Racso Péreza Sor Juana Inés,
después de una lectura profana

Despierto el cúmulo de siglos
que me resta para alcanzar tu ánimo
y emborrono páginas como aperos del náufrago
para islas de tu cuerpo.
Sor-presa por su gracia ponderada
ensortija sueños de épocas que escrutan el olvido
y emprende desahogos
al extremo de confiscarme el sobresalto.
Tan cerca en el deseo
no puede haber nada en el itinerario
que las piedras
y las galerías separen de estos ojos.
Tu angustia me convida  a desafiar el silogismo del trance
hacerme polvo        sombra           nada
hasta conseguir tu entendimiento
acaso un pujo de vanidad o la vanidad de un impulso
a tu alma ardiendo en una celda
tras la fuerza de un deseo imponderable.

Y no desdeñes mi candor      nada       
porque mortal  escucho impávido tu grito.
Sé que pretendo descubrirte en el primer encuentro
delirio al amparo de las pupilas.
Pendiente de 1669 infiero que en san Jerónimo escudriñas
el aliento que os falta.
Te nombro Sor
me refugio debajo de tus sábanas
rumoro al éter que me vengo hasta tu aposento
aparto las orillas de la hendidura
y procuro desbordarme en las maderas
que añejan nuestras culpas.
Te presumo cerca
palpo con mi sudor tu angustia
me descubro impoluto hasta tenerte
más allá del susurro cortesano
                       de un llanto que me exorciza.
Pero soy apenas un hombre violando sus fronteras
y la historia en que existe
presto a la ensoñación filosófica de penetrar lo oculto de tus secretos
las dolencias que padeces
tu dulce tormento apetecido
aún en el caos sediento y sus rigores.
Tu súplica enerva mi estado
cubro tus ojos con un verso inesperado
y en él desaguo la pulcritud.
Abrazas el costal de tus ansias
pegada al muro sientes alivio
con mi aprehensión al gozo
fundas una risa
sentencias a Dios severamente:
Sí gozos que son del alma.
Es mío este daño      mi pena es tu cuerpo.
Desarropas en jirones tu pavor
por algún consuelo abres pronta
en tu sonrisa iluminas infinitud
con las manos llenas de destrezas para el centro de mis cuidados.
Regálame tu sombra
de aullar fragmentado prefiero el estigma de la historia.
Ignoto traigo un vigía sigiloso en la mirada
                          para arrancarle sus lagunas al pecado.
Despedázame en el pozo de ti
deja correr el tiempo
que en esta fábula no falte una sola tajada
para prestidigitadores del pan nuestro.
El que he roto
déjalo a la vera del deseo
el trigo        el agua      el milagro
admítelo en el susurro del olvido o en el verso que te encajo.
Me ciño a tu desarrope como quien padece de mentiras
mentiras viscerales          arcanas
cicatriz de las ofrendas
al cielo        sueño        semen.
Nací para acercarme a tu marea      sin linaje
y por callar las metáforas
cité a los ángeles a tu aposento con la pena de cerrar la puerta
tras mi espalda alevosa y el goce de dejar como linde
la rendija cercana a tu piel.
Serás una ilusión donde se abracen toda tu música
los arcángeles        el futuro licencioso
y el péndulo de nuestra edad.
Pródigos            dudosamente vivos
defenderás la ferocidad del requiebro
con la humedad sacramental
con la ficción lisonjera del llanto
con el error de publicar la razón: tu olor a mujer.
Perdidos en mudo y profano roce
sumaremos una despedida a la cruz
que otros arranquen los clavos
lo de nosotros es equivocarnos
abandonarnos delante de las pestañas
                              de quienes se masturban
y miseria tras miseria
preñan las estrellas deshojadas
vistiendo la intemperie
de pasado-presente-futuro                 qué más da.
¿Qué más da para el grito y la excomunión
si nos enjuician?
-Ya sé         amanece.
Abro mi libro de ti
camino cuánto del tiempo alado
tras el impulso onírico de poseerte
página por página
cómplice con la distancia y la memoria
inflexible y terco
desnudo al donaire.
Mi ánimo insular
va tras el rastro sutil del aliento de tus oficios
y esa manía posesa de exhumar tus deseos
advenimiento en el cuerpo de la fe
germinada en cada piedra de tu claustro.
¿Y los arcángeles Juana no le sobreviven al  gemido de tus vapores?
¿Y tu voz insondable?
Ese dique que anega
esta sed mía de atravesar siglos y balaustradas
¿Sabe que Dios me apodera para desposar tus pecados?
Entreveo tu celda     el postigo     la aldaba
que me separan  y ese chorro de luna que fija tu sombra
a la textura de la pared  de una habitación
donde me arrodillo penitente
por el murmullo inveterado de tu lectura
y un tiempo que me  traslada ahíto de éxtasis y nacimientos.
Pero esto es solo un poema con escisiones temporales
pequeñas angustias
irrumpiendo en la memoria y sus privaciones.
Entonces invento sujetos     alter ego
humedades reconciliadas     
guijarros  que lanzo
para que me escuches en la incurable vanidad
de ver filtrarse el pasado
por la resignación de estos versos
simples letras disfrazadas 
distanciadas   disculpadas con la historia.
Cuántas veces quebraría el tiempo
su inasible sustancia
y el sonido de tu respiración a mi envés.
Todo por saber las cosas tuyas que sabe Dios.
Luz que llevas dentro amor y discreción
tus versos matan de suerte el sentido de mi caletre
entonces quiero ser polen en el alma ofendida
en tu duda concebir mi  intrepidez
mi delito sin disculpa
para que me escuche tu estimación
y en tu pena mi loco intento se haga rumor.
Inundación castálidas
llévame a penetrar las verjas de su albedrío
los muros de sus impedimentos
y pon el cansado gemir de ausente
en la realidad que toca mi libro de ti.
Plétora es esta ansiedad
de cautivar tus sensaciones
y estás ahí con un silencio
que ilumina el indicio lunar
los límites de la luz y el légamo.
Mirándome cómo escribo
estos atrevimientos con fluidez seminal
el tráfago de mi pasión    sus lances a riesgo
contra los agravios a tu lucidez.
En rendir mi desdicha por conocerte
van mis sombras a tus luces
ecuánime lugar donde caeré en el próximo verso.
Para entonces ¿Qué importa cegar o ver?


Racso Morejón Pérez