Domingo Nicolás AlfonsoPoemas del hombre común

Soy el hombre común.
En determinadas horas, como millones,
subo y bajo ascensores,
después almuerzo como todos,
hablo con estudiantes
(no llevo cruz a cuestas);
a diario paso junto a muchas personas,
gente aburrida, gente que canta,
hombres laboriosos, burócratas que duermen;
junto a ellos pasa mi pequeña figura;
el soldador sufre, la mecanógrafa se inclina,
yo canto simplemente las cosas que siente
el hombre común.
del libro Poemas del hombre común, 1964

Después del amor

Esta mujer y yo terminamos.
Ahora, dejando el desorden de las sábanas,
Hemos mirado por la ventana hacia la calle.
 
Un poco a la derecha
Unos obreros componen una enorme valla
Que dice: Todos con boinas rojas a la Plaza de la Revolución.

Ella se vuelve al interior del cuarto de hotel.
Yo miro sus nalgas color de tinta de imprenta.
Siento lo que los hombres normales ante tal espectáculo:
Doy gracias a quien corresponda por encontrarme vivo.

del libro Historia de una persona, 1968

El rostro de Marlon Brando

El rostro de Marlon Brando
surge en la noche del cinematógrafo
con un tamaño de casi dos metros de alto
por uno y medio de ancho aproximadamente:
tiene dos cejas, debajo de las cejas un par de ojos,
entre los ojos, un poco más arriba
de la pareja de labios, una nariz;
bordeada por el pelo,
encima de las cejas, está la frente,
algo detrás de la frente,
construidas expresamente para sostén de los espejuelos,
se encuentran las orejas.

Éste es el rostro de Marlon Brando;
tomo debida cuenta de su topografía;
para verlo pagué un peso con cincuenta centavos,
hice una cola de una hora nueve minutos,
de pie, bajo la lluvia
y ahora descubro en medio de este cine,
tocando el muslo de la mujer que me acompaña
que el rostro de Marlon Brando es sólo el rostro de una persona.

del Libro de buen humor, 1979

 
Yo he movido las ramas del abeto rojo

Yo también he buscado la poesía.
He movido las ramas del abeto rojo
y deambulado por algunas calles con mi pequeña figura
la cual recuerda el aspecto de un cometa carente de brillo.
Así he conversado con ancianas muy absortas, en el origen del
humo,
casi un éter, como la felicidad tan pura de esas horas tibias,
moviendo sin descanso tazas de sabiduría mezcladas con vino
púrpura,
en el vestíbulo de hoteles y pequeñas mansiones decoradas
con esmalte.

Conocí al caballo surgido desde la tierra calcinada, presidente
del fuego;
amé mucho los álamos, corazones formados con el aliento de
los parques;
un sueño cubriéndolo todo con una capa muy delgada.
Después cruzamos por los salones sin conocer el aspecto de
caballeros mortecinos
llenos de felicidad y bailando sobre las puntas de bastones de
color azul.

También he descifrado páginas abiertas por las olas encima
de las arenas,
señales, pétalos; las entrañas de las vírgenes hechizadas por
valses y canciones de México.
Me ha golpeado la duda, la monotonía de los idiomas y las
palabras vacías.
Después vendrán actores, paso tras paso; desde los túneles
abiertos sobre aquella pradera...;
porque a la noche estas palabras podrán aprender de la gran
sabiduría del silencio.

del libro Esta aventura de vivir, 1987
 

Con un par de zapatos nuevos entre las manos

Ayer, cuando recibí este par de zapatos
semejantes a una pareja de rosas,
pensé que todo me sería posible.
Vi cosas en las cuales nunca hubiera pensado:
flores oscuras cubriendo las calles llenas de polvo;
incendios y muertes sucediéndose en este mismo lugar,
desde el inicio de los tiempos,
diligencias desvanecidas por el fuego y el humo,
pesadillas y lamentaciones
llegaban hasta mí
entre el sonido de golpes de campana,
delirios, visiones que me llenaban de pavor,
los crímenes y el terror de las épocas pasadas
estaban delante de mis ojos;
escenas semiocultas por montones de nubes de ceniza
(ningún otro color estaba presente:
ni el rojo ni el verde ni el magenta
y mucho menos el amarillo),
sólo el matiz de la ceniza
lo presidía todo de manera mecánica.
No pude ver el futuro
a pesar de que me empinaba tratando de conocer más;
pero todo fue en vano.

De esta manera
me senté en una silla, al borde del camino,
con mi par de zapatos, como dos rosas, entre las manos:
no comprendía nada, estaba sentado allí,
no sería testigo de ninguna revelación,
había visto todo el horror y las tragedias
ocurridas en esta esquina del universo
a lo largo de tantos siglos
y me encontraba allí, en mi silla, tembloroso,
lleno de sudores y de mucho miedo,
cerca de la orilla del camino:
con mi par de zapatos nuevos entre las manos.

del libro Vida que es angustia, 1998
 
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Alguien idéntico a mí, alguien que no habrá leído esta página
 
-A Borges en su centenario-

Cierta noche sin luz, en la calle Zapata,
–como metido dentro de una copa llena de oscuro vino–;
noche cuando yo esperaba a Fernando Álvarez
para juntos escuchar uno de mis boleros
nunca interpretados
Una mujer me tocó por los hombros
diciéndome:
"eres exacto a quien fuera mi difunto esposo"
Uno de esos seres parecidos a mí
copia de mi figura, o yo mismo una réplica como varias
de las imágenes que cruzamos la Tierra con ligeras variantes:
"Alguien casi idéntico a mí, alguien que no habrá leído
esta página,"

¿Quién de los dos termina este poema,
Borges o Domingo Alfonso?

del libro En la ciudad dorada, 2002

 
Domingo Nicolás Alfonso Pereira
(Jovellanos, Matanzas, 10.09.1935)
Poeta. Ha publicado entre otros los poemarios Sueño en el Papel, 1959.
Poemas del hombre común, 1964.Historia de una persona, 1968. Libro de buen humor, 1979. Esta aventura de vivir, 1987. Vida que es angustia, 1998.En la ciudad dorada, 2002.El libro principal, 2008.Un transeúnte cualquiera, 2008.