitos griegos le viene su temor al perro
que siempre es el Can Cerbero.
y huye del agua de la laguna Estigia.

Cierra los ojos mientras come
para no ver a los que le ofrecen sobras.
Y gusta del pescado que no sabe pescar,
porque se lo llevaban como ofrenda
desde las márgenes del Nilo.
El gato era un Dios y lo recuerda.

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Yo, mi desconocida

I

Pregunto al aire que espiro
y su misterio cálido
pero todo esto de mí que conozco,
amurallado en mi misma
donde ni siquiera puedo
poner el oído y escuchar.
Es ignoto
¿será tan mío como mi cara?
Quizás mi corazón es verde
y no lo sé.

II

Si me encontrara con mi otro yo,
con mi alter ego legítimo,
conmigo misma frente a frente,
podría escuchar los latidos de mi corazón,
ver cómo se van formando mis huellas,
sobria de mi sombra completa,
me pasaría la mano por mi espalda acariciándola,
podría mirarme en mis ojos,
los miraría de veras
no en la imagen falsa del espejo
llorando en el crepúsculo
sin saber por qué.

III

Días en que me siento lejana
y me llamo a mi misma,
y a veces acudo,
pero otras
no sé a dónde he ido
pues me canso de llamar en vano.

Entonces suelen venir
mujeres
hombres
en situaciones tan conmovedoras...
y me quedo pensando
que todos esos seres
son también yo misma.

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Yo mi desconocida, publicado por la colección " La rueda dentada" de Ediciones Unión, 1998. Prólogo de Rolando
Estévez.

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Bajo el Hongo. Digdora AlonsoDEL LIBRO “BAJO EL HONGO”

En este siglo
donde hasta el infinito es finito
y todas las líneas son curvas...
Aquí estoy
con mi escuadrón de dientes
buscando vidas
como el hombre de Neardenthal.
Y tu sexo
y mi sexo
y uno
como un monstruo bicéfalo,
como Eva y Adán.


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Cómo utilizar una pieza buena
de una maquinaria inservible
para hacer funcionar otra.
Quien pone el corazón es el dueño,
hubiera dicho un romántico cursi.

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Ahora no sólo tenemos fotografías de los muertos
sino sus voces
y sus gestos.
Y hablan,
caminan,
fuman...
Ahora tenemos esos fantasmas,
esas vidas sin vida
para no acostumbrarnos a sus muertes.

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San Juan de la Cruz,
tú que la oíste dialogar con Cristo
responde
¿dónde está mi alma?
no me oye
no me oye
¿no me oye?

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Entre caballos de metal
águilas de metal
peces de metal
nuestra carne sin camino.

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Entonces
invitamos al hijo del vecino
a la matiné
para que no descubran
que queremos volver a ser niños.

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Los que cabalgan de nuevo en Rocinante
y saben ver gigantes ocultos
en los molinos aparenciales
y desoyendo a Sancho
entran con ellos en fiera y desigual batalla.

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Esta mujer no se desmayó,
no cerró los ojos,
puso la cámara en foco
y logró esta sensacional
fotografía
para todos los periódicos
del mundo.

No dice el pie de la foto
si alguien se metió en la jaula
para auxiliar al domador herido.
Daguerre y los otros no tienen
la culpa.

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La noticia vino por radio:
Los sicólogos
en respuesta a la crisis de inadaptación de la juventud
creen conveniente
sistematizar
el estudio de los adolescentes
y los fenómenos que los acompañan
y crean una nueva ciencia:
la adolescentología.

Como la sismología,
la vulcanología
y la meteorología.

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No más pecado original,
no más razas, no más clases sociales
y el sabor del fruto prohibido
se desplaza.

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De dioses abstractos a dioses
concretos:
el aparato electrónico
realizó un trabajo tan perfecto
que el hombre lo acarició
empequeñecido y emocionado,
pero la máquina no pudo
corresponder a la caricia.

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Einstein bajó al pueblo
y la relatividad más allá de la física
se aplicó a todo.

Y por las calles oímos que
todo es relativo,
y los profesores dicen que
todo es relativo,
mientras luchamos por mantener
absolutos a los héroes.

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Mientras el astrónomo
desde el telescopio de Monte Palomar
descubre una nova,
Carolina María de Jesús
desde la favela
observa con sus ojos el cielo
y piensa:
¿Existirán favelas allá arriba?

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La teoría de la plusvalía es
la piedra angular de la doctrina
económica de Marx.

Estaba como América antes de Colón
anunciada en la corriente del Gulf Stream
sin golfo en los mapas,
estaba como los cuerpos
cayendo sin Newton.

Marx:
con más razón
hubieras podido gritar eureka
y salir corriendo a las calles
desnudo entre encasacados
y harapientos.

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En este siglo tan lleno de música
¡nunca hubo tanta música en el mundo!
(si no pongo la radio yo la pone mi vecino)
trabajamos con música
nos bañamos con música
copulamos con música.

Hasta podría hacerse un
anuncio así:
Mientras dispara su fusil
escuche
desde el bolsillo de su guerrera
el último hit parade.

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Como Chaplin en El gran dictador
jugando caprichosamente
con el globo terráqueo...

Como la empleada
que en una biblioteca
lo sacude...

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Y todavía hoy
hacer una elegía
por todos estos
ladrones
alucinados
amorales
ególatras
trasnochadores consuetudinarios
que se han robado la sensibilidad
del mundo
y la transforman
y la dejan
sobre muchedumbres indiferentes
y unos cuantos asombrados.

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Bajo el Hongo, publicado por Ediciones Matanzas, 2001. Prólogo de María Esther Ortiz

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Digdora Alonso
Digdora Alonso González

Nació el 20 de agosto de 1921.( Falleció el 1 de Julio de 2007). De profesión profesora y escritora, Doctora en Filosofía y Letras. A partir de la década del 40 aparecieron trabajos suyos de crítica y poesía en diferentes publicaciones como son: La gaceta de Cuba, Bohemia, Yumurí y en publicaciones periódicas soviéticas y de República Dominicana, entre otras. Calificada por Dulce María Loynaz como una de las voces más importantes de la poesía femenina cubana. De ella dijo: "Usted tiene una obra digna ser conocida y admirada, lo cual por sí solo, constituye un hallazgo en esta poesía de hoy que no ha sabido hallar su rumbo"

Bibliografía Activa
· Casi visible al atardecer (Poesía).
· Como ángel cierto.
· Bajo el hongo.
· En los márgenes del diario.
· Bajo el cielo de adentro.
· Para leer la rosa blanca (Ensayo)

Bibliografía Pasiva
· Cartas de Dulce M. Loynaz, Raúl Ferrer, Francisco Garzón Céspedes, Delia Carrera, Waldo González López (todo en propiedad de la autora).

Premios y distinciones
· Medalla por los 25 años en educación.
· Distinción por la Cultura Nacional (1991).
· Finalista en el Concurso Casa de las América.