El edificio rosaCuando camino con mis ojos por las páginas de este libro me detengo en el aire de ciertas calles que conforman una ciudad, una ciudad en la que hay un edifico moderno, - aunque pudiera ser un edificio del futuro - de quince plantas. Con soberana placidez Oscar Wilde, un Oscar Wilde cubano, amante de Casal, ocupa el primer piso. El segundo piso se encuentra deshabitado, o mejor dicho, lo ocupa un adolescente ausente que intenta escribir la historia interrumpida del sujeto homosexual en Cuba. En el cuarto piso Miguel Ángel Fraga escribe No dejes escapar la ira, sobre él, en el quinto piso, Martha Strada canta. El sexto lo ocupan Manuel Puig,  Senel Paz, y Pedro Lemebel, que además han puesto a sus personajes a dialogar generando una intensa discusión acerca del deseo homosexual y su transferencia al otro. Robert Mappelthorpe en el séptimo piso fotografía cuerpos de hombres desnudos. El inquilino del octavo piso es un raro personaje que acaba de cumplir veinte años y se los está celebrando a sí mismo porque es un poema. Emilio Ballagas ocupa el noveno piso. En el décimo una muchedumbre ansiosa, desesperada, y feliz celebra el día mundial de la Lucha contra La Homofobia por primera vez. En el onceno, Norge, el autor de este libro, conversa con Rafael Hernández sobre la homofobia. En el doce regresan las defensas por el día mundial contra la discriminación homófoba. En el trece Olga Guillot enmudece. En el catorce Madonna besa en la boca a dos mujeres que forman parte de su cuerpo de baile. En el quince el teatro cubano actual y la condición homosexual, se piensan a sí mismos. Entre un piso y otro hay poemas escritos en las paredes por un adolescente que mira, observa.

Como en cualquier edifico cubano escasea el agua, falla la electricidad cuando se aproxima la tormenta o llueve, el ascensor está roto y los inquilinos se encuentran  en las sucias escaleras  a  distintas horas del día, sobre todo al regreso del trabajo y en la noche profunda, sentados sobre el pasamanos. Cerca del primer piso hay una Shopping donde los productos más sencillos tienen el precio altísimo y no se dejan comprar. Casi siempre los habitantes de este edificio se reencuentran en la espera del pan y se cuentan algo, sobre todo chismes. Como en todos los demás edificios de esta ciudad imaginaria este cuenta con su CDR, algunos militantes, etc. Es evidente que los inquilinos son gays, o mejor dicho, homosexuales, o  tortilleras y maricones, como dirían otros. Si fueran los años 60 o 70 se les hubiera llamado contrarevolucionarios, pero estamos en pleno siglo XXl, específicamente en el año 2013,  y empieza a despejarse esa idea retrógrada enfrentándose a sí misma a partir de una comunidad homosexual que dentro de la Revolución y en estos años terribles del Periodo Especial se ha quedado y piden ser respetados como diferencia, aportando al proyecto común de la Revolución.

 
Cuánto me gustaría ubicar el edificio cerca del mar, desde donde puedan contemplar el agua de la Bahía entrando y saliendo en la costa, esa hermosa imagen, pero dolorosamente este edificio está en la periferia, donde el mar no alcanza, ni siquiera se puede percibir, solo imaginarse.
 
¿Qué se puede decir de un libro que está habitado por esta gama de ilustres personajes homosexuales, símbolos potentes de la cultura gay, configurando lo que se podría llamar una cofradía homoerótica mundial o una especie de quinta Internacional?  ¿Acaso ocuparse del estilo?, considero es perfecto, ¿las ideas?, son rotundas, ¿la información?, es exhaustiva. Solo citarlos, nombrarlos, traerlos hasta aquí obligándolos a caminar por las calles de Cuba, poniéndolos a mirar, sin que ellos quieran, mientras respiran junto a nosotros en un ambiente cerrado, además de ser meritorio entraña un gran riesgo a pesar de las aperturas. 
 
Si algo sorprende en este libro, es que su autor no ficciona de la manera mas común, trabaja con la vida cotidiana de estas figuras y la suya misma partiendo de la realidad y regresando a ella sin rodeos de ningún tipo; sin embargo crea, por esto mismo, un mundo que parece no real y no es solo por el engranaje, o el enigma poético del que hace gala el autor, con el correspondiente amor que ha puesto en estos texto escritos con sangre, sino porque lo narrado queda en una zona donde la realidad es excedida, trascendida; se podría incluso llamar  hiperrealidad,  como si ella misma sucediera en una zona de oblicuidad permanente cubierta aún por una especie de neblina, - llenando de gloria las vidas a las que se aproxima, - como por ejemplo, cuando dice que no pasan en el televisor las imágenes que testimonian la presencia del homosexual en el desfile del  primero de Mayo, cuando se refiere a la música de Martha Strada como patrimonio perdido, como cuando reflexiona en torno a Olga Guillot y reconoce que la enmudecieron aunque continúe cantando las mismas canciones de siempre, cuando piensa con dolor en lo tarde que han llegado las fotos del inefable Mappelthorpe a una galería de la Habana, cuando cortan en las películas, los seriales, los musicales que transmiten en la televisión las escenas de homosexualidad explícita.
 
Sin más considero que es un libro de resistencia y apertura, no solo porque se parece a las figuras que cita, a la obra que realizaron, y además retrate con sobrada eficacia la vida de ellos.  ¿Qué más se le puede pedir a un libro que parecerse a los sujetos descritos,  a su obra?
 
Considero es un libro sobre cómo el sujeto homosexual, gay, se convierte en obra, está obligado, o lo obligan a convertirse en obra para el museo de la humanidad, en el apartado de la diferencia, por supuesto, pero que a través del arte se vuelve referencia común a todos, gritando a través del flujo estético que somos extremadamente parecidos los unos a los otros, enfermizamente semejantes todos. ¿Qué son Martha Strada y sus canciones sino una misma cosa donde la mujer acaba en el mismo punto donde empieza la canción y viceversa, imbricándose ambas en un cuerpo mágico, místico, de sobrado saber. Lo mismo ocurre con los demás habitantes de este libro, y continuará pasando con cualquier homosexual, alteridad o persona excluida del gran proyecto humano atravesado por la civilización. Lo que quiero decir es que mientras impidan que la vida no pase entre ellos, o no dejen que pase, ellos convertirán la vida - el espacio vital - esa sustancia, en obra.
 
Solo por estas ideas es un libro sobre la relación entre la obra artística de homosexuales y la cultura, digo más, sobre la vida del homosexual como estrategia estética (que puede llegar a ser obra de arte). Cuando digo cultura me refiero a la cultura como espacio de exterminio, o exclusión, que obliga a todo el que no se corresponda o cumpla con sus órdenes a esconderse en el campo del arte y erigirse en obra. Continuando con estas ideas, también es un libro sobre cómo esos sujetos han dibujado un cosmos estético, aportando un cosmos artístico, una cultura, una manera de ser en el arte y en la sociedad, que profundiza y dialoga con la cultura hegemónica, ampliándola, enriqueciéndola, a pesar de sus necesidades de ocultamiento. Es un libro sobre la singularidad del arte como sustancia incapturable, sobre la condición infalible que posee el arte para escapar a cualquier definición que pueda matarla, deteriorarla, encerrarla o manipularla, escapando a cualquier poder. 
 
Cuando se escribe o se desea comunicar algo a través del arte, se emite, sin darnos cuenta, para los semejantes; como es natural, los homosexuales emiten para sus semejantes y los no semejantes, si embargo fueron excluidos por su condición de diferentes. Solo el arte, como entidad autónoma puede protegerlos, cuidarlos y salvarlos, en primera instancia. Esto dice Norge Espinosa y así de algún modo salva la cultura mundial.
 
El homosexual al ser excluido de la cultura hegemónica de cualquier nación se obliga a sí mismo a ser universal, a hablar por el mundo y  para el mundo. Se convierte en una de las caras del arte. Robert Mappelthorpe, por ejemplo, no es solo el fotógrafo sino que se metamorfosea en fotografía; sin querer, reinventa la fotografía por todo lo que la sensibilidad homosexual le aporta a ese arte desde el punto de vista de lo nuevo, lo inédito, lo prohibido, digamos.  Creo que en algún momento lo dijo: mi vida es más interesante que mis fotos.
 
Solo imaginemos una ciudad con estos personajes, un edificio donde habitan Martha, Mappelthorpe, Olga.  Cada cual hace su obra y la comparte con el otro. Mappelthorpe llena el apartamento de negros, y Marta, ni siquiera sé cuales eran sus vicios, canta. Oscar Wilde disfruta con sus amigos. Como eso es imposible en la realidad, ese edificio es la historia. Espinosa ha escrito un libro de historia contemporánea de Cuba, a la altura de cualquier manual escolar, claro está, usando sus libertades poéticas e imaginarios para no hacerlo tan aburrido como aquellos. Si las cosas fueran normales cada uno de estos ensayos se  debería  estudiar en la escuela, dentro de una asignatura que se podría llamar historia de las alteridades.
 
¿Cuantos cubanos habitan este edificio? Son cinco exactamente, sin embargo hay un inglés, y dos ilustres norteamericanos: Mappelthorpe, y Madonna. A Mappelthorpe  Espinosa lo ensalza y critica arduamente. Lo critica por epidérmico, y con él critica lo que pudiera ser la falsedad de lo homosexual, la superficialidad de la condición homoerótica centrada en lo físico, la doble cara del deseo homosexual concentrado exclusivamente en el cuerpo y su belleza objetual, la obsesión por la superficie como garantía de un mercado del cuerpo y el deseo, - cruel, inhumano, - que en lugar de ayudar degenera la gracia natural del deseo y el amor homosexual. 
 
Si el mundo fuera solo ese edifico no sería el mundo, claro está. Le falta el otro, el heterosexual con sus manías exclusivistas. Si por alguna razón este edificio está en la periferia no es solo por pertenecer a Cuba, sino porque la mayoría de los ciudadanos que habitan la ciudad mayor son heterosexuales y lo obligan a aislarse en su comunidad.
 
Si se pudiera pensar la humanidad como un edificio qué condición erótica prevalecería, seguramente la condición heterosexual. Comienza el problema, por supuesto que Oscar Wilde, Mappelthorpe, Madonna y Olga no  sentirán deseo solo por los y las inquilinas del edificio que habitan; si eso ocurriera sería falso. La vida no es esa estúpida coincidencia, no tendría sentido alguno. La vida es vida porque uno desea lo contrario, lo que muchas veces no puede tener y ese no poder tener acentúa la necesidad de tenerlo. A Oscar, por ejemplo, le gustan los delincuentes, a Mappelthorpe los negros del puerto, desea a los mulaticos que están en el edificio del frente, y su deseo se vuelve piedra negra, obstáculo, obsesión, enfermedad, sida, muerte. A Madonna le gustan las camareras de los hoteles. Diego, el personaje de Senel Paz, ha  convertido lo que sentía en el plano del deseo por David en amistad, pero bien que le hubiese gustado acostarse con el muchacho; ansía desesperadamente a todos esos torsos masculinos que habitan el edificio de enfrente; se quiere escapar aunque Senel Paz no lo deja. ¿Será por esto que el personaje de Puig y el de Lemebel son más libres o gozan de otro tipo de plenitud, más allá de la estreches de lo homosexual.
 
En este libro el ensayista pide un espacio para la liberación del deseo homosexual. Asegura que este es el punto donde se encuentra detenido el desarrollo de la condición homosexual en Cuba, detenido en la necesidad de poder expresar el deseo por el otro, sin saber qué hacer, cómo conducirlo.
 
Imposible imaginar esa ciudad, es la ciudad Norge, el planeta  Norge Espinosa. Cuando hablaba de irrealidad me refería a eso:   cada uno de estos personajes vive dentro de él y se confunden con su rostro y su ser, son las aristas o los bastones de los que se apoya para tarazar su mapa en el camino de la nación, su geografía sensible, un mundo en el que siempre esté guarecido y pueda encontrase mejor consigo mismo, caminando  junto a ellos; son sus santos, son sus dioses.
 
Cada uno de estos personajes son, además y sobre todo, parte fundamental de la cultura del siglo XX,  una comunidad central en la lucha por los derechos humanos, por eso prefiero no señalar ningún defecto a este libro, considero  tiene que correr de mano en mano sin mácula alguna, sin señalamientos por lo menos en el presente, puesto que este libro a diferencia del resto de los libros tiene que caminar hacia atrás para restaurar el rostro desfigurado de la historia de los homosexuales en Cuba, interconectarse con el presente y en la medida que esa interconexión sea sabia, construirá un posible futuro - quizás ya lo este construyendo - completando las historias que han sido silenciadas. En ese camino hacia adelante es posible que se encuentre con sus críticos, pero esto es claro, primero que nada es un libro que camina para atrás hacia la reconstrucción fundacional de un pasado homosexual donde el futuro se mire a sí mismo.
 
Sin más, Norge Espinosa ha escrito un libro donde acercándose de la manera más hermosa  a un grupo de vidas, narra la historia trunca, incompleta, del sujeto homosexual cubano. Historias que serán sumamente útiles  no solo para el sentido de la vida de los homosexuales de la isla sino para una comprensión total de la nación como estructura social, económica, cultural, pero sobre todo, atravesada por el deseo.
 
*A propósito del Libro CUERPOS DE UN DESEO DIFERENTE. Autor: Norge Espinosa Mendoza. Edición: Laura Ruiz Montes. Diseño: Johann E. Trujillo. Ediciones Matanzas 2012. 

Por: Derbis Domínguez