Museo de Arte de MatanzasI
 
El Museo de Arte de Matanzas, atesora significativas colecciones de objetos de arte que le han permitido acometer la misión de rescate, salvaguarda, investigación, exposición y conservación de los bienes patrimoniales.
 
Sus fondos se conforman por un total de 2 465 piezas, entre pinturas, dibujos, grabados, carteles, esculturas, fotografías, objetos decorativos, muebles y arte tradicional africano; adquiridas mediante transferencias del Museo Provincial “Palacio de Junco” y del Registro Provincial de Bienes Culturales, por compras realizadas a personalidades, artistas, y por el concepto de donación. Es de destacar, la labor coleccionista del artista Lorenzo Padilla Díaz (Matanzas, 1931), quien ha preferido acopiar obras de arte no en función de fundar un patrimonio familiar e individual, sino destinadas a crear fondos para una institución estatal con la finalidad de fomentar el disfrute colectivo para una comunidad, una ciudad y, por supuesto para una nación.
 
 
Tal sensibilidad ante el arte, le llega a este hombre, de su formación como artista, graduado como profesor de Dibujo y Pintura en la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Matanzas, en 1957.Continua profundizando sus conocimientos sobre el arte universalcuandoobtiene una beca en el Museo del Prado, Madrid, lo que le permite seguir. Desde España viaja a París, donde se queda deslumbrado por el ambiente creativo de Montmartre y se establece, desde 1961 hasta la fecha. Su fascinación ante las principales obras que han marcado hito en la historia del arte de todos los tiempos, le incentiva aunar piezas para la  creación de un Museo de Arte en Matanzas, posibilitando al público de su ciudad natal el contacto visual con los grandes maestros de la historia del arte y con una cultura tan cercana a la nuestra, como la de los pueblos africanos. Los donativos de Lorenzo Padilla superan las ochocientas piezas y se significan por su heterogeneidad y valor cualitativo. Su mecenazgo ha tributado, sobremanera, al patrimonio cultural del país, el cual se constata cuando se visita el Museo de Arte de Matanzas.
 
II
 
La casona donde se establece el Museo, data del Siglo XIX; su primer fechado de construcción, según documentación de la época se remonta a 1856[1], enumerado con No. 36, actualmente el 28 007. Es el reflejo de un estilo ecléctico muy diseminado y acentuado en la arquitectura doméstica matancera. Como toda edificación de su tipo ha sido testigo de los afanes aristocráticos de su burguesía colonial, de las frustraciones y contradicciones de las familias republicanas.
 
Su primer propietario fue el Lic. Carlos Ortiz Hernández (1820-1889), abogado de origen bayamés que fungía como asesor titular de los Juzgados de Artillería e Ingeniería de la ciudad. Poseía varias propiedades de inmuebles en la zona urbana y algunos terrenos por la zona de Pedro Betancourt. Fue una prestigiosa personalidad que integraba la Junta Local de Instrucción Pública y tuvo participación, junto a muchos hombres de negocios, en la organización de la Exposición Universal de Matanzas 1881.
 
Ortiz Hernández contrae nupcias con la Sra. Ángela Coffigny Fleming (1821-1888), señora reconocida en la ciudad por sus labores sociales y por su contribución junto a otras damas, en la creación de la Sociedad de Beneficencia y Maternidad para las mujeres matanceras.
 
Entre los años 1861-1862, la cuñada de Ortiz Hernández, Verónica Coffigny Fleming, adquiere este inmueble y lo inscribe a su nombre. Se desconocen las razones de tales prerrogativas, pues ella en ese tiempo residía en París y, el matrimonio Ortiz Coffigny siempre vivió en esta casa. La sociedad matancera no recuerda, quizá, a esta familia por su acaudalada fortuna o sus gustos refinados, sino por el rapto de su hija Avelina de 27 años de edad, en diciembre de 1859; inusitado escándalo social y periodístico que fue inspiración para poetas y cantores[2].
 
Al morir el letrado Ortiz Hernández en 1889, esta vivienda se convierte en gabinete de uno de sus siete hijos, el Dr. Julio Ortiz Coffigny (1855-1930) quien pasa a ser su propietario. Graduado de médico y cirujano en las facultades de medicina de París y Madrid; ejerció la especialidad de ginecología y fue director del Hospital Civil Provincial de Matanzas desde 1899 hasta 1929. Desarrolló también una labor pedagógica como profesor de la primera Escuela de Enfermería en la ciudad (1900) e integró la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Además asistió como delegado al I Congreso Médico del país.
 
Durante los años de preparación de la Guerra de 1895, el Dr. Ortiz Coffigny, tuvo participación real dentro de la Junta Revolucionaria de Matanzas, fue objeto de persecución por parte de las autoridades españolas y contribuyó con el apoyo material de la contienda.
 
Dentro de la historia de esta vivienda, se destaca que cumplió función diplomática en 1895, cuando se establece el Consulado de los Estados Unidos de Norteamérica, representado por el Sr. A.C.Brice, conjuntamente con el gabinete-vivienda del Dr. Coffigny. No se conoce porque fue escogido este lugar para estos desempeños y la repercusión que alcanza.
 
La familia Ortiz-Coffigny tuvo otros hijos que al igual que Julio fueron personalidades de la Ciudad[3].
 
En 1949, la propiedad de esta vivienda se transfiere por herencia testificada a la esposa de Julio Ortiz, María Teresa Pérez Córdoba y sus descendientes. Uno de sus hijos, Fabio Ortiz Pérez, establece también su bufete como abogado, ratificando con ello el prestigio profesional que había heredado de sus tíos. Fabio, se desempeñó como Juez Municipal y fue miembro del Liceo Matancero.
 
La historia de esta residencia tiene en la familia Sánchez–Junco, sus penúltimos propietarios. En junio de 1950 Concepción Junco Bruzón (1895-1971), adquiere en acto de compra el inmueble a los hermanos Ortiz-Pérez. Esta señora era descendiente de una prestigiosa y ponderada familia matancera. Su padre, Agustín Junco Folch era hijo de Francisco Junco Morejón, uno de los siete herederos del Sr. Vicente Junco Sardiñas, a quien conocemos como propietarios del palacete que hoy ocupa el Museo Provincial de la ciudad.
 
El esposo de Concepción, Eduardo Miguel Sánchez de la Nuez, también dejó su huella en la historia de esta casona. Había nacido en 1891 y desde muy joven se dedicó a estudiar especialmente los asuntos comerciales. Fue graduado de contador en el Eastman College de los Estados Unidos y con estos conocimientos llegó a ser Presidente de la Cámara de Comercio en Matanzas desde 1938 hasta después de 1942. Ocupó cargos de Presidente, Vice y Vocal dentro de la directiva del Liceo. Fue Delegado Patronal y Secretario de la Caja de Maternidad Obrera. Delegado de la Corporación Nacional del Turismo en la ciudad y tuvo como ocupación básica ser consignatario de Empresas Navieras nacionales y extranjeras.
 
Partiendo de estas relaciones con el puerto, el Sr Sánchez de la Nuez convierte a Contreras No. 36, por segunda vez, en otra sede diplomática. Es nombrado Vice–Cónsul de Dinamarca y a su efecto es reconocido como tal. Cuenta un vecino como a finales de la década de 1950, se observaba el asta con la bandera danesa en la azotea de la vivienda y una placa con simbología y texto que ratificaban estas funciones consulares[4].
 
A partir de junio 1986, figura como única propietaria, una de las hijas del matrimonio Sánchez-Junco, María de la Concepción, pues su otra hermana se había radicado desde 1967 en Costa Rica. Concepción estudió Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, y laboró muchos años en el departamento de arte de la Biblioteca Provincial “Gener y del Monte”. En los inicios de la década de los noventas, salió a residir permanentemente en el exterior.
 
La huella de estas familias y su historia continúa con la fundación del Museo de Arte de Matanzas, en 1998, el cual se mantiene ofreciendo servicios a la comunidad hasta la fecha[5]
 
III
 
El recorrido del Museo Museo de Arte de Matanzascomienza por el zaguán que da recibimiento al visitante; este se ambienta con obras y objetos que forman parte de los fondos del Museo, artes decorativas principalmente. A continuación se pasa hacia la saleta, destinada a la realización de las Exposiciones Transitorias.
 
Se cuenta con tres salas para las Exposiciones Permanentes, situadas en el lateral derecho, según su distribución, en forma de L; además de un patio central donde se emplazan obras escultóricas y se ejecutan las actividades de la institución, como parte de un diverso programa de animación que propone opciones de recreación al público, mediante peñas literarias, espectáculos danzarios, conciertos que complementan los servicios propios de la institución: visitas dirigidas y especializadas, conferencias, cursos y servicios de información y documentación.  La visita concluye en la azotea, ofreciendo una vista panorámica de importantes edificaciones de la ciudad, de las barriadas de Versalles y Matanzas: como el Hospital “Santa Isabel”, hoy Hospital Provincial Clínico-Quirúrgico Docente “José Ramón López Tabranes”; Iglesia de San Pedro; el Cuartel convertido en Escuela “Mártires del Goicuría”; Seminario Evangélico de Teología de Matanzas; Ermita de Monserrat; Puente de Hierro; Puente de la Concordia, nombrado en la República “General Lacret Marlot”; entre otras; y de accidentes geográficos como el Valle Yumurí y parte de la Bahía de Matanzas.
 
 
Sala II. Arte Tradicional Africano
 
Arte tradicional africano. Museo de Matanzas
 
El Museo de Arte posee una de las colecciones de arte tradicional africano más significativas de Cuba, pues atesora numerosos exponentes de casi todas las etnias de África Subsahariana. Destacan por su antigüedad y número, alrededor de 350 ejemplares. Por ser reservorio de identidad y cultura, la colección reviste vital importancia para la salvaguarda de los valores artísticos- patrimoniales del país.
 
El arte tradicional de esta región, y la del resto del continente, constituyen un trascendental documento histórico que valida el desarrollo, evolución, y en algunos casos, la desarticulación cultural de etnias e imperios que han construido a través de su producción artística, la historia de sus civilizaciones. En su conjunto, conforman un fenómeno cuya intencionalidad está más alineada en la esfera de lo pragmático que en la de lo meramente hedonista, precisamente porque su función se enfoca más hacia lo propiciatorio que a lo contemplativo. Este arte, confeccionados por artesanos anónimos, responde a una cosmogonía en la que los antepasados y las fuerzas naturales toman un lugar preponderante en los más prístinos ritos de estas regiones.
 
Es conocido que el arte tradicional africano, en sentido general, ha asumido una posición más simbólica que figurativa, sus obras caracterizadas por líneas firmes y sintéticas que devienen en un trabajo factual donde el resultado, más que una iconografía de intenciones estetizantes, es la representación de su cosmovisión, cotidianidad y fe.
 
La muestra de Arte tradicional Africano expone en una sala con dos secciones, 133 piezas de 110 etnias y 16 países correspondientemente. Destacan esculturas, estatuillas, máscaras, textiles y objetos utilitarios confeccionados con diferentes materiales como la madera, metal, cerámica y el uso de pigmentos, cauris, cuentas, cuero, telas y rafia.
 
Su discurso explicativo se hará lógico y surtirá efecto a partir de su caracterización morfo-conceptual, asumiendo de esta forma, una nueva disposición para ser exhibida en un Museo. Pierde, en este sentido, la función litúrgica o religiosa para la que fue construida en primera instancia; aunque resulta importante tenerla en cuenta en aras de validar su sentido primario, el elemento cultural.    
 
Las piezas, objetos de esta exposición, trascienden desde su propia visualidad, pero se hacen más representativas al apreciarlas en la museografía concebida, donde destacan dos estructuras con un diseño en forma de altar y otra de forma escalonada. Igualmente, posibilita el contraste entre manifestaciones, temáticas, estilos, dimensiones, texturas y materiales empleados, para un mayor entendimiento acerca de la diversidad y complejidad creativa de esta área del continente.
 
Sobresalen obras que por su temática e importancia cultural conforman un espacio cimero dentro de la representación formal del montaje. El asunto de la fertilidad, se puede apreciar coherentemente en algunos de estos ejemplares: puerta de granero Dogon de Mali; máscaras Gelede del altar Epa con sus figuraciones humanas de rasgos  arquitectónicos; las Tyi-wara con un curioso diseño donde se sintetizan formas de un modelo real como es el caso del antílope, así como también, máscaras de sociedades secretas que se encuentran ubicadas muy a tono con la disposición del espacio museográfico. Esculturas que se distinguen por su funcionalidad ritual: guardián de relicario Kota de Gabón, un conjunto de figuras de la etnia Tikar de Camerún y un tambor Ashanti de Ghana, así como las estatuillas ibejis características de los Yoruba de Nigeria. Los textiles mostrados ameritan ser comentados no solo por su importancia dentro de la confección textil cortesana de los Ashanti de Ghana, los Kuba del Congo o los Bambara de Mali, sino también por los excelentes detalles ejecutados a las telas donde quedan adheridos complejos sistemas gráficos o caracteres simbólicos que ejemplifican la impronta cultural de estos reinos.
 
El atractivo visual  del conjunto de máscaras de diferentes etnias, trasmiten la objetividad espiritual, factual y elegancia que caracteriza al arte tradicional africano. Entre ellas se distinguen las máscaras Kanaga de los Dogon de Mali, las Toussian y las Bobo de Burkina Faso, una máscara Batchan de los Bamileke, una máscara Nimba-Baga de Guinea Bissau y una máscara Teke del Congo, conformada por un diseño de admirable síntesis plástica.
 
Se reconocen además, las milenarias terracotas de la cultura Nok (Siglo V a.n.e) y Sokoto de Nigeria y la Sao de Camerún. También aparecen colocadas algunas de las piezas de metal más significativas de la colección, entre ellas, una cabeza de bronce Ifé (soberano oni) de Nigeria, y un busto y placas de Benin. Resulta esencial mencionar el aporte de la técnica de la cera perdida ejercitada por los artesanos tradicionales para la confección de dichas obras.               
 
En su nuevo emplazamiento fuera del contexto originario, las llamadas muñecas de la fertilidad Nanji de Nigeria y Camerún, y las Akuaba de Ghana son confeccionadas como amuletos que llevan consigo las niñas y mujeres en gestación como preparación para su futuro embarazo, ofrecen al visitante una interesante información visual donde se evidencia un relevante resultado plástico.
 
En sentido general esta sala asume la representación de un centenar de piezas que cuentan parte de la historia del África Subsahariana. Sus fundamentos artísticos, junto con la tradición oral contribuyen a rescatar del olvido, la memoria de estos pueblos y regiones que dieron vidas a muchos de nuestros antepasados.  
  
Sala III. Sala-comedor de las familias cubanas de la clase media de principios del Siglo XX.
 
Sala-comedor de las familias cubanas de la clase media de principios del Siglo XX.Con esta sala se pretende la recreación de una sala-comedor ambientada, representativa de las familias de la clase media cubanas de principios del siglo XX, exponiendo el predominio de elementos eclécticos en su decoración; contextualizando muebles y objetos decorativos que se situaban en estos espacios, y utensilios empleados en las comidas, según costumbres de la época.
 
Se encuentran reconocidas marcas de fabricación a nivel internacional, con el destaque de piezas con la inscripción de importantes establecimientos comerciales y hoteles de la ciudad, como el servicio de té de porcelana Bavaria, perteneciente a La Giralda, Matanzas, así como el frutero de mesa marca Pickman de Sevilla, propiedad del Hotel León de Oro.
 
Decorando las paredes se sitúan conjuntos de platos de diferentes marcas, amplitud y decoración (flora, fauna, retratos) rememorando las costumbres de la burguesía criolla, que los conservaban como obsequio de la familia anfitriona de cada cena asistida y como representación del gusto coleccionista de las familias cubanas. Entre los fabricantes encontramos manufacturas de China, Francia, Inglaterra, Austria, EE.UU y Alemania, entre los que figuran una reproducción de un retrato del pintor Hermenz Van Ryn Rembrandt y del presidente de los Estados Unidos, George Washington.
 
La mayor parte de los fondos de la institución permanecen en depósito, a consecuencia de la limitación espacial; sin embargo, el visitante, a través de las exposiciones permanentes podrá validar la significación de lo que se atesora en nuestras salas.
 
Patio de las Esculturas
 
El patio se integra al conjunto espacial del inmueble, en la contribución de la proyección expositiva de sus colecciones. En esta ocasión, el emplazamiento de esculturas en este espacio interior, implica el establecer y complementar relaciones visuales entre las obras y el área expositiva. Se ubican las piezas de tres artistas que representan momentos puntuales en el desarrollo de esta manifestación en la historia de las artes plásticas de la ciudad: José Felipe Núñez Booth y Juan Esnard Heindrich (de los años cuarentas y cincuentas del siglo XX) y Eulises Niebla Pérez (desde finales de los años ochentas hasta la actualidad).
 
El patio, el cual pretendemos se siga incrementando con obras de estos y otros artistas significativos de esta manifestación, valida una de nuestras prioridades, en pos de mostrar la evolución y desarrollo de la escultura en Matanzas.  

 
Por: Yoan Alvarez Pérez y Yamila Gordillo Rodríguez
Especialistas Museo de Arte de Matanzas
 

 


[1]Según la investigación de Deykis García Mesa, ese fechado pertenece a las fuentes documentales existentes en Matanzas; la historia anterior de construcción de la edificación, presumiblemente, debe conservarse en los Fondos del Archivo Nacional de Cuba.
[2]Ver Deykis García Mesa y Yaquelín Duarte Marcos. Catálogo Museo de Arte. Matanzas, Cuba. Impreso por el Centro de Promoción y Publicidad Cultural. Matanzas. Junio 1998. p.3. Las autoras refieren respecto a este hecho la consulta del libro Aquellos Tiempos… memoria de Lola María, Habana: Imprenta y Papelería “El Universo”, 1928: Tomo II, p. 6-15 y La Aurora del Yumurí, año 32, no 132. Matanzas, 30 de diciembre de 1859. p.2 y la emisión del 20 de julio de 1860. p.2.
 
[3]Carlos Eugenio de profesión abogado, ocupó en algún momento la Presidencia de la Junta Autonomista en Matanzas (1886), poseía la propiedad del ingenio “San Carlos” y algunas acciones de la Compañía del Ferrocarril de Sabanilla-Matanzas. Ocupó algunos cargos en la directiva del Liceo. A partir de 1895 se traslada para La Habana y allí en 1912 es Magistrado del Tribunal Supremo. Otro hermano, Alberto, estudió abogacía y se desempeñó como asesor legal de la Casa de Beneficencia de la ciudad (1879), fue representante de la causa cubana en el Partido Autonomista en las Cortes Españolas y tuvo a su cargo la fundación y dirección del periódico El Diario de Matanzas. Durante la década de 1910 se establece en Camaguey y llegó a ocupar cargo como magistrado en su audiencia. Octavio (médico-cirujano) fue otro de los hijos de Ortiz-Coffigny, así como Amelia, Elvira, Eloísa y María del Pilar. Esta última estuvo casada con el intelectual y periodista Idelfonso Estrada y Zenea. Ver: Árbol genealógico de la Familia Ortiz-Coffigny, elaborado por Lic. Deykis García Mesa. Apud: Archivo Catedral de Matanzas, Cementerio San Carlos y Registro Civil.
 
[4]Ver Echemendía Hernández Diego. Entrevista realizada por Deykis García Mesa. Matanzas, 3 de marzo de 1998.
[5]Esta información sobre la historia de la casa fue resumida y reelaborada del trabajo realizado por la Lic. Yaquelín Duarte Marcos y Lic. Deykis García Mesa. Ver Museo de Arte. Matanzas, Cuba. Junio, 1998, Impreso por el Centro de Promoción y Publicidad Cultural. Matanzas. Junio 1998.