El remoto país imposible. Damaris CalderónDesde que leí por primera vez la poesía de Damaris Calderón,hace casi dos décadas, me inquietó su discurso desgarrador,su capacidad de abrir los paisajes interiores y exteriores, entrar en ellos y escribir solo aquello que es digno de ser leído. Siempre he tenido la impresión que el acto de escribir, para ella,significa evitar una crisis, expresar alivio,venganza o un hecho sublime.
 
Esta autora posee el arte de decir y no decir el corazón del poema,y sus poemas no permanecen quietos en los símbolos ni en las traducciones de los más agudos signos de la realidad. Para dejarte atravesar el corazón por el corazón del poema, es necesario conmoverse libremente sin que los ritmos del adentro y del afuera interfieran en nuestras representaciones mentales.
 
El remoto país imposible(Ediciones Matanzas, 2012)puede cortarle el aliento a cualquier receptor por la severidad con que se narra la realidad de un sujeto acostumbrado a mutarse y a sobrevivir en situaciones extremas: “Larva hombre mujer/barrida por el viento sur/va la muerte portando su fanal”,[1] y en el mismo texto,la poeta añade:“El cuerpo/una mortaja, crisálida, de bien morir”, pues con un trazo epigramáticonos expresa la significación última de un cuerpo que camina constantemente hacia la destrucción, sin dejar de revelar su profundo mundo interior.El génesis o un primer estado del insecto-hombre-mujer, al salir de sí mismos y enfrentarse al horrormitológico y perpetuo, forma parte de la autotextualidad de la autora, que vuelve sobre algunas imágenes de poemas anteriores para dotarlas de una nueva interpretación.En el texto “Gerard Gericault”,[2]perteneciente al libro Parloteo de sombra, dice: “Caravaggio/Un monstruo que será una balsa/ que será un manojo de larvas de hombres”.


En el siguiente ejemplo se aprecia una singular plenitud estilística y cómo el sujeto dominante cuestiona su pertenencia o no a su lugar de origen: “Cuando volé/me dije:/Me voy de acá/de este lugar. Soy mejor que todos ellos./Soy libre”, aunque lo que más sorprende en esta pieza es su cierre: “Borís, se murió Rilke./No existe más/Ese lugar”./—Tsviétaieva.”[3] Para la poeta, el vacío no solo es solo referido a la patriasino que con la muerte de grandes íconos de la literatura, también desaparece el espacio que ellos ocupaban como seres pensantes ycomo universos en expansión. Mediante el uso de palabras duras su desamparo se hace recurrente y explícitoen todo el poemario. En el texto “trabajos /días /trabajos”[4]expresa: Yo no tengo/ni tierra ni heredad/yo no tengo/tierra donde caerme muerta.

El diálogo intertextual se establece con Joseph Brodsky, Anna Ajmátova, Emily Dickinson y La Biblia, sin abandonar la crudeza del discurso donde es posible reencontrar cadáveres, fosas, abismos, infiernos, crematorios y otros leifmotiv de su póetica.En varios textos de El remoto país imposible se revisitan temas abordados en cuadernos anteriorescomo son la muerte física o de los objetos que no siempre son percibidos como una parte del espacio, sino en su continuidad,y la añoranza por la patria. La muerte es tratada con naturalidad, sin melodramatismos ni caídas expresivas que puedan quebrantar la firmeza de un discurso de alta elaboración poética.
 
Cuba, su país, es una obsesión gráfica en todo el libro y su lejanía física hace que reconstruya y deconstruya la Historia, ya sea mirando cómo rueda la cabeza de Lenin en el desierto de África en las estepas de Moscúo dejando que nos droguen con crack sin que lo sepamos, creyendo que vamos a alguna partey no hay hacia dónde irfuera de uno mismo.
 
Damaris Calderón ha construido un lenguaje resistente y, a través de su agudo espíritu lírico, continúa llenando espacios vacíos con una segunda naturaleza, restos yelementos cartográficos de varios escenarios, donde el hombre y el animal se devoran entre sí sin que el dolor sea intraducible o escribibleen un interior de acentuada intensidad emocional. “Una poesía verdadera” es la que escribe Damaris Calderón, aseveró José Kozer. El remoto país imposible, una vez más, reafirma cómo la poesía escapa siempre de cada poema, ratificando a su autora como una de las más grandes poetas cubanas contemporáneas.
 


[1] Damaris Calderón: “La soñante”, Ob.cit., pp-11-12.
[2] Damaris Calderón:“Gerard Gericault”, en Parloteo de sombra, Ediciones Vigía, 2004, p.75.
[3]Damaris Calderón: “El país”, Ob.cit., pp.13-14.
[4]Ibídem, pp.20-21.

 


Por: Leymen Pérez