Ediciones TerritorialesComo un hito en la historia del libro cubano fue considerado el Sistema de Ediciones Territoriales (SET), durante un encuentro que tuvo lugar en la ciudad de Matanzas para celebrar el aniversario quince del surgimiento de esa iniciativa.

El encuentro contó con la presencia de editores, diseñadores, ilustradores, emplanadores y trabajadores de la imprenta, así como de importantes escritores que han dado a conocer muchas de sus obras a través de  Ediciones Matanzas, uno de los veintidós sellos editoriales que forman parte del SET en todo el país.

El dramaturgo Ulises Rodríguez Febles realizó una intervención donde afirmó que rendir homenaje al SET era “rendir homenaje a un hito de la historia de la literatura cubana, por la importancia que tiene en la permanencia y promoción del libro, en su sociabilización desde otra perspectiva; por el aumento de las posibilidades de comunicación,  géneros, autores.

“Estamos celebrando otra perspectiva de la edición del libro, un aporte esencial al resguardo de la memoria cultural de la nación, una semilla que la historia recogerá como un árbol con muchos frutos que constituyen un legado a la literatura cubana”, dijo Rodríguez Febles.

A partir de una idea del líder histórico cubano Fidel Castro surgió el SET en el año 2000. Desde entonces cada provincia dispuso de una editorial. Gracias a este proyecto han sido  publicados hasta la fecha más de 5 mil títulos.

El escritor Alfredo Zaldívar, director de Ediciones Matanzas, comentó que antes de la aparición del SET el número de editoriales era muy reducido, por lo que resultaba extremadamente complejo poder publicar un libro.

“Sin importar incluso si se trataba de un autor reconocido o novel, si residía en un centro cultural o en una localidad recóndita, era un hecho angustioso poder publicar un libro; solo la llegada del SET transformó por completo el panorama”, comentó Zaldívar.

El editor Bárbaro Velasco y el emplanador y diseñador Leonel Betancourt, quienes fueron fundadores del SET y continúan en activo, se refirieron a las diversas etapas que han vivido desde que se incorporaron a Ediciones Matanzas en aquel año 2000.

Betancourt recordó los contratiempos iniciales que implicó el enfrentamiento a la nueva tecnología, así como los diversos locales donde radicó Ediciones Matanzas: en el Centro de Promoción Literaria José Jacinto Milanés, en un lóbrego local “con pinta de almacén” en la Calzada de Tirry, en la que fue la casa de la escritora Digdora Alonso (en la Playa) y finalmente su sitio actual, en Santa Teresa, entre Contreras y Manzano.

Velasco, mientras tanto, mencionó a muchas personas que trabajaron en Ediciones Matanzas durante aquellos primeros años, y también se refirió a sus experiencias profesionales con los títulos iniciales que iban saliendo en esa época, entre ellos Amor es, antología poética compilada por Fernando Rodríguez Sosa y Rafael Ribot; Atenas de Cuba. Del mito a la verdad, ensayo de Urbano Martínez Carmenate; así como los cuadernos de poesía Entre la estrella y el yugo, de Eva Torres, y Prometida al fuego, de Carilda Oliver Labra.

Como parte de la celebración, que se realizó el 13 de agosto, día del cumpleaños del gestor de este proyecto, fueron reconocidos oficialmente con el premio La puerta de papel dos títulos publicados por Ediciones Matanzas: Segundas lecturas. Intelectualidad, política y cultura en la república burguesa, de Alina López Hernández, y Con mucha melancolía. Poesías de Seboruco, con selección, prólogo y notas de Alfredo Zaldívar. Este reconocimiento lo concede anualmente el Instituto Cubano del Libro a los mejores volúmenes dados a conocer por el SET.


Por: Norge Céspedes